Mostrando entradas con la etiqueta Historia General de España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia General de España. Mostrar todas las entradas

Modesto Lafuente – HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA

La monumental Historia General de España de Modesto Lafuente, es considerada el paradigma de la historiografía nacional del pensamiento liberal del siglo XIX. Pensamiento que hunde sus raíces en el periodo de la Ilustración, comienza a desarrollarse durante la Guerra de la Independencia, y adquiere carta de naturaleza con el romanticismo imperante de la época isabelina. Con su publicación finaliza el hasta entonces “reinado” de la Historia del padre Mariana, y se inaugura éste nuevo, mucho más acorde con las exigencias nacionales del momento. 
La obra de Lafuente, publicada en su primera edición entre 1850 y 1867, llegó a alcanzar un lugar de privilegio casi unánime en toda la sociedad de la segunda mitad del XIX, y hasta bien entrado el siglo XX. Su predicamento fue tal que devino en símbolo cultural de toda institución que se preciara de importante: ayuntamientos, bibliotecas de ateneos, casinos y centros docentes, así como bibliotecas particulares de políticos, burgueses y militares. Pero su difusión fue incluso mucho más lejos del círculo elitista e intelectual. Por su aparente llaneza de composición y lenguaje, así como por las múltiples anécdotas y pequeñas historias que jalonan su discurso identitario nacional, la Historia de Lafuente sirvió de modelo a muchos autores de libros de texto y manuales de enseñanza, arraigando vivamente entre las clases medias españolas, al punto que su posesión fue signo de cierta distinción. «En cuanto a la claridad —escribe Lafuente en el prólogo a la primera edición—, siempre he preferido a la vanidad que se disfraza bajo la brillantez de las formas, la sencillez que Horacio recomienda tanto, aconsejando a los autores que escriban no solo de manera que puedan hacerse entender, sino que no puedan menos de ser entendidos. La historia no es tampoco un discurso académico». 
Definitivamente, el éxito obtenido le avaló un cierto status oficial como modelo de historia general de la nación. «La historia pasó a ser un género con una gran aceptación —escribe Marc Baldó Lacomba de la Universitat de València en su artículo Regeneracionismo en la universidad y creación de la sección de historia (1900-1923)—. Todo miembro de la burguesía o clase media que se preciara tenía en su casa, al menos, una Historia de España en varios volúmenes. Además, la lectura histórica se consumía en distintos formatos: como compendio, como síntesis, como novela (ahí están los Episodios nacionales de Galdós). La historiografía liberal, especialmente la de la época romántica, era un género que, con frecuencia, estaba a caballo entre la literatura y la erudición; tenía que estar bien escrita para ser comprada y leída, y pasó a tener una amplia difusión; los historiadores de entonces eran buenos narradores, si no el mercado los hubiese marginado (en el liberalismo, como es sabido, el mercado manda)». 
La Historia de Lafuente no fue un caso aislado en la producción historiográfica del momento. Las historias generales constituyeron un género muy difundido en la Europa liberal del XIX. En estas obras, influidas en gran medida por la Historia de la civilización del francés Guizot, se sientan unas bases metodológicas sobre las que interpretar el devenir histórico, bases que tienen como epicentro el concepto aglutinador de nación, el romántico volkgeist o “alma nacional”, concepto que destilado de los acontecimientos, hasta de los más remotos, buscó la legitimación del estado-nación en el presente. La Historia, vista así, deja de ser un mero compendio de crónicas dinásticas y acontecimientos diplomáticos y militares, para centrarse en el protagonista por excelencia de los avatares históricos, un sujeto colectivo: la nación. Surge así una imagen inmutable de la genealogía nacional, basada en la arraigada caracterización del pueblo español como valeroso, religioso y básicamente conservador. En la magna obra de Modesto Lafuente, como en casi todos los escritores del siglo XIX, de cualquier signo ideológico, a la nación española se la identificó con el pueblo y con su manera de ser, confiriéndoles el carácter de atemporales y eternas a tales categorías sociológicas. Los españoles, por tanto, eran ese nuevo concepto político que adquiría rango de categoría histórica. Españoles eran los que, a lo largo de los siglos, habían encarnado el espíritu de un pueblo y habían defendido sus instituciones. Españoles que además, desde ahora, se convertían en los nuevos protagonistas del discurso político y, por supuesto, del relato historiográfico. Eran la nación, ni más ni menos. Por eso Modesto Lafuente podía escribir en el prólogo de su obra que “hace veinte años no hubiéramos podido publicar esta historia”, porque efectivamente escribía cuando ya la soberanía nacional permitía establecer un nuevo sujeto del devenir histórico. 
Con todo, «no había, sin embargo, un plan gubernamental o estatal para utilizar a los historiadores en pro de la nacionalización del país —escribe Jorge Vilches en su artículo Los liberales y la Historia—, o para inculcar una determinada ideología o mentalidad. Modesto Lafuente era un liberal, progresista pero de orden, muy independiente; fue sacerdote, luego periodista satírico –Fray Gerundio– y finalmente un historiador que vivió de su pluma sin depender de encargos institucionales ni tener que someterse a consigna académica alguna. Es más: los tres hombres que continuaron su Historia General no coincidían políticamente: Juan Valera era conservador; Andrés Borrego, liberal-conservador, y Antonio Pirala, progresista. Pero aquella obra se convirtió, como ha escrito Sisinio Pérez Garzón, en el libro de Historia de cabecera de las clases medias. 
Del artículo El nacionalismo español en los manuales de historia, a cargo de Ramón López Facal y publicado en Educació i Historia: Revista d´Historia de l´Educació (nº 2, 1995), extraemos lo siguiente: 
«La historiografía romántica liberal, especialmente la magna obra de D. Modesto La Fuente publicada entre 1850 y 1867 influyó de manera decisiva en la definición de estereotipos básicos de la historiografía posterior, especialmente en las obras escolares. En la Historia de España de Lafuente se perfila con nitidez el concepto de nación española (resultado de proyectar al pasado del modelo de Estado liberal-burgués) que perdurará durante mucho tiempo apenas matizado desde otras opciones ideológicas; la articula a partir de los siguientes elementos:  
- La idea de soberanía territorial: España es una nación formada por un territorio con cierta unidad, delimitado por unas fronteras que vienen determinadas en gran medida por una realidad geográfica «natural». 
- La unidad legislativa y política. La nación se constituye cuando está presente cierto grado de unidad política, con un gobierno «central» y un sistema legislativo común. 
- Una identidad de carácter. Los habitantes que viven en un mismo territorio están condicionados por el medio geográfico y participan de un mismo tipo de comportamiento. 
- La unidad religiosa. La religión católica ha contribuido a forjar la identidad de los españoles. Este rasgo es una aportación relevante de los historiadores moderados (Lafuente) común con los tradicionalistas (Gebhartd...) 
Esta concepción de la nación va a ser tan común que ni siquiera entre los autores más progresistas se suele poner en cuestión la importancia del catolicismo en la formación de la identidad nacional, ni se hace una reivindicación expresa de la soberanía nacional como un elemento constitutivo básico de la nación. Cuando algún historiador más radical critica —excepcionalmente— la importancia que la mayor parte de la historiografía dominante otorgaba al cristianismo en la formación de la identidad española, no lo hace desde una perspectiva racionalista-ilustrada del contrato social sino también desde cierto historicismo romántico, reivindicando una identidad común anterior al cristianismo en la época ibérica. 
Tras analizar más de una veintena de Historias de España publicadas en el siglo XIX, en su mayor parte manuales escolares, podemos resumir algunos rasgos comunes a todas ellas y muy similar al esquema adoptado por la historiografía francesa: 
- Los primeros pobladores históricos que se identifican son los iberos y a ellos se atribuye el origen del «carácter español». Se valora positivamente su «lucha por la independencia» frente a los fenicios, los cartagineses y sobre todo a los romanos. 
- Los visigodos son el origen de la monarquía hispánica y los primeros en lograr su «unidad política». 
- La Reconquista fue la gran forja de la nación. Los españoles (identificados exclusivamente con los cristianos peninsulares) expiaron el pecado de su desunión y los vicios de costumbres degeneradas; sólo con su unidad tras ocho siglos de esfuerzos lograron consumar la unidad perdida.  
- Los Reyes Católicos lograron la culminación de las aspiraciones nacionales al restaurar la unidad. Desde posturas ideológicas incluso contrapuestas se considera su reinado como el momento de mayor esplendor nacional. 
- La monarquía de los Austrias recibe una valoración más crítica; se la considera, generalmente, responsable de la decadencia española al dedicar los esfuerzos más importantes a empresas exteriores olvidando las verdaderas preocupaciones de la nación (representadas para muchos por los comuneros). A finales del XIX, desde posiciones tradicionalistas y neocatólicas se inicia la reivindicación de los reinados de Carlos I y Felipe II «providenciales» porque salvaron a Europa de los turcos y frenaron la expansión del protestantismo.
- El siglo XVIII se valora de manera diferente dependiendo del sesgo ideológico de los historiadores. Sin duda su mayor proximidad al proceso revolucionario-liberal influyó en ello. Para la mayoría merece una valoración positiva la voluntad modernizadora y de progreso de los gobernantes ilustrados (incluso entre autores muy moderados, aunque algunos hacen salvedad de la expulsión de los jesuitas por Carlos III). Los tradicionalistas y neocatólicos del último tercio del siglo censuran esos esfuerzos modernizadores que consideran contrarios al «verdadero sentir de la nación». 
- La revolución liberal apenas tiene cabida en los manuales escolares. En los textos publicados durante el siglo XIX se glorifica la guerra contra Napoleón y suelen evitar valoraciones sobre la etapa isabelina. En España no se produjo ningún fenómeno comparable a la reivindicación del proceso revolucionario realizada en Francia durante la III República. La influencia de la Iglesia católica y la hegemonía política del liberalismo doctrinario (partido moderado en la época isabelina y partido conservador a partir de la Restauración) propiciaron que incluso autores progresistas asumiesen un concepto de nación esencialmente conservador, sin considerar la soberanía nacional uno de sus rasgos definitorios». 
Es cierto que ante tales consideraciones, y a pesar de la ingente documentación de la que se hace uso, la obra de Lafuente carece de un cierto rigor científico. Es necesario señalar que el autor de la Historia General de España, como muchos otros que siguieron sus pasos, no era fundamentalmente un historiador. El rigor científico no se consideraba como absolutamente indispensable. Hasta principios del siglo XX los estudiosos y narradores de la historia se basaban en una formación filológica, jurídica, teológica, filosófica, literaria, periodística, política e incluso médica. 
Será unos años después, con la recepción tardía del positivismo en España cuando los especialistas de la Academia de la Historia, con Cánovas del Castillo como coordinador, y más tarde, la fundación del Centro de Estudios Históricos en 1909 (entidad en la que colaboran los dos principales impulsores de la historiografía española: Altamira y Menéndez Pidal), se planteen la necesidad de alcanzar un nivel de conocimiento científico suficiente como base de cualquier trabajo histórico. 
A medida que finalizaba el siglo XIX tomaba auge el inevitable debate sobre los fundamentos del Estado unitario por parte del historicismo regionalista, especialmente el catalán. El discurso de Lafuente se le antojaba excesivamente castellanista y excluyente; una historiografía centralista que intentaba monopolizar la representación de España. Presumiendo el autor de la Historia General las acusaciones que del tal frente habrían de imputarle, escribe en su prólogo: «Si en todas las historias son esenciales requisitos el método y la claridad, necesitase particular estudio para evitar la confusión en la de España, acaso la más complicada de cuantas se conocen, señaladamente en las épocas en que estuvo fraccionada en tantos reinos o estados independientes, regido cada cual por leyes propias y distintas, y en que eran tan frecuentes las guerras, las alianzas, los tratados, los enlaces de dinastías, que hacen sobremanera difícil la división sin faltar a la unidad, y la unidad sin caer en la confusión. Procuro, pues, referir con la separación posible las cosas de Aragón y las de Castilla, las de Navarra, Portugal o Cataluña, y las que tenían lugar en los países dominados por los árabes; aparte de los casos en que los sucesos de unos y otros estados corrían tan unidos que hacen indispensable la simultaneidad en la narración. (…) Siento haber de advertir que una historia general no puede comprender todos los hechos que constituyen las glorias de cada determinada población, ni todos los descubrimientos que la arqueología hace en cada comarca especial. No haría esta advertencia, que podría ofender al buen sentido de unos y parecer excusada a otros, si no tuviera algunos antecedentes para creerla necesaria». 

La presente edición de 25 tomos corresponde a la Historia General de España desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Continuada desde dicha época hasta nuestros días (muerte de Alfonso XII) por D. Juan Valera con la colaboración de D. Andrés Borrego y D. Antonio Pirala. Impresa en Barcelona por Montaner y Simón entre 1888 y 1890.

ENLACES

TOMO I     TOMO II     TOMO III     TOMO IV      TOMO V    

TOMO VI     TOMO VII     TOMO VIII      TOMO IX     TOMO X     

TOMO XI     TOMO XII     TOMO XIII     TOMO XIV     TOMO XV    

TOMO XVI     TOMO XVII     TOMO XVIII     TOMO XIX     

TOMO XX     TOMO XXI     TOMO XXII     TOMO XXIII    

 TOMO XXIV     TOMO XXV
LEER MÁS (ENLACE)- Modesto Lafuente – HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA

Joaquim Pedro de Oliveira Martins - HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN IBÉRICA

Joaquim Pedro de Oliveira Martins (Lisboa, 1845-1894) fue historiador, economista, antropólogo, crítico social y polític. Su vida y obra tuvo una considerable influencia entre los intelectuales y políticos portugueses de la segunda mitad del siglo XIX.
Dotado de una curiosidad científica sin límites, entre 1879 y 1885 publicó una Biblioteca de las Ciencias Sociales que, abarcando un amplio espectro de disciplinas (historia, antropología, religión, economía, etc.), constituyó un muy ambicioso proyecto de divulgación de la cultura y ciencia del momento. A partir de 1885 su interés se centró en la prensa (fundó A Provincia en 1885 y O Repórter en 1888) y en escribir biografías de la edad de oro de la historia portuguesa (siglos XV y XVI). Así publicó su Portugal nos Mares (1889), Camões, Os Lusíadas e a Renascença em Portugal (1891), o Os fifilhos de D. João I (1891).

Miembro destacado de la llamada “generación del 70” junto a figuras como Antero de Quental o Eça de Queiroz, mantuvo además una estrecha relación con intelectuales españoles como Juan Valera, Cánovas del Castillo, Menéndez Pelayo o Pérez Galdós. Su História da civilização ibérica (1879), escrita como reacción al desprecio hacia los pueblos ibéricos y a la la leyenda negra hispánica persistente en la historiografía británica (en especial en Henry Thomas Buckle), muestra su confianza en un futuro resurgimiento de las naciones peninsulares. La obra tuvo considerable influencia en España desde que se tradujo en 1894.



Extraído de Urgoiti editores
ENLACES
MIRROR 1                          MIRROR 2
LEER MÁS (ENLACE)- Joaquim Pedro de Oliveira Martins - HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN IBÉRICA

Eugenio García Barbarín - NOCIONES DE HISTORIA DE ESPAÑA

Escrito a modo de catecismo, la obra de Barbarín sirvió como libro de texto para el estudio de la Historia de España, durante los primeros años del siglo XX.
ENLACE
http://rapidshare.com/files/328808614/Eugenio_Garc__a_Barbarin_-_Nociones_de_Historia_de_Espa__a.pdf
LEER MÁS (ENLACE)- Eugenio García Barbarín - NOCIONES DE HISTORIA DE ESPAÑA

Ascargorta - COMPENDIO DE LA HISTORIA DE ESPAÑA

Advertencia del autor
Aunque son varios los compendios de la historia nacional publicados hasta el dia, lo diminuto de los unos, lo inexacto de los otros, y lo voluminoso de los que hay mas recomendables, son causa de que aquellos no surtan todo el efecto que se desea, y de que estos últimos se vean solamente en manos de aquellas personas que por sus facultades pueden adquirirlos, y que se hallan bastante desocupadas para entregarse á su lectura. Estas consideraciones escitaron en el editor del Compendio de la Historia universal, compuesto en frances por M. d'Anquetil, y traducido por el padre Don Francisco Vazquez, la idea de publicar separadamente, en favor de los que no pueden hacerse con obra tan costosa, la parte de historia de España que hubiese de servir en ella, purgándola primero de todos los errores en que suelen incurrir los estrangeros cuando escriben de nuestra nacion, rectificando los hechos que en ella se encuentran desfigurados, y haciendo la honorífica mencion que se merecen aquellos que serán perpetuos monumentos de nuestra gloria.
A este efecto la sujetó desde luego á una severa correccion. Lo fué mucho la que en su version castellana recibió de la religiosa, erudita y patriótica pluma del digno traductor de toda la obra; pero concluido este vasto trabajo, y á pesar de algunos ensayos posteriores para perfeccionarle, llegó á persuadirse el editor de que no solo seria insuficiente repetirlos, sino de que para su objeto era inevitable una verdadera refundicion; y prefirió este medio, desentendiéndose generosamente de los gastos hechos hasta entónces.
El favor que le he debido siempre, y la escesiva confianza con que honra mis cortos talentos, le determinaron á elegirme para una empresa de tal consideracion entre tantos sugetos como hay en la corte y fuera de ella, sin duda mas capaces de desempeñarla con acierto; y aunque le hice presente mi limitada capacidad, la escasez de mis conocimientos, en una palabra, mi ninguna disposicion, tuvo la bondad de interpretar benignamente modestia lo que en realidad solo era convencimiento de mi ineptitud. Hube pues de rendirme á sus instancias, y animado de la indulgencia con que el público ha recibido en alguna otra ocasion el fruto de mis tareas, tomé á mi cargo un empeño tan superior á mis fuerzas, y en el que así por esta razon, como por ser primer ensayo en este género, desconfio mucho de haber llenado las ideas de los inteligentes.
Este es el Compendio que ahora se ofrece al público, aumentado con la parte histórica de los sucesos anteriores á la dominacion de los godos, de que no se hace mencion en la edicion del de la Historia universal, por hallarse ya compendiados en élla anteriormente, con motivo de tratar su escritor de los cartagineses y romanos. En él se echará ciertamente de ménos aquella gracia de estilo con que de una plumada describe Anquetil los hechos mas complicados, y que en vano be procurado imitar; pero me lisonjeo de que en cambio se hallará bastante verdad y exactitud. Por lo ménos puedo asegurar de que, la he procurado; y aunque la precipitacion con que me he visto precisado á trabajar en esta obra, por no dar motivo á que se suspendiese la publicacion de la Historia universal, no me ha permitido consultar los preciosos códices, documentos y memorias esparcidos por una multitud de archivos, he creido que nada aventuraba en circunscribirme á redactar lo que han dejado escrito historiadores recomendables, siempre que comparándoles entre sí, y examinando los fundamentos de sus opiniones, acertase á proceder con alguna crítica. Si lo hubiese conseguido, este será mi único mérito, y á la verdad no seria el ménos apreciable, si tuviese la fortuna de que el público ilustrado quedase satisfecho.
No es esto decir que he prescindido absolutamente de la obra de Anquetil: léjos de eso se hallarán trozos enteros en que apénas he hecho mas que traducir aquel original; porque como en medio de todos sus descuidos, se le advierte en ocasiones bastante conforme á nuestras historias, me ha parecido justo tributar este corto homenage al crédito de un escritor, á cuyo nombre ha salido á luz el resto de la obra.
Si la consideracion de que en la formacion de este Compendio no he tenido otro objeto que complacer á un amigo, y emplearme de algun modo en utilidad de mi patria, puede merecer algun aprecio entre las personas sensatas para disculpar mi atrevimiento, conozco que no podria libertarme de la nota de imprudente, si tuviese la temeridad de manifestar sin necesidad mi nombre á la frente de un trabajo que por tantas razones no debo ofrecer al público sin desconfianza. Este es el motivo porque me he determinado á ocultarle, y si por dicha lograse aquel alguna aceptacion, la felicidad sola de haber llenado mi objeto será la mayor de las recompensas que pudieran lisonjearme.



ENLACE
LEER MÁS (ENLACE)- Ascargorta - COMPENDIO DE LA HISTORIA DE ESPAÑA

Ángel Salcedo Ruiz - HISTORIA DE ESPAÑA

Historia de España; resumen crítico por Ángel Salcedo Ruiz (Académico de número de la Real de Ciencias Morales y Políticas) e Historia gráfica de la civilizacion Española (ilustración y notas explicativas de la misma) por Manuel Ángel y Álvarez. 1,715 grabados; 111 láminas de prehistoria, arqueología, indumentaria, armas, monedas, cerámica, orfebrería, arte, suntuarias, etc., etc., 504 retratos; multitud de reproducciones de documentos diversos, etc.  Impreso por la Casa editorial Saturnino Calleja, Madrid, 1914.

Sobre el autor
Ángel Salcedo Ruiz nació en Cádiz en 1859  y falleció en Madrid el año de 1921, fue periodista, político, historiador de la literatura y escritor. De ideología integrista pero bonachón y liberal, perteneció al cuerpo jurídico militar, fue diputado, académico de la de Ciencias Morales y Políticas, auditor general y, sobre todo, un buen periodista y propagandista neocatólico. Asimismo, publicó numerosas obras de diversa índole e intencionalidad. Usó los seudónimos de Máximo y Víctor en el semanario La Lectura Dominical, donde tenía sección fija, "Crónicas Semanales". También colaobró en El Universo, El Siglo Futuro y La Época. Perteneció a la Asociación de Prensa de Madrid desde 1912.

Introducción a la obra
Pasen de largo los sabios; no es para ellos este libro. Como su título declara, es un Resumen, y busca su público en el gremio estudiantil y en aquella multitud de gentes ilustradas que desean conocer la historia de su patria y saberla conforme á los últimos adelantos de la investigación erudita y crítica, pero que por la índole de sus estudios o por sus ocupaciones profesionales no pueden dedicar á esta tarea ni el dispendio ni el tiempo necesario para adquirir y leer las obras voluminosas y la muchedumbre de monografías, opúsculos, conferencias, discursos y artículos en que anda esparcida esa última palabra de la ciencia histórica.
No hace muchos días que el docto académico D. Jerónimo Becquer, en artículo publicado en La Época, se lamentaba de la falta de libros manuales vulgarizadores del copiosísimo caudal de investigaciones y sana critica creado por tantos varones doctos é infatigables para el trabajo. Este libro quiere ser uno de esos que el Sr. Becquer echa de menos.

Comprende tres partes distintas, ó mejor dicho, cuatro. La primera (438 páginas), distribuida en diez y seis capítulos, es el resumen de nuestro pasado, desde la formación geológica del suelo peninsular hasta la guerra de la Independencia. Se ha procurado familiarizar al lector con las fuentes directas, indicando precisamente lo que dicen ellas y advirtiendo lo que omiten para que puedan darse cuenta de los que son hechos probados, ó por lo menos datos probables, y los distingan de las conjeturas ó las invenciones, que tanto abundan en nuestros más acreditados libros de historia. Los hístoríadores antiguos, más artistas ó literatos que científicos, aspiraban á convencer á su público de que sabían ellos perfectamente cuanto había ocurrido en el período historiado, y de aquí los inventos con que llenaban las lagunas de su inevitable ignorancia. Vinieron luego los historiadores filosófícos y politicos, para quienes los hechos eran argumentos con que probar tesis preconcebidas. ¿Y qué no ha de idear quien aprecia el dato como razón para ganar su pleito? Quien de veras quiera iniciarse en la Historia á la moderna, no sólo tiene que aprender muchas cosas nuevas, sino que olvidar otras muchas que han pasado por hechos, y no son más que figuraciones.

La segunda parte (desde la página 439 á la 665) es una monografía del reinado de Fernando VII, y se le ha dado esta extensión porque ese período tiene singularísima importancia para los lectores de nuestra época, toda vez que constituye lo que, parodiando á Taine, podemos llamar Orígenes de la España contemporánea: entonces, en efecto, planteáronse todas las cuestiones religiosas, políticas y sociales que aún están sobre el tapete, y nuestro tiempo no es sino la prolongación de aquel tiempo. La historia del reinado de Fernando VII se ha escrito muchas veces, algunas en absolutista, otras — las más — en liberal. Nosotros hemos ensayado, y sentiríamos extraordinariamente no haberlo conseguido, escribirla en historiador.

La tercera parte (desde la página 665 á la 912) son unos Anales contemporáneos. Cada año, desde el 29 de Septiembre de 1833 al 31 de Diciembre de 1912, es objeto de una breve crónica en que se apuntan los principales acontecimientos sociales, religiosos, políticos y militares, y hasta 1868 también los de orden científico, literario y artístico, sin excluir la tauromaquia, que, aunque lo deploremos algunos, tiene tanto interés para muchos, y da á nuestro desenvolvimiento histórico un rasgo especial de fisonomía. En obsequio á la brevedad, ó mejor dicho, para no hacer demasiado voluminoso el libro, desde 1868 se ha omitido esta parte, tan interesante de suyo, asi como en todos los Anales, citar las fuentes de que brota y en que se apoya la relación de hechos. Más sentimos no haber incluido, siquiera fuese sucintamente, la historia de las naciones de América, nuestras hermanas; pero nuestro libro comprende toda la de la emancipación ó separación, con lo que las grandes figuras de Bolívar, San Martin y demás caudillos hispano americanos, reverenciados al otro lado del Océano como padres y fundadores de pueblos, se ofrecen en estas páginas con el conveniente relieve, quizás por vez primera en un Manual de Historia de España escrito en la Península.

La cuarta parte, á que nos referimos arriba, y qué quizás muchos aprecien más que ninguna, está esparcida por todo el libro y es la Historia gráfica de la civilización española, por el notable artista D. Manuel Ángel. Comprende, como verá el lector, una copiosa ilustración prehistórica, otra no menos interesante de obras artísticas, reproducciones de cuadros de asunto histórico, dibujos originales del Sr. Ángel interpretando escenas y sucesos, retratos morales, osea imaginados por el mismo artista en virtud de los datos históricos, y de cuya importancia no cabe dudar en una obra que aspira á interesar á los niños, pues es sabido que la representación gráfica, aunque no sea real, es el mejor instrumento pedagógico para fijar en las mentes infantiles el recuerdo del personaje retratado, y, finalmente, dos seríes que han de agradar á todos: una, la historia del traje en España, desde los tiempos primitivos hasta nuestros dias; otra, la galería de retratos de personajes amtetnporáneos. Para el mejor conocimiento de su Historia gráfica ha redactado el Sr. Ángel unas notas explicativas que van en el texto, con la conveniente distribución o separación de las del cuerpo del libro. Quizás repare algún lector meticuloso que no siempre coinciden los datos y apreciaciones de las notas explicativas del artista con los del texto y notas de éste: no achaquen á descuido la discrepancia; es que, tan respetuosos con la obra artística como con la literaria, hemos querido que dentro del Resumen histórico- critico vaya la Historia gráfica de la civilización española de D. Manuel Ángel, formando, no un accidente ó complemento de aquél, sino un cuerpo orgánico independiente.


ENLACE
http://rapidshare.com/files/326270795/Angel_Salcedo_Ruiz_-_Historia_de_Espa__a.pdf


LEER MÁS (ENLACE)- Ángel Salcedo Ruiz - HISTORIA DE ESPAÑA