Leandro Fernández de Moratín - VIAJE A ITALIA

Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760 - París, 1828) fue un significado poeta y dramaturgo español. 
Hijo de Nicolás Fernández de Moratín, estudió en los jesuitas de Calatayud y fue alumno de la Universidad de Valladolid. Se dio a conocer como poeta con el romance heroico en endecasílabos La toma de Granada, premiado por la Real Academia Española en 1779. En 1782 volvió a ser premiado por Lección poética, sátira contra los vicios introducidos en la poesía española, escrito en tercetos y que le sirvió para atacar al teatro barroco.
Obtuvo el puesto de secretario del conde de Cabarrús en 1787, lo cual le permitió visitar varios países europeos, entre ellos Francia y el Reino Unido.
Amigo de Jovellanos y protegido de Godoy, logró sus mejores éxitos en el campo teatral. Intentó introducir en España los moldes del teatro neoclásico francés, es decir, las tres unidades de tiempo, lugar y acción, y la finalidad moralizante, aunque no llegaron a calar entre el público. Su primera comedia fue El viejo y la niña (1790), que pasó sin pena ni gloria, aunque ésta le llegaría tan sólo dos años más tarde con La comedia nueva o el café. Después de su éxito, emprendió un nuevo viaje por Europa (1792), decisivo en su experiencia personal y artística.
En París tuvo ocasión de vivir trascendentales sucesos revolucionarios que le conmovieron, y en el Reino Unido entró en contacto con la obra de Shakespeare, autor que por entonces era prácticamente desconocido en España. Luego continuó viaje por los Países Bajos, Alemania, Suiza e Italia, desde donde regresó a España a finales de 1796. En 1878 tradujo Hamlet, la primera versión española directa del inglés.
De los primeros años del siglo XIX, datan sus mejores comedias, escritas con un perfecto dominio del castellano, y en las que critica las costumbres de la época y la hipocresía social: El barón, La mojigata y El sí de las niñas. Esta última es considerada como su mejor obra y el mejor logro español dentro de la corriente de comedia de salón dieciochesca, que arranca de Molière y culmina en Goldoni.
Nombrado secretario de la Interpretación de Lenguas y miembro de la Junta de Teatros, abandonó sus cargos cuando se produjo el levantamiento popular de 1808 contra la invasión napoleónica. Más tarde, en 1811, José Bonaparte lo nombró bibliotecario mayor. Como la mayoría de afrancesados, abandonó la capital a raíz de la retirada de las tropas francesas, para dirigirse a Valencia y luego a Barcelona.
No obstante la ausencia de cargos contra él, en 1818 decidió dejar España y pasar a Francia, cuya cultura admiraba profundamente. En Burdeos conoció al ya anciano y amargado Goya, quien hizo de él un magnífico retrato que se conserva en la Academia de San Fernando, en Madrid. La muerte le sorprendió en París, donde se había radicado.
En 1825 se editaron en esta ciudad sus Obras dramáticas y líricas y, póstumamente, su ensayo Orígenes del teatro español, en el que indaga en la evolución del teatro en España, y su epistolario. Sus Diarios hubieron de esperar casi siglo y medio a ser publicados, pues no vieron la luz hasta 1968.

En su Viaje a Italia, Moratín se presenta como un viajero culto, conocedor de las situaciones polticas y sociales de los territorios que recorre. Cabe añadir que el viaje era entonces una práctica formativa y que la escritura de las impresiones vividas durante el mismo empezaba a formar parte de un gnero literario de primera importancia.
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Nicolás Estévanez - FRAGMENTOS DE MIS MEMORIAS

Nicolás Estévanez, antes de caer en un olvido casi absoluto, fue una figura rodeada por el halo de la constancia política y la conspiración. Ministro de la Primera República, exiliado en París por la Restauración, representaba algo así como la integridad personal y el cumplimiento de lo jurado. Baroja nos ha dejado su estampa de hombre «simpático y alegre, un poco terco y arbitrario», recorriendo nostálgico el parisiense barrio latino, encerrando en su imagen de militar francés del Segundo Imperio un ibérico recalcitrante.
Se explica la admiración de Baroja por el personaje. Fue un hombre de acción, un hombre que atravesó todo un siglo de luchas, políticas enconadas y de rasgos de impulsivo romanticismo.

En los Fragmentos de mis memorias (Recuerdos de los años 1838-1878), Estévanez repasa su infancia, los primeros años de vida militar, la africana guerra del 60, otra guerra colonial en Santo Domingo, los primeros compromisos conspirativos que conducen a la septembrina, siendo los recuerdos de los días inmediatos a ésta los de mayor atractivo de todo el libro. Asistimos con ellos a la dinámica política que se deshizo con el asesinato de Prim, que desbarató los planes republicanos. Estévanez abandona la milicia al no poder soportar las contradicciones que luchaban en él: la idea de patria, tal como la entendían las fuerzas monárquicas y gubernamentales, y lo que él sentía como Humanidad. El hecho que le hizo saltar fue el famoso fusilamiento de estudiantes en La Habana en 1871.
Llega la República y, con ella nuevas turbulencias. Estévanez llega a ser ministro de la guerra de la República, por antonomasia, como si no hubiera habido otros cinco y él sólo ocupase el cargo dieciocho días. De tal modo le mitificó la opinión popular. El general Pavía acaba con la inestable República, disolviendo el Congreso y facilitando los planes de Cánovas, que son precipitados por la proclamación de Sagunto.
Estévanez inicia su prolongado exilio. Lástima que quedaran truncadas sus memorias al llegar a este punto. Nunca se publicó el ofrecido segundo tomo de sus recuerdos.
Las páginas de Estévanez se salvan por su gusto de la anécdota. Ve a los personajes desde un nivel prosaico, sin mitificar. Incluye coplas satíricas o festivas, con lo que contribuye a preservar el testimonio de esa vida cotidiana -y de un pensamiento- que llenó más de medio siglo de vida española. Pero también pueden sacarse conclusiones más profundas y sus palabras nos ayudan al entendimiento del complicado siglo de no interrumpida contienda entre las dos Españas.

JORGE CAMPOS 18/08/1976 para EL PAÍS

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Francisco Martínez de la Rosa - BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA POLÍTICA DE ESPAÑA. Desde los tiempos de los Reyes Católicos hasta nuestros días.

Hace algunos años emprendí la composicion de esta obra, de cuya continuacion me alejaron otras ocupaciones y tareas, en tales términos, que ni estaba seguro de su paradero. La casualidad de haberme encargado la Real Academia de la Historia pronunciar el discurso con que acostumbra esta ilustrada corporacion celebrar en sesion publica el aniversario de su creacion por el Sr. D. Felipe V, me sugirió el pensamiento de aprovechar con tal objeto mi olvidado manuscrito, que encontré por fortuna, y que apenas llegaba hasta fines del siglo XVII.
Parecióme, pues, que, comprendiendo meramente á la dinastía austríaca, podria formarse un cuadro completo, fácil de segregarse del conjunto; y asi salió á luz en aquella ocasion solemne. La favorable acogida que en el público encontró aquel ensayo me estimuló á proseguir mi obra hasta terminarla.
Examinar la política de España desde que ocupó el trono la augusta casa de Borbon ofrecia mas vivo interés que tratar del mismo asunto bajo la dinastía austriaca: una era, por decirlo así, la historia antigua; otra la moderna. Desde el advenimiento de Felipe V cambia completamente la situacion política de España respecto de las demás naciones; cesa la especie de aislamiento en que se habia procurado mantenerla; adelanta en la carrera de la civilizacion y cultura, y como que se columbran los prósperos reinados de Fernando VI y Carlos III.

Aun cuando el principal objeto de esta obra sea la política de España respecto de las demás potencias, no era fácil, ni quizá posible, apartar la vista de su régimen interno, poniendo como un muro de separacion entre un terreno y otro. Antes bien, recorriendo el período que abarca esta obra (poco menos de cuatro siglos), se observa constantemente la relacion intima, necesaria, entre la gobernacion del Estado, y su poder é influjo respecto de las demás naciones; pudiéndose notar á veces los síntomas de su decadencia y abatimiento, aun cuando ostentase á lo léjos cierto aparato de grandeza.

Como tal yez haya quien, al terminar la lectura de esta obra, desee saber, como en resumen, cuál es la política qne conviene á España, mi contestacion será la misma que, con voz mas autorizada, di en el seno mismo de las Cortes: Benevolencia con todas las naciones, amistad con algunas, intimidad con ninguna.

Francisco Martínez de la Rosa



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Francisco Cañamaque Jiménez - LOS ORADORES DE 1869

Francisco Cañamaque nace en Gaucín, provincia de Málaga, tal día como el 22 de Septiembre de 1851, en la entonces denominada calle Llana, número 38. Poco se conoce de su juventud, aunque es segura su temprana marcha a Madrid para realizar estudios de derecho y mercantilismo. Lo cierto es que su nivel intelectual y su capacidad de trabajo hacen que con solo 18 años derive su vocación profesional hacia lo que sería su especialidad: el periodismo. De ésta época, y de sus largas estancias en la tribuna del Congreso de los Diputados destinada a los periodistas, fue donde se amamantó de tanta elocuencia y sabiduría parlamentaria. Sabemos que fue el periodismo su fuerte y que con solo 18 años presenció todas y cada una de los debates del 69.
En 1881 publicó La España, diario liberal del que fue su propietario. Perteneció a la Sociedad Geográfica de Madrid, a la Academia Indochina de París, al Ateneo de Madrid, a la Real Academia de la Historia, al Congreso de Americanistas y al Consejo Supremo de Marina.
Cañamaque escribió una serie de obras que nos dan un claro ejemplo del intelectual típico. Entre ellos, destacamos: Recuerdos de Filipinas (dos tomos), El Derecho Moderno, El Prisionero de Estella (dos tomos), Miscelánea histórica, política y literaria, El héroe de Puigcerdá, Ángela, Memorias de un cantonal y La Oligarquía del sable, Islas Filipinas (de todo un poco). Tradujo del francés: Los soldados de la Revolución y Las Mujeres de la Revolución.

En Los Oradores de 1869, describe a los parlamentarios agrupándolos en dos partes diferenciadas; bustos parlamentarios y perfiles parlamentarios. En una primera visión rápida de la obra entendimos que los dividía en dos categorías diferenciadas por la importancia del orador, pero, el mismo Cañamaque refiere que la división es fruto de la dificultad material para incluirlos a todos.
Cañamaque describe a sus personajes con el pensamiento de un joven liberal y progresista, con una idea de cambio para un mundo que se agarraba a los más añejos conceptos de la tradición. Como dice Cándido "El liberalismo, el republicanismo, el progresismo, el anticlericalismo y el afrancesamiento venían a ser matices de un solo proyecto de libertad civil" Pero Cañamaque escribe siempre con elegancia con respeto hacia las personas, aunque las ideas de estas estuviesen en el polo opuesto a las suyas. Sin embargo, no por eso, evita el enfrentamiento ideológico y la opinión punzante que provoca y a veces insulta.



¡Pero que año! . . . Como las Cortes de 1869 ha habido pocas en el mundo. España no tiene ninguna.
La Asamblea legislativa francesa, aquella que produjo a Mirabeau, a Barnave, a Gregoire, a Robespierre, y a tantos otros, cede en elocuencia y sabiduría a nuestras Constituyentes de la Revolución.… Solo tiene rivales en la griega y la romana".


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Luis Augusto Rebello da Silva - MEMORIA SOBRE LA VIDA POLÍTICA Y LITERARIA DE D. FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA

En su prólogo dedicado a la reina Isabel II, Rebello da Silva escribe lo siguiente: D. Francisco Martínez de la Rosa, es uno de los nombres que la historia ha de consignar con mas elogio en sus paginas, celebrando su nunca desmentida lealtad á la corona y á las instituciones, la elocuencia de su palabra, y el timbre de su reputacion literaria, aplaudida no solo por la España, sino tambien por toda la Europa. Mientras que el juicio de la posteridad no confirma el valor de su perdida, me será permitido, a pesar de haber nacido bajo otro cielo, y de conocerle unicamente por las relaciones intelectuales hijas de la provechosa leccion de sus obras, anticiparme con el tributo, no de lisonja, que no cabe á los muertos, pero si de espontaneo y justificado encómio, deponiendo sobre el sepulcro del grande estadista y escritor, una modesta corona entrelazada por las humildes manos de un consocio suyo, en las pacificas lides academicas.

Francisco Martínez de la Rosa (Granada, 1787-Madrid, 1862) es una de esas figuras sin las que no se puede comprender el pasado ni el presente de España. Su vida es un resumen apasionante del atormentado siglo XIX español.
Prestigioso profesor universitario, intelectual y lector profundo de la Ilustración, que supo hacer compatible con su fe cristiana, decidió entregar su vida al servicio de la Libertad y del Progreso en nuestro país. Rebelde ante la ocupación francesa, colabora en las Cortes de Cádiz, y su compromiso por la Libertad durante las Cortes de 1813 y 1814, le lleva al destierro en el Peñón de Vélez de la Gomera.
Testigo sereno del Trienio Liberal, exiliado en Francia tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, trae a España el Romanticismo y la articulación de un proyecto de convivencia para todos los españoles influido por los políticos de la Restauración francesa que se hará real cuando la Regente María Cristina le llame de nuevo al Gobierno en 1834 en su Estatuto Real.
Desde este momento, trabajará desde el Partido Moderado, como Diputado, como Embajador en París y Roma, como Ministro de Estado y como Presidente del Congreso de los Diputados, por incorporar a España a la modernidad contemporánea, luchando tenazmente por la reconciliación, la paz y la convivencia en paz de los españoles.
Literato, poeta, dramaturgo, puso su pluma, al servicio de sus ideas políticas, para mostrar que solo desde el dialogo y la tolerancia se pueden superar las tensiones familiares, sociales y políticas. Por ello, por su lucha por la concordia, la paz y la reconciliación su figura aparece como un modelo para los españoles de nuestro tiempo.

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Marqués de Villa- Urrutia - FERNANDO VII, REY CONSTITUCIONAL. HISTORIA DIPLOMÁTICA DE ESPAÑA DE 1820 A 1823

El primer Monarca que reinó en España por la gracia de Dios y de la Constitución, breve tiempo y malamente, fué el deseado Fernando VII, el más popular de cuantos reyes gobernaron a la nación española, comienza así su relato del periodo (1820-1823) el Marqués de Villa- Urrutia.
Se conoce como trienio liberal o trieno constitucional a los tres años que transcurrieron entre 1820 y 1823. Se les denomina de esta manera porque, reinando Fernando VII «El Deseado», el 1 de enero de 1820 tuvo lugar en la localidad sevillana de Las Cabezas de San Juan el pronunciamiento militar del teniente coronel Rafael de Riego.
El 9 de marzo de 1820, Fernando VII, atemorizado, juró la Constitución de 1812.
Por primera vez, se aplicaba la Constitución de 1812 en una situación de paz y con el monarca en el país. Fernando VII, convencido absolutista, trató de obstruir desde un principio la labor de los gobiernos liberales y el normal funcionamiento constitucional.
Esta actitud del rey va a provocar una fractura política que se extenderá durante décadas:
la escisión de los liberales.
Por un lado, los “doceañistas” pretenderán modificar la Constitución buscando una transacción con el Rey. Para ello, defendieron la concesión de más poder al monarca y la creación de una segunda cámara reservada a las clases más altas. Tras 1833, los "doceañistas" se convertirán en los moderados.
Por otro lado, los “veinteañistas” pedían simplemente la aplicación estricta de la Constitución de 1812. Conocidos también como los exaltados, serán denominados progresistas tras 1833.

Wenceslao Ramírez de Villaurrutia (La Habana, 1850 -  Madrid, 1933) fue un diplomático, historiador y político español.
Senador vitalicio en 1905, ocupará la cartera de ministro de Estado entre el 27 de enero y el 23 de junio de 1905 en un gabinete presidido por Raimundo Fernández Villaverde, bajo el reinado de Alfonso XIII.
Como diplomático fue ministro plenipotenciario en Constantinopla, Atenas y Bruselas, y embajador en Viena, Londres, Roma y París.
Miembro de la Real Academia de la Historia,es autor de obras como "La conferencia de AIgeciras" (1906), "Relaciones de España e Inglaterra durante la Guerra de la Independencia", "Apuntes para la historia diplomática de España" (1911,1914), "Las mujeres de Fernando VII" (1916), "Palique diplomático" (1928), "Madame De Stael" (1930), "Fernán-Núñez, el embajador" (1931); "Fernando VII, rey constitucional, y Fernando VII, rey absoluto" (1922-1931); y "Lucrecia Borja, la Reina Gobernadora".
En 1918 recibió el título de marqués de Villa-Urrutia.
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Adolfo Pons y Umbert - CÁNOVAS DEL CASTILLO

Sesudo estudio que ganó en 1900 el concurso extraordinario Cánovas de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.
Versa acerca de la figura del político español en torno a su significación en la Ciencia del Derecho y la Sociología, así como su influencia en la historia de la Legislación española.

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Clarín (leopoldo Alas) - CÁNOVAS Y SU TIEMPO

Enmarcada en sus Folletos Literarios, Clarín ofrece una nueva semblanza de Cánovas mucho más acerada y crítica que la de Campoamor. Tanto es así, que cierto amigo escribió al célebre autor de La Regenta de la siguiente manera: Amigo Clarín, he leído gran parte de tu Cánovas, y aunque estamos conformes en el fondo, me parece que en la forma te has extralimitado. Empiezas bien,..., pero despues se te va la burra, como suele decirse.
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Ramón de Campoamor - CÁNOVAS

Ramón de Campoamor (1817-1901) fue uno de los poetas más conocidos, leídos y admirados durante la segunda mitad del siglo XIX.
Esta pequeña obra presenta una amable semblanza, con edulcorada prosa, del Cánovas político, el orador, el filósofo, el poeta y el literato.
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Rafael del Castillo - HISTORIA DE LA VIDA MILITAR Y POLÍTICA DEL EXCMO. SR. CAPITÁN GENERAL D. LEOPOLDO O´DONNELL

Leopoldo O´Donnell y Jorris (Duque de Tetuán, Conde de Lucena, y Vizconde de Aliaga)(Santa Cruz de Tenerife - 1809; Biarritz - 1867) llegó a convertirse en uno de los más significados militares y políticos de mediados del siglo XIX.
Nació en el seno de una familia de arraigada tradición militar, tradición que él continua ingresando en el regimiento de infantería Imperial Alejandro con el grado de subteniente.
La muerte de Fernando VII en 1833, trajo consigo el estallido de la guerra civil entre isabelinos y carlistas; O'Donnell, que había alcanzado el grado de capitán, se decidió por el bando liberal enfrentándose a la tradición familiar que luchó en el bando de D. Carlos.
Los distintos hechos de armas del conflicto bélico, le hicieron alcanzar en 1836 el mando del Regimiento de infantería de Gerona; durante ese año, y hasta 1839, O'Donnell, continuó cosechando victorias, siendo nombrado en 1839 Capitán General de Aragón, Valencia y Murcia. La victoria sobre el general Cabrera en la ciudad de Lucena, le valió el ascenso a Teniente General y el título de Conde de Lucena.
El pronunciamiento de 1840 hace exiliarse a O'Donnell a Francia no regresando a la península hasta 1844, año en que será nombrado Capitán General de la Habana, y posteriormente Director General de infantería.
El 28 de junio de 1854 al frente de un batallón de infantería y unido al general Dulce, hace un levantamiento contra el gobierno; este, mandó al general Blaser a enfrentarse con O'Donnell. El encuentro tuvo lugar en Vicálvaro y tras un simulacro de combate, ambos militares se retiraron, produciéndose un compás de espera que se rompió con el Manifiesto de Manzanares del 7 de julio, y redactado por Cánovas, lo que atrajo a su bando gran parte del ejército.
Con el triunfo revolucionario, es nombrado Presidente del Consejo de Ministro Espartero, y O'Donnell ocupó la cartera de Guerra.
En las nuevas Cortes se formará un nuevo grupo político conocido como la Unión Liberal, y a cuyo frente se colocó a O'Donnell. La diversidad de los componentes de este nuevo grupo político motivó los sucesos que acontecieron en Madrid entre el 16 y 17 de julio de 1856, y que motivaron la caída de Espartero y la sucesión en la formación de gobierno por O'Donnell que duraría en el poder hasta octubre de 1857, año en que sería sustituido por Narváez.
Recupera de nuevo el poder el 1 de julio de 1858 y mantendrá la Presidencia del Gobierno, juntamente al ministerio de la Guerra. Este mismo años se publicará el 28 de noviembre, el acta fundacional de la Unión Liberal. Durante este gobierno se declara la guerra a Marruecos el 22 de octubre de 1859, y O'Donnell se coloca al frente de las tropas; la victoria y consiguiente toma de la ciudad de Tetuán, le valieron el titulo de duque de Tetuán. Su gobierno, conocido como quinquenio de la Unión Liberal, se alargó hasta el 27 de febrero de 1863, siendo sustituido por el marqués del Duero.
Los acontecimientos de la noche de San Daniel en 1865, llevaron de nuevo a O'Donnell a la presidencia del gobierno y al Ministerio de la Guerra. Durante este nuevo gobierno se suceden los acontecimientos de la sublevación de sargentos de San Gil, el 22 de junio de 1866, lo que provocó el enfrentamiento con Isabel II, debido a considerar esta que la represión no se había llevado a cabo con la necesaria dureza; O'Donnell, deja su puesto a Narváez y se traslada a Biarritz, en donde muere el 5 de noviembre del año siguiente, especulándose sobre su posible envenenamiento.

  
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Manuel Ibo Alfaro - APUNTES PARA LA HISTORIA DE D. LEOPOLDO O´DONNELL

publicado en 1868, Impr. del Indicador de los Caminos de Hierro (Madrid)


Manuel Ibo Alfaro (1828-1885) se dedicó al periodismo y a enseñar matemáticas, lógica y psicología en diversas academias privadas de Madrid.
Escribió novela histórica y textos profesionales, educativos o divulgativos también de naturaleza histórica. Entre las primeras destacan Flora y Sofía, La bandera de la Virgen del Monte o La mora encantada, Adolfo, el de los negros cabellos (1857 y 1862), Malditas sean las mujeres (1858; alcanzó siete ediciones y fue dramatizada en 1932 por Juan Ibarra), Ricardo y Felisa: Episodio de las fiestas del Pilar en Zaragoza (1858), El Orgullo y el amor, La Cruz y la golondrina (1877), Horas de recreo, La flor de Marruecos etc. Compiló también una colección de Cuentos tradicionales y fantásticos que ha sido reimpresa modernamente, al igual que sus novelas La hermana de la caridad, Malditos sean los celos, ¡viva mi novia!, La Cruz y la golondrina, El paraiso de las mujeres, El purgatorio de las solteras, Pasionarias de amor (1998)...
De carácter más estrictamente histórico son La corona de laurel, Colección de biografías de los generales que han tomado parte en la gloriosa campaña de África (1860); Apuntes para la historia de D. Leopoldo O'Donnell (1867; 2.ª ed. 1868), Historia de la interinidad española, escrita en presencia de documentos fidedignos (no apareció más que el tomo primero, 1871); el libro de viajes Jerusalem! Descripción exacta y detallada de los Santos lugares (1879), un Compendio de la historia de España (1863), que alcanzaba quince ediciones en 1908, y otro Compendio de la historia universal y de la General de España, muy reimpreso también.


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Carlos Navarro y Rodrigo - O´DONNELL Y SU TIEMPO

Madrid : Impr. de la Biblioteca Universal Económica, 1869.

Redactor del periódico La Época, Carlos Navarro y Rodrigo  inició su carrera política como diputado por Alicante en las elecciones de 1858 es nombrado gobernador de Baleares obteniendo en las elecciones de 1865 un escaño en representación de dichas islas. En 1866 se opuso al movimiento revolucionario que intentó acabar con el gobierno del General Narváez aunque criticará la fuerte represión que se desató tras el fracaso de la misma, críticas que le acarrearán el destierro, en 1867, a Oviedo.
En 1868 con el triunfo de la revolución de septiembre, más conocida como La Gloriosa pertenecerá a la Junta Revolucionaria de Madrid y en las subsiguientes elecciones de 1869 volverá a ser elegido diputado por Baleares. En las sucesivas elecciones, hasta la de 1886, volverá a ser elegido diputado por Cuenca, Almería y Jaén, pasando a partir de entonces a ser elegido senador hasta 1893.
Ministro de Fomento durante la Primera República Española en el gobierno que entre el 3 de septiembre y el 31 de diciembre de 1874 bajo la presidencia de Práxedes Mateo Sagasta, volverá a ocupar dicha cartera ministerial durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena en el gabinete presidido nuevamente por Sagasta entre el 10 de octubre de 1886 y el 14 de junio de 1888.

Reseña de la obra aparecida en La Revista de España, Tomo VIII, nº 26, pags 155-158, Madrid, 1869:
El libro de que vamos á ocuparnos brevemente tiene grandísimo interés bajo dos puntos de vista principales. Primero, como biografía del personaje más notable que ha habido en la política española durante estos últimos años; y segundo, como narración de sucesos y exposición de problemas que aún no se han desarrollado por completo y que aguardan todavía soluciones de que ha de depender el porvenir de la pátria.
Además el General O'Donnell fué el creador y el jefe de un partido político que, sin ofender á los demás, llegó á reunir en su seno los hombres más importantes por su posición social, por su saber, por sus talentos, por su reputación militar, que se habian dado á conocer hasta entonces en nuestra pátria, y era tal el influjo que tenía en esa agrupación, y tan grande la altura á que habia sabido colocarse aun en medio de tantas notabilidades, que muchos han afirmado de buena ó de mala fe que su muerte ha sido la muerte de ese partido, y que con la desaparición de su jefe se ha disuelto tan importante agrupación política.
El tiempo y los acontecimientos demostrarán hasta qué punto es inexacto y apasionado semejante juicio; pero basta que haya podido formularse, y que muchos lo crean, para conocer la gran significación, el influjo extraordinario que tuvo en España el Duque de Tetuan, arrebatado por la muerte cuando aún podia haber prestado grandes servicios á su pátria.

Aunque sea de paso, diremos que con su nombre, que debe conservar, porque las tradiciones son una gran fuerza para los partidos, ó tal vez con otro, la Unión Liberal no dejará de existir, pues es el resultado necesario de la situación política, no sólo de nuestra pátria, sino de casi todas las naciones del continente.
En Francia es en los momentos presentes la Unión Liberal, idéntica en el nombre y en la esencia á la que aquí se formó y posterior á ella, el partido que combate la política personal aún dominante en el vecino Imperio, y el que ofrece esperanzas de éxito á los que desean el triunfo de las libertades que M. Thiers llamaba necesarias, sin el acompañamiento doloroso, y las más veces funesto de la revolución material, y sin los peligros de las doctrinas disolventes del socialismo.
En Italia los hombres que siguen las gloriosas huellas del Conde de Cavour son los que han llevado con admirable sentido político esa gran nación á la conquista de su unidad y de su independencia, al par que al ejercicio normal y ordenado de las instituciones constitucionales, evitando los escollos en que hubiera sin duda naufragado Italia si se hubiese dejado arrastrar por los delirios de los partidarios de las ideas exageradas y profundamente trastornadoras de Mazzini.
Lo mismo sucederá sin duda en nuestra pátria; tal vez la tempestad revolucionaria que estamos corriendo llegue por algunos instantes á cubrir bajo sus olas embravecidas los elementos conservadores del país; tal vez su importancia parezca destruida por algunos momentos; pero la violencia desaparecerá, porque lo violento no es duradero; las aguas cobrarán su nivel, y seguirán sus corrientes ordinarias, volviendo á levantarse sobre su superficie las rocas que las contienen y encierran en su cauce, y entonces los verdaderos y legítimos intereses sociales recobrarán su saludable indujo. Los nuevos elementos que la Revolución haya creado se organizarán y coordinarán por los hombres conservadores del porvenir, porque, como afirmó con una sinceridad que le honra en uno de sus últimos discursos el Sr. Castelar, la gobernación de los Estados pertenece y ha de pertenecer siempre en todos los países á las clases y á las personas que representan esas ideas. La Unión Liberal tiene pues una gran misión en el porvenir; cualesquiera que sean las vicisitudes inmediatas que le esperen, será el partido gubernamental por revolucionario.

La anterior digresión se enlaza naturalmente con el asunto propio de este escrito, porque si es cierto que en el presente, y sobre todo en el porvenir, la Unión Liberal ha de desempeñar, en nuestra pátria, un papel tan importante como suponemos, todo lo que se relaciona con el que fué su creador y su jefe ha de inspirar vivísimo ínteres á los que se ocupan de política, que hoy es todo el mundo, porque por lo mismo que atravesamos una profunda y temerosa crisis, no hay nadie que no vea en ella comprometidos sus intereses más caros, al propio tiempo que los de la pátria.

El Sr. Navarro y Rodrigo ha tratado con mucha habilidad el asunto de su libro, que no es una biografía descarnada del General O'Donnell, sino una serie de cuadros magistralmente dibujados en que se presentan á la imaginación del lector las situaciones porque España ha atravesado desde la muerte del último monarca, agrupando artísticamente los sucesos alrededor del personaje que es, por decirlo así, el protagonista de la obra, y cuya vida es el elemento que le da unidad y que la conduce de un modo natural á su desenlace.
La obra que examinamos recuerda, involuntariamente, los inmortales ensayos de Maccaulay ó el interesante libro que M. Guizot ha dedicado al ilustre Sir Roberto Peel, y no está hecho con menos habilidad ni con menos éxito que estas producciones: así es, que nosotros, que nos propusimos sólo hojearla para dar una ligera idea de ella á nuestros lectores, no hemos podido dejar de leerla desde la primera hasta la última página, absorbidos por el interés que nos inspiraban, no tanto los sucesos acaecidos que en ella se refieren, sino la manera de narrarlos, la belleza y calor del estilo, y la imparcial profundidad de los juicios que el autor formula sobre las personas y sobre las cosas.

El General 0'Donnell empezó, como se sabe, su vida pública en la guerra de los siete años, lucha fratricida, pero gloriosa y fecunda, porque en ella, más que los derechos al Trono de dos individuos de la dinastía de Borbon, se disputaban el triunfo la idea del pasado y la del porvenir; logrólo al cabo ésta, y de entonces data nuestra regeneración, que si no ha sido tan completa y fecunda como podíamos esperar, se debe á obstáculos que tal vez ahora desaparezcan para siempre.
O'Donnell consiguió desde los primeros años de la guerra alto renombre militar, sellando con su sangre su unión con la causa constitucional á que permaneció fiel toda su vida; su valor y su pericia le valieron la Cruz laureada de San Fernando, testimonio auténtico, en quien la alcanza, de verdadero heroismo, y el haber llegado á General cuando apenas habia entrado en la mayor edad, siendo un hecho de armas glorioso la ocasión y el motivo de cada uno de sus ascensos. Ya como Jefe de Estado Mayor del ejército del Norte, manifestó todas sus grandes cualidades militares, á las que debió que el Gobierno le nombrase General en Jefe del ejército del Centro, donde la causa liberal llevaba la peor parte, siendo Cabrera el terror y el dueño de aquellas comarcas. Con los escasos elementos que en ellas habia, logró O'Donnell cambiar completamente la faz de las cosas, llevando á las tropas que mandaba de victoria en victoria desde Lucena hasta Cenia, y contribuyendo eficaz y poderosamente á la terminación gloriosa de aquella terrible y fratricida guerra.

Una de las particularidades que mayor interés dan al libro del Sr. Navarro y Rodrigo, consiste en que desde el párrafo quinto al décimo inclusive se contiene la única memoria autógrafa que ha quedado del General O'Donnell, en la cual refiere con la exactitud y competencia que es de suponer, toda la brillante campaña del ejército del Centro durante la época que estuvo á sus órdenes; documento cuyo valor histórico no es necesario encarecer, y cuya curiosidad es tanto mayor, cuanto que, como dejamos dicho, es el único escrito de un hombre que por serlo principalmente de acción, no se dedicó á este género de trabajos.
Es ya imposible que recorramos, ni aun con rapidez, las fases principales de la vida pública del Conde de Lucena. Recordaremos sólo, que terminada la guerra civil, no siguió al General Espartero, desaprobando los actos que le llevaron al puesto elevadísimo de Regente del Reino, y, habiendo tomado parte en los sucesos de Octubre de 1841, demostró en Pamplona aquellas calidades de que dio tan altas muestras en 1854.
Después de su mando en Cuba, donde estuvo cinco años, durante los cuales adquirió tan grande importancia, y desarrolló tanta riqueza aquella importantísima colonia, volvió á España, y en el puesto importante de Director general de Infantería prestó los servicios que podían esperarse de su competencia en las cosas militares, y singularmente en el arma de que procedía, y por la que tenia tanto entusiasmo.
La funesta reacción que se intentó en nuestra pátria en 1851, determinó la actitud política del General O'Donnell, quien desde entonces se consagró por completo al triunfo de la causa liberal, que corría grandísimos peligros. Los sucesos ocurridos desde Enero del 54 en que se ocultó en esta Corte para no someterse á la orden de destierro dictada por el Ministerio del Conde de San Luis, hasta el alzamiento en 28 de Junio del mismo año, tienen todo el interes de una novela, y, aunque rápidamente, los refiere con gran novedad el Sr. Navarro.
Igualmente las páginas que se dedican en este libro á narrar lo sucedido hasta las jornadas de Julio del 56, son interesantísimas y dan idea exacta de la posición que desde aquella época alcanzó O'Donnell como jefe de partido y como hombre de gobierno. La situación que entonces se inició y que fué tan fecunda, tuvo por origen la actitud que tomó en el Senado el Conde de Lucena en el año siguiente, donde, pronunció un notabilísimo discurso, que inserta integro el autor en su libro, con tanta más razón, cuanto que en él se contiene el programa político que sirvió de norma á la conducta del Duque de Tetuan hasta el último instante de su vida.
El Ministerio de los cinco años y la guerra de África, que durante él tuvo lugar, dan materia á una buena parte del libro que examinamos. El autor presenció la gloriosa campaña que terminó con la victoria de Vad-Ras, y por lo tanto sus noticias y sus juicios tienen todo el valor histórico que se atribuye al testimonio de los que hablan de los sucesos de ciencia propia y no por relaciones más ó menos exactas, lo cual hace que su libro sea de los que en los tiempos venideros deberán consultar los que quieran escribir la historia de nuestra pátria en este período. La cuestión de Méjico también se examina con detenimiento por el Sr. Navarro, y los juicios que sobre aquellas cosas emite son acertados y curiosos, porque revelan circunstancias hasta ahora poco conocidas, que influjeron de un modo decisivo en su curso y desenlace.

El último Ministerio y el último período de la vida del General O'Donnell, ofrecen verdadero interés de actualidad; lo que ahora pasa es consecuencia natural de lo que ocurrió entonces, y como se trata de sucesos tan próximos, no tenemos para qué referirlos: los acontecimientos públicos, todos los conocemos, los móviles profundos, las tendencias y aspiraciones de los personajes que entonces figuraban y todavía se agitan en nuestra vida política, son materias que trata con detenimiento, con imparcial juicio y con gran competencia el Sr. Navarro y Rodrigo, y no pueden extractarse: los lectores encontrarán en esta parte de la obra datos curiosísimos y apreciaciones muy interesantes, en las circunstancias en que nos hallamos; por lo cual creemos que el éxito de este libro será tan completo como merecen sus condiciones literarias, de las que no hablamos tanto como era menester, porque nos hemos detenido mucho en lo que constituye su fondo, forzados á ello por la vivísima curiosidad que nos ha inspirado, y que sentirán cuantos lean siquiera sus primeras páginas.

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Eduardo Toda - LA TUMBA DE SENNEDJEM

Eduard Toda fue a Egipto en 1884, como cónsul español en el Cairo e inmediatamente se codéo con el ambiente egiptológico del momento, especialmente con personajes de la talla de Maspero, director del Servicio de Antigüedades, o de Brugsch, descrifrador del demótico.
Su actividad egiptológica fué breve peró suficiente para entrar en la Historia de la Egiptologia.
En 1886 siguiendo las instrucciones de Maspero excavó la tumba de Sennedjem en Deir el Medina que acababa de ser descubierta y que todavía se mantenía intacta.
En el año 1887 publicó un trabajo sobre la tumba de Sennedjem que fue traducido por Daressy y publicado en francés en el 1920. Estos trabajos de Toda siguen siendo esenciales para conocer el ritual funerario del final del Imperio Nuevo.

Encajonada entre los contrafuertes de la colina tebana y la de Gurnet Murai, a unos 20 o 30 minutos a pie del Valle de los Reyes, se encuentra el poblado y la necrópolis de los trabajadores-especialistas de las tumbas reales tebanas durante el Reino Nuevo: Deir el-Medina.
Esta fue la única ciudad de artesanos que se habitó durante un período de 450 años de forma más o menos continuada, es decir, desde comienzos de la dinastía XVIII a finales de la XX. Fue la única que mantuvo un contacto continuo y prolongado con funcionarios de categoría superior y un cliente tan importante como el propio rey.
Senedjem era un obrero de la necrópolis, cuyo empleo era el de ebanista. Era hijo de Jabejent y de la dama Tahenu. Casó dos veces y su segundo enlace fue con una mujer llamada Iyneferti. Tuvo como mínimo 10 hijos de entre los que podríamos nombrar a Jabejent El Joven y cuya tumbas se halló en la misma necrópolis.
Senedjem vivió en una época de apogeo económico, durante el período que abarca el reinado de Sethy I y los primeros años de su hijo Ramsés II. Esto le permitió construirse una casa confortable en el poblado aprovechando la última ampliación de la ciudad, justo en el ángulo S-O, así como una tumba cercana a su morada.
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Eduardo Toda - A TRAVÉS DEL EGIPTO

Una verdadera joya para los amantes de la egiptología y la literatura viajera.
Toda escribió y publicó diversas monografías sobre diferentes cuestiones de egiptología. La principal obra que salió de su pluma es A través del Egipto (Madrid, 1889), donde narra un amplio cúmulo de experiencias y observaciones realizadas durante su estancia en Egipto. Otra iniciativa fue la creación de una serie de publicaciones, sus Estudios Egiptológicos, con la intención de crear en España una publicación permanente que albergase en su seno las futuras actividades de investigación en egiptología en España. Esta serie tan sólo abarcó tres títulos, todos ellos de Toda, a saber: Sesostris, Madrid, 1886; La muerte en el Antiguo Egipto, Madrid, 1887 y Son Notem en Tebas: inventario y textos de un sepulcro egipcio de la XX dinastía, Madrid, 1887.
Según sus propias afirmaciones en la Conferencia que imparte en Villanueva y Geltrú el 16 de mayo de 1886, con motivo de la inauguración de la exhibición de la recién creada entonces «Colección Egipcia del Museo Balaguer», pretendía crear la egiptología en España y situar dicha materia a la altura que esta ciencia vivía en otros lugares de Europa.
Sus obras se completan con la elaboración del Catálogo de la Colección Egipcia de la Biblioteca-Museo Balaguer (Madrid, 1887), comprensivo de las piezas egipcias traídas a España y entregadas a dicha institución para su exhibición, y su monografía sobre Las Momias Reales de Bulaq (Madrid, 1889), en la que describe y analiza todo el proceso del descubrimiento de las momias de los faraones del Imperio Nuevo en el escodrijo de Deir el-Bahari que él debió conocer bien dada su especial relación con Maspero durante su estancia en Egipto.
Toda se deshizo de su colección de antigüedades egipcias en los años posteriores, vendiendo parte de ellas al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, y cediendo el resto al Museo de Villanueva y Geltrú. Quedó inédito y sin publicar un manuscrito titulado El Antiguo Egipto. Toda murió el 26 de abril de 1941 y sus restos se hallan enterrados en el Monasterio de Poblet.

Una excelente reseña del libro se encuentra en el blog de Manuel Harazem: A TRAVÉS DEL EGIPTO CON EDUARDO TODA


 
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Veleyo Patérculo - HISTORIA ROMANA ESCRITA AL CÓNSUL MARCO VINICIO

Marco Veleyo Patérculo (c. 19 a. C. - c. 31) fue un historiador romano, también conocido simplemente como Veleyo.
Miembro de una ilustre familia de Campania, Patérculo entró en el ejército cuando era muy joven. Se desempeñó como tribuno militar en Tracia, Macedonia, Grecia y en Oriente, y en 2 d. C. presenció la entrevista del Éufrates entre Cayo César, nieto de Augusto, y el rey parto Fraataces. Más tarde, sirvió como praefectus de caballería y legatus durante ocho años (desde 4 d. C.) en Germania y Panonia bajo Tiberio. Sus servicios le valieron los nombramientos como cuestor en 8 d. C. y, junto con su hermano, como pretor en 15 d. C. Se sabe que aún estaba vivo en 30 d. C., puesto que existen varias referencias históricas acerca del consulado de Marco Vinicio correspondiente a dicho año, y se cree que fue sentenciado a muerte en 31 d. C. por ser amigo de Sejano, a quien elogiaba.

Su Compendio de la Historia romana consiste de dos libros dedicados a Vinicio y cubre el período que va desde la dispersión de los griegos luego del asedio a Troya hasta la muerte de Livia (29 d. C.).
El primer libro, que concluye con la destrucción de Cartago en 146 a. C., tiene secciones perdidas, incluido el comienzo. La parte posterior de la historia, en especial el período entre las muertes de Julio César (44 a. C.) y Augusto (14 d. C.), es tratada con mayor detalle. Aunque se presentan observaciones breves sobre la literatura romana y griega, no existe ninguna mención a Plauto, Horacio o Propercio. El autor no exhibe una verdadera agudeza histórica, pese a que por lo general es confiable en cuanto a sus afirmaciones respecto de hechos en particular. Además, su cronología es inconsistente. Cuando se refiere a César, Augusto y por sobre todo a su patrón, Tiberio, Patérculo es pródigo en elogios o adulaciones. Las repeticiones, las redundancias y el desaliño en cuanto a expresión, pueden deberse en parte a las prisas con las cuales se escribió el texto (según indica a menudo el autor mismo). La retórica pomposa y el efecto forzado a causa de hipérboles, antítesis y epigramas, pertenecen al período del latín clásico, del cual Patérculo es el primer ejemplo. El autor se propuso escribir una narración más completa del último período, que incluiría la guerra civil entre César y Pompeyo y las guerras de Tiberio, pero no existen evidencias de que lo haya realizado. Sus fuentes principales son los Orígenes de Catón, los Anales de Hortensio Hórtalo, Pompeyo Trogo, Cornelio Nepote y Tito Livio.
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Zacarías Casaval - CAÍDA DE LA REPÚBLICA DE ROMA, EL IMPERIO.

Discurso leído en el solemne acto de recibir la investidura de Doctor en Derecho. Publicado en Madrid en 1860.
D. Zacarías Casaval destacó en el ejercicio de la abogacía y del periodismo, pues fue redactor del “Diario Español”, “La Época” y ”La Política”.

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Manuel Silvela - COMPENDIO DE LA HISTORIA ROMANA HASTA LOS TIEMPOS DE AUGUSTO

Don Manuel Silvela y García de Aragón nació en Valladolid en 31 de octubre de 1781. Licenciado en Filosofía y Derecho, fue alcalde de Casa y corte de Madrid con José Bonaparte y amígo íntimo de Leandro Fernández de Moratín. En el consiguiente exilio que le tocó vivir con la llegada de Fernando VII al trono de España, fundó en París un centro docente de carácter renovador. Además de la obra pedagógica que aqui presentamos sobre la Historia de Roma, fue autor de varios estudios literarios.
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Oliver Goldsmith - COMPENDIO DE LA HISTORIA ROMANA. DESDE LA FUNDACIÓN DE ROMA HASTA LA RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE

Oliver Goldsmith (Kilkenny West, Irlanda, 10 de noviembre de 1730 – Londres, 4 de abril de 1774) fue un escritor y médico irlandés, conocido sobre todo por su novela El vicario de Wakefield (The Vicar of Wakefield) (1766), su poema pastoral La aldea abandonada (The Deserted Village) (1770) (escrita en memoria de su hermano), y sus obras The Good-natur'd Man (1768) y Doblegada para vencer (She Stoops to Conquer).
Perteneció al círculo del Dr Samuel Johnson, quien siempre tendría en alta estima su obra (llegaría a decir "...nadie escribe como Goldsmith...." en respuesta a Horace Walpole, quien llamó idiota inspirado a Goldsmith debido a la fama de manirroto y disoluto que tenía). Se cree que Johnson redactó y corrigió muchos de los poemas de Goldsmith.
A lo largo de su vida, cultivaría los más diversos géneros: fue historiador, escribiendo historias de Grecia, Roma e Inglaterra; naturalista; novelista; poeta; dramaturgo; crítico literario; periodista;... Su fama en vida fue sólida, aunque la posteridad lo recuerda, dentro del ámbito personal, sobre todo gracias al retrato que de él se hace en La vida de Samuel Johnson, donde Goldsmith es mostrado como una persona un tanto orgullosa, vivaracha, fanfarrona y algo vanidosa, que sólo se deja amedentrar por la imponente figura del doctor Johnson. Muy valorado como escritor y dramaturgo (se le ha llegado a llamar la Niña Bonita de las letras inglesas), sus poemas han caído en el olvido por enmarcarse en la lírica dieciochesca augustana, poco sentida, y sus obras históricas y de ciencias naturales tienen hoy en día un carácter anecdótico, al adolecer de una falta de profundidad, rigor y originalidad, debido sobre todo a que el propio Goldsmith era alguien lego en tales materias, y abordaba su composición como un trabajo casi escolar.

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José Fernández Sánchez - DECADENCIA DEL IMPERIO ROMANO. CAUSAS Y EFECTOS

Discurso leido ante el claustro de la Universidad Central con motivo del solemne acto de recibir la investidura como Doctor en Filosofía y Letras del autor. Publicado en Madrid en 1863.
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Francois Catrou y Pierre Julien Rouillé - COMPENDIO DE LA HISTORIA ROMANA

Escrita en idioma francés en 1726 por los padres jesuitas Francois Catrou y Pierre Julien Rouillé, fue traducida al español por el padre Juan de Hallen y publicada en el año de 1738.
En palabras del traductor: "La Historia Romana que actualmente se está dando a imprenta en lengua francesa, me parece obra de las más perfectas en su clase, y digna de comunicarse a las Naciones todas en el propio idioma de cada una".
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Tito Livio - LAS DÉCADAS DE LA HISTORIA ROMANA

Tito Livio nació en Patavium (Padua) el año 59 a. C., donde se formó en retórica y manifestó su interés por la filosofía. Hacia el 30 a. C. marchó a Roma, donde se dedicó por entero a las letras, especialmente a lo que se puede calificar como la obra de su vida: una historia de Roma desde sus orígenes (de ahí el título Ab urbe condita libri) hasta la muerte de Druso, el año 9 a. C. Esta obra comprendía 142 libros.
Tito Livio se dió a conocer mediante la lectura en público de los primeros libros de su gran historia. La publicación se llevó a cabo en grupos desiguales de 5 o 10 libros. 
Tito Livio se granjeó la amistad de Augusto, aunque se mantuvo fiel a sus convicciones pompeyanas y no cedió a la adulación del emperador. Los tres últimos años de su vida los pasó en su ciudad natal, donde le sorprendió la muerte el año 17 d. C., siendo ya de avanzada edad.
Respecto a sus obras tenemos noticias de que escribió diálogos filosófico-históricos y un tratado de retórica en forma de carta, dirigido a su hijo, en el que proponía a Demóstenes y Cicerón como modelos. Pero la obra principal de Tito Livio y a la que debe su fama es “Ab urbe condita libri”. Constaba esta obra de 142 libros, los cuales acostumbraron a editarse (antes ya quizás del siglo IV) en grupos de 10. Cada grupo se denominaba “década”.


Lamentablemente no se ha conservado la totalidad de tan magna obra. La presente edición (Imprenta Real 1793-1795) contiene lo preservado hasta la fecha:

·La primera década, que abarca desde los orígenes hasta la víspera de la guerra con Pirro, concretamente hasta el 293 a. C.
El libro I relata los orígenes de Roma y la época de la monarquía romana.
Los libros II-V cuentan la historia de la República hasta la invasión de los galos.
Los libros VI-X siguen contando la historia hasta la tercera guerra de los samnitas.
·La tercera década, dedicada a la segunda guerra púnica.
·La cuarta década y la mitad de la quinta, salvo algunas lagunas. Narran la sumisión de Macedonia por L. Emilio Paulo.

· Aparte de estos 35 libros, prácticamente completos, se conservan algunos fragmentos
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Plutarco - VIDAS PARALELAS

Plutarco, procedente de la hoy desaparecida Queronea, en la actual Grecia, fue un historiador, biógrafo y ensayista griego que vivió entre 46 y el 120 dC.
Su principal obra, las Vidas Paralelas, es una joya literaria que contiene las biografías de algunos de los personajes más influyentes de la Antigüedad. Cada relato individual es una magnífica fotografía de su protagonista, y el conjunto de la obra es un excelente retrato poliédrico de la antigüedad romana y griega.
El objetivo de Plutarco consiste en extraer, en cada caso, el carácter moral del personaje, antes que la narración de los acontecimientos políticos de la época; de ahí el tratamiento exhaustivo sobre la educación y natural disposición del personaje, y el relato de anécdotas, calculado para revelar la naturaleza del hombre. «Un lance fútil, una palabra, algún juego» que «aclara más las cosas sobre las disposiciones naturales de los hombres que las grandes batallas ganadas, donde pueden haber caído diez mil soldados».
Creía en la compatibilidad de Roma como rectora y de Grecia como educadora. Las Vidas contienen, además de interesantes anécdotas, muchos pasajes históricos memorables.
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Tácito - HISTORIAS (Historiae)

Las Historiae («Historias») narran el periodo que va desde la subida de Galba al poder (68) hasta la muerte de Domiciano (96). El término historiae designa la obra historiográfica que relata acontecimientos de una época más o menos dilatada que acaba en los tiempos en que vive el propio autor. Desde los reinados justos y florecientes de Nerva y Trajano, tiempos «en que se permite pensar lo que quieras y decir lo que pienses» (Anales, 1.1), se anima Tácito a pasar revista a una época ominosa llena de infamia.
Probablemente constaban de 14 libros. Se han conservado los cuatro primeros y aproximadamente la mitad del quinto. Tienen su origen en la muerte de Nerón en el año 68, durante el cual el imperio pasa por las manos de tres emperadores, Galba, Otón y Vitelio, hasta que la victoria militar de Vespasiano estabiliza la situación con la inauguración de la dinastía Flavia. Lo conservado finaliza con las campañas de Tito contra Jerusalén.
Estos libros primeros parecen contener la base de pensamiento de toda la obra. Fija su atención en el intento de renovación de la libertad tras la muerte de Nerón, pero no se deja arrastrar por el optimismo al juzgar la actitud de las legiones. No cabe pensar que tomaran partido por convertir a sus generales en emperadores por limpio y desinteresado amor a la libertad, sino por afanes más materiales y bastardos. Presenta la influencia política de la corte de Nerón en los hechos que siguieron a su muerte y el empeño de ciertos personajes para no perder situaciones privilegiadas. Destaca la ceguera y crueldad de la lucha civil en este año, hasta el punto de que se violó la santidad del Capitolio que acabó destruido a manos de ciudadanos.
Vespasiano puso orden en ese fatídico año de los cuatro emperadores. Tácito revela cómo, tras la propaganda flavia, que justificaba su asalto al poder bajo el título de amor a la patria, se oculta en realidad una enorme ansia de poder. El autor es muy consciente de que el centro de gravedad del poder romano se ha desplazado ya fuera de la urbe y que «podía hacerse un príncipe en cualquier lugar distinto de Roma» (Historias, 1.4.2). Todo ello gracias a que las legiones eran más propicias a servir a sus jefes, si ellos les dan posibilidad de obtener beneficios, que a asumir desinteresadamente las tarea de la defensa del estado. Por otra parte, en las provincias despierta un sentimiento el poder y ciertas ansias de libertad. Tácito trata de desenmascarar a las personalidades conductoras de la política y sus móviles para encontrar las causas reales de los acontecimientos.
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Tácito - DIÁLOGO DE LOS ORADORES

El Dialogus de oratoribus, a pesar del pronunciamiento en contra de algunos estudiosos, se acepta generalmente como obra de Tácito. Es ciceroniano en su concepción y estilo, que se adapta aquí al género y es muy diferente del que el autor emplea en las obras históricas. El asunto tratado en él es la decadencia de la oratoria, que ya se había planteado también Quintiliano en un escrito perdido titulado De causis corruptae eloquentiae (Sobre las causas de la corrupción de la oratoria).
Al comienzo de la obra, en casa de Curiacio Materno, poeta, aparecen reunidos con él otros dos personajes: el orador Marco Apro, y Vipstano Mesala, experto en retórica. La acción se sitúa claramente (capítulo 17) en el año 75. Esta fecha es el término post quem para la datación de la obra. Hay quienes tienden a considerar a partir de este dato que el Diálogo... es obra de juventud pocos años posterior. Sin embargo, por sus relaciones estilísticas y de contenido con las Institutiones oratoriae de Quintiliano y con el Panegírico de Trajano, no faltan quienes opten por una datación más tardía en los primeros años del siglo II.
Materno discute con Apro sobre la primacía de la poesía sobre la oratoria. Luego la discusión se centra exclusivamente sobre la oratoria. Apro defiende la modernidad y asegura que los oradores de su tiempo no tienen que hacer concesiones al antiguo estilo de la oratoria republicana, pues los tiempos han cambiado. Mesala, en cambio, cree en el valor imperecedero de Cicerón y sus contemporáneos. Según él, en el presente la oratoria está en decadencia a causa del abandono del estudio de los viejos oradores en la educación de los jóvenes.
El diálogo acaba con una intervención de Materno, el poeta, quien zanja la cuestión con un acertado criterio histórico: es la diferencia de régimen político la que determina la decadencia de la oratoria. En la República, una época más agitada, era precisa la elocuencia para hacer carrera política y conseguir apoyos en las actividades públicas. Desde que Roma vive en una larga paz y estabilidad gracias al gobierno de los emperadores, no hacen falta buenos oradores. No se puede asegurar que este fuera el punto de vista del propio Tácito, pero, si así fuera, estaría expresado a la vez con una buena dosis de ironía y de prudencia para no irritar al emperador. Lo que se dice entre líneas es que sin un régimen político libre la oratoria pierde su función.
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Tácito - VIDA DE JULIO AGRICOLA

De vita Iulii Agricolae, conocida también con el título abreviado de Agricola, es su primera obra con contenido histórico. Tácito asocia en ella la biografía y la monografía histórica. La parte biográfica en sentido estricto ocupa los primeros capítulos solamente. Dos tercios de la obra están dedicados a las campañas militares y el gobierno de Agrícola en Britania, suegro del autor, probablemente lo más importante de las realizaciones del protagonista. Dedica también alguna atención a la etnografía y geografía del país.
La obra fue redactada tras la muerte de Agricola a los 53 años de edad. Por ello sigue en gran medida la tradición del elogio fúnebre (laudatio funebris) tradicional que pronunciaba un familiar en el entierro de los personajes destacados según la tradición romana. Pone su énfasis en las conductas y actuaciones personales de Agrícola que encajan en el marco de la vieja virtus aristocrática.
Tácito no se limita a tratar de la vida, cualidades y hazañas de su suegro. Siempre está presente su propio pensamiento, por lo que nos aporta un reflejo de sí mismo. También dedica su atención a lo que supuso el terrible periodo de gobierno de Domiciano, cuyas ignominias destaca. El final de la obra (cap. 43), en el que Tácito, aunque no lo suscriba, se hace eco del rumor según el cual la causa de la muerte de Agrícola había sido un envenenamiento que podía ser atribuido a Domiciano, sirve para completar la imagen perversa del emperador.
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Tácito - DE LAS COSTUMBRES, SITIOS Y PUEBLOS DE LA GERMANIA

De origine et situ Germanorum, conocido también como Germania, describe a los germanos y su país. La monografía tuvo que escribirse muy poco después del primer año del reinado de Trajano (98), que fue también el de su segundo consulado, pues Tácito utiliza esta fecha como referencia para calcular cuánto tiempo había transcurrido desde los primeros ataques de los cimbrios.
La obra es en general muy objetiva. De sus fuentes literarias Tácito solo menciona a César, pero hay que añadir a Plinio el Viejo y a otros historiadores y geógrafos. Además de la información literaria, Tácito, de quien no consta que tuviera conocimiento directo de los pueblos que habitaban Germania, debió de recopilar las narraciones orales de soldados, mercaderes y viajeros que regresaban del otro lado del Rin.
Una primera parte del librito se dedica al estudio global de los germanos: geografía física, instituciones, vida privada y cotidiana, aspectos militares, etc. Luego, de forma más detallada, se describen las peculiaridades de cada etnia por separado.
Pero no todo es objetividad en la obra.
Tácito no renuncia a reflejar su visión personal de los germanos y sus relaciones con Roma. Su intención es mostrar cómo entre aquellos se seguían cultivando virtudes que en otro tiempo imperaron en Roma. Creía reconocer en ellos los viejos valores de austeridad, dignidad y valor militar que en otro tiempo poseyeron los romanos, pero que habían venido a menos en tiempos posteriores. Tácito ve con simpatía ciertas características de estos pueblos: su primitivismo, proximidad a la naturaleza, pureza y rusticidad. La comparación con la Roma del momento está siempre presente de forma explícita o implícita. Y la vieja Roma no sale bien parada por su espíritu decadente. Sin embargo, no hay que pensar que el autor profesa una admiración acrítica por los germanos: es consciente de sus defectos principales, como eran la afición a la bebida y el juego, la tendencia a la inactividad en tiempos de paz y la tremenda indisciplina militar.
Además veía cómo los germanos constituían un peligro real para Roma, cuyo deterioro moral la incapacitaba para una defensa eficaz. Sus virtudes guerreras los hacían superiores a los ejércitos romanos, preocupados en muchas ocasiones por intereses que nada tenían que ver con la defensa del imperio. Así, en el capítulo 37, donde se ocupa de los cimbrios, revisa todos los contratiempos que Roma había sufrido por su causa desde los primeros ataques del año 113 a. C. No duda en expresar su admiración por ellos cuando los califica de «pueblo pequeño, pero enorme por su gloria»: el pueblo varias veces derrotado, pero nunca sometido.
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Apiano de Alejandría - HISTORIA DE ROMA, SOBRE IBERIA

Apiano era natural de Alejandría (Egipto). Sobre su vida estamos poco informados, aunque este escribiera una biografía, la cual no nos ha llegado. Los pocos datos de su vida los hemos descifrado de su obra y de una epístola con Frontón, el preceptor de Marco Aurelio.
Sabemos que durante su vida alcanzó una posición elevada en su país, que después ejerció de abogado en las cortes de los emperadores y por último obtuvo el cargo de "Procurator Augusti o Augustorum o procurador del emperador o emperadores (en época de Marco Aurelio) (Este cargo se obtiene si se es Ciudadano Romano y se pertenece a la nobleza ecuestre o al senador. Por eso suponemos que Apiano obtuvo estos rangos en la sociedad romana.).Este cargo lo obtuvo gracias a la influencia de su amigo Frontón, que fue preceptor de uno de los emperadores del momento, y que apoyó su propuesta añadiendo datos de su honestidad y madurez para el cargo.
Apiano escribió una Historia de Roma en 24 libros, que abarca desde los tiempos más remotos hasta el comienzo del reinado de Vespasiano, en la que utilizó noticias recogidas de diversas fuentes griegas. De ellos nos han llegado completos sólo nueve y fragmentos de los restantes; los más valiosos son los libros 13 al 17, en los que hace un repaso de los períodos de mayor turbulencia en la historia de Roma: la Guerra Social, el enfrentamiento entre Mario y Sila, la conjuración de Catilina, y el Primer y Segundo Triunviratos.


En el presente volumen se recoge lo escrito por Apiano referente a Hispania, dado que su relato queda estructurado, no de acuerdo con un criterio cronológico, sino en torno a los diferentes pueblos y países que las legiones romanas fueron conquistando a lo largo de su marcha triunfal por el orbe conocido.
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Cayo Cornelio Tácito - ANALES

Los Annales tienen como título completo Annalium ab excessu divi Augusti libri («Libros de anales desde la muerte del divino Augusto»). San Jerónimo escribe de Tácito que «refirió la vida de los césares en treinta libros desde Augusto a Domiciano.» De ello se desprende que las dos obras fundamentales, Annales e Historiae, formaron una secuencia sin solución de continuidad. Si las Historiae cubrían desde Galba a Domiciano, los 16 libros de los Annales recogen la historia inmediatamente anterior, desde la muerte de Augusto a la de Nerón. Pero no ha de olvidarse que se trata de dos obras distintas en su planificación y desarrollo. En Annales 16 libros cubren 54 años, mientras que los 14 de Historiae habían servido para historiar solo 27. Es evidente, pues, que la narración es mucho más detallada en las Historiae, quizá por la mayor proximidad de los hechos que en ellas se tratan. Es significativo que en ellas los cuatro primeros libros se dediquen a un solo año, el 86, aunque es muy cierto que la densidad de acontecimientos vivida en él exigía el uso de una escala mucho mayor que la que se precisaría en otros momentos.
Como siempre, los poquísimos datos de que disponemos son muy imprecisos. Hay un pasaje en la propia obra que da una pista. En 2.61 se hace mención de «...el imperio romano, que ahora se extiende hasta el Mar Rojo», donde con este nombre hay que entender que se refiere al Golfo Pérsico. De este dato podría inferirse que los Anales se comenzaron a escribir inmediatamente después de la conquista de Mesopotamia el año 114. La obra se acabaría ya en tiempos de Adriano en fecha próxima a la muerte del escritor.
De Annales se nos han conservado los cuatro primeros libros, el comienzo del quinto, el sexto, con excepción de su comienzo, y luego los libros XI a XVI con lagunas a principio y fin. Los seis primeros están dedicados al reinado de Tiberio. En la segunda parte conservada se incluyen los reinados de Claudio desde el año 47 y de Nerón hasta el 66.
Como género historiográfico, los anales se caracterizaban por referirse a hechos alejados del tiempo vivido por su autor. Los hechos se disponían anualmente, de ahí su nombre. Aunque los Anales de Tácito se organicen de esta manera, trascienden el género analístico, pues se plantean miras muchos más amplias, relacionadas con las causas y efectos de los acontecimientos y la influencia en ellos de los rasgos de carácter y las pasiones de sus protagonistas. En este sentido, tienen mucho de biografía, ya que el retrato psicológico ocupa un espacio importante en la obra. La primera parte contiene un soberbio —y tendencioso— retrato de Tiberio. En la parte final los personajes de Nerón y Agripina compiten por el poder y crean una situación en la que ya no caben hombres como Lucio Anneo Séneca, quien con sus doctrinas estoicas tanto había contribuido a temperar las conductas del emperador.
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Guglielmo Ferrero - GRANDEZA Y DECADENCIA DE ROMA

Guglielmo Ferrero (Portici, 1871 - Monte Peregrino, 1942) fue un historiador italiano. Discípulo de Lombroso, continuó su positivismo. Desde su primera obra importante, Grandeza y decadencia de Roma, publicada de 1901 a 1907, demostró una acusada tendencia a la Sociología y a la Filosofía de la Historia. Llegado el fascismo, se alineó entre sus adversarios más intransigentes y hubo de desterrarse. Acogido en Suiza, prosiguió la lucha contra el citado régimen político y obtuvo en 1930 la cátedra de Historia de la Revolución Francesa en la Universidad de Ginebra.
Los cursos de esta materia dieron lugar a dos obras, escritas en francés: Aventura, Bonaparte en Italia (1796-1797) y Reconstrucción, Talleyrand en Viena (1814-1815). En ellas pretendió señalar a los políticos contemporáneos los caminos para una paz estable. Al mismo tiempo, enseñó Historia en el Institut Universitaire des Hautes Études Internationales y escribió Poder, publicado en inglés en 1942.

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Ammiano Marcelino - HISTORIA DEL IMPERIO ROMANO

Amiano Marcelino, historiador latino del siglo IV originario de Antioquía (Siria), escribió la última de las grandes "Historias del Imperio Romano': Las Res Gestae. En ella analiza la historia de Roma entre los años 96 y 378 D.C., pero los trece primeros libros se han perdido, de modo que sólo tenemos el relato de los años 353-378. Amiano Marcelino es un autor bastante preocupado con los problemas que el Imperio experimenta en su época, y entre ellos el de la amenaza bárbara, no sólo por el peligro que suponían los feroces pueblos que vivían allende las fronteras del Estado Romano, sino también por la progresiva barbarización de la vida romana, sobro todo en lo que al ejército se refiere. En ese sentido, Amino es un literato tremendamente hostil al bárbaro, al cual tipifica como el enemigo por antonomasia de la civilización grecolatina, ser aberrante y destructor, polo opuesto de las virtudes del hombre mediterráneo, en la más pura línea para la etnografía clásica.
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