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Anatole France – EL POZO DE SANTA CLARA

Publicado en 1895, bajo este título nos ofrece el autor una colección de narraciones escritas en Italia. Anatole se sirve de la figura del franciscano y erudito Adone Doni, quien le relataba a las afueras de Siena, sentados junto al Pozo de Santa Clara, llamado así por la visión de la faz de la santa que San Francisco tuvo en el lecho del mismo, estas historias ambientadas en la época renacentista de aquellas tierras.


La obra se compone de las siguientes narraciones:
I. San Sátiro.
II. Messer Guido Cavalcanti.
III. Lucifer.
IV. Los panes negros.
V. El alegre Buffalmacco.
VI. La dama de Verona.
VII. La humana tragedia.
VIII. El misterio de la sangre.
IX. La fianza.
X. Historia de doña María de Ávalos y don Fabricio, duque de Andria.
XI. Bonaparte en San Miniato.



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Luis Coloma – POR UN PIOJO (Cuadro de costumbres)

Perpleja estaba aquella mañana Pepita Ordóñez sentada en su tocador, con dos cartas, una en cada mano. Dejolas al fin sobre un acerico erizado de alfileres, y, apoyando ambos codos entre la multitud de cachivaches que ocupaban la mesa de un Pompadour algo turquesco, fijó esa mirada sin vista conque la juventud contempla las ilusiones, en la luna del espejo. Allí se reflejaba su carita de muñeca de china, coronada por dos papillotes que levantaban sobre su frente sus cuatro puntitas de papel, como otros tantos erguidos cuernecitos.
Indudable era que Pepita Ordóñez soñaba despierta, paseándose por los floridos jardines que había hecho brotar en su imaginación alguna de aquellas cartas. Era ésta un billetito triangular, de un rojo subidísimo, márgenes negros, letra de mujer en el sobrescrito, de rasgos firmes y elegantes, y un diablito negro por sello, muy primoroso, montado en un velocípedo.
No por esto olía a azufre: apestaba a oppoponax, esencia entonces muy en boga, y bien merecía por todo su aspecto contener la cita de alguna cocotte en el kiosco de Saint-James. Nada de esto contenía sin embargo: las honradas damas españolas acogen con tanto afán las chucherías venidas de Francia, que no se cuidan de inquirir el mayor o menor decoro de su procedencia.
Suele decirse que detrás de la cruz está el diablo, y en aquella carta sucedía al revés: delante estaba el diablo y detrás la cruz, al frente de lo escrito, hecha con dos rasguitos muy devotos. Debajo decía: …

«El Padre Coloma no sólo se sabía de memoria lo que en la introducción a su Gaviota escribió Fernán Caballero, que «el objeto de una novela de costumbres debe ser ilustrar la opinión sobre lo que se trata de pintar, por medio de la verdad, no extraviarla por medio de la exageración». Sino que la gracia chispeante y la ironía sutil se dieron allí la mano para levantar un poco del suelo esos personajes vividos, y así, tocándolos el autor con la varita mágica de su arte, y concentrando sus rasgos esenciales, supo darles el mágico realce ideal que los hizo graciosísimos tipos, y que, sin dejar de ser individuos, hizo que pasasen a la categoría de entes simbólicos.
Si queréis ver condensados en uno o en varios tipos, no sólo las diversas fases de un carácter complejo, sino los varios sujetos que coinciden en una misma nota de malignidad o de simpleza, daos una vuelta por La Gorriona o Por un piojo. Los tipos afines al de Currita (Pequeñeces), malignos aunque velados por el disfraz de la hipocresía, tienen su representación concreta, por ejemplo, en la Pepita Ordóñez de Por un piojo y en la Ritita Ponce de La Gorriona, retratadas ambas con brocha y pintura cáusticas.
Unidad personal de características entre los diversos rasgos de un mismo tipo, unidad específica de trazos y facciones entre los varios tipos de la misma idiosincrasia, y, por último y sobre todo, unidad artística, siempre igual a sí misma y en grado muy superior a lo vulgar, (…). Formaban en su imaginación genial, como un cortejo variado, pero simétrico y coherente, aquellas mismas figuras que, vistas en sus libros, las llevamos ahora todos en nuestro magín, como seres de carne y hueso: Rosita Piña y Consolación, Currito Pencas y Desperdicios, Manolo y Lulú, Mariana y Lopijillo, el Caín Roque, Diego Corrientes, etc., etc.» (Constancio Eguía Ruiz en El P. Luis Coloma y su vocación literaria (Razón y Fe, 1915)




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Luis Coloma – LECTURAS RECREATIVAS (1884-1885-1886) – HISTORIAS VARIAS – NUEVAS LECTURAS

Estos tres tomos abrigan lo más granado de la producción literaria del Padre Coloma en su faceta de crítico relator y cuentista moral.
«Para Coloma el arte, en general, y la literatura, en particular —apunta Mª de los Ángeles Ayala en Luis Coloma y la Literatura fantástica—, deben estar al servicio de la moral católica. El relato corto despertará un gran interés desde el inicio mismo de su actividad literaria por ser el género que mejor se adecua a esa intencionalidad didáctica que persigue, y por su fácil difusión en periódicos o revistas de la Orden —El Mensajero del Corazón de Jesús—. Coloma parte de unas lecturas previas, como serían los relatos de su admirada Fernán Caballero, de Trueba, leyendas populares, vidas de santos y los relatos fantásticos de Hoffmann, autor mencionado en numerosas ocasiones por el escritor. Redacta relatos de contenido temático diverso, desde los político-sociales –Medio Juan y Juan y Medio y Caín-, a satíricos y costumbristas, como Por un piojo, Era un santo y La Gorriona, alabado especialmente, este último, por su valor estético por Emilia Pardo Bazán.

En las Lecturas Recreativas se hermanan —en expresión de Enrique Rubio Cremades— cuadros de costumbres, cuentos y relatos breves en un corpus donde se armonizan diversos contenidos temáticos, pudiéndose establecer distintos grupos, desde los cuentos infantiles y maravillosos, hasta político-sociales, legendarios y rurales. No faltan tampoco las estampas o escenas costumbristas dotadas de una mínima peripecia argumental que las aproxima al relato breve o cuento.

Colección de lecturas recreativas (1884-1885-1886):
El primer baile – Ranoque - Polvos y lodos - ¡Paz a los muertos! – Caín - La maledicencia - La primera Misa - Hombres de antaño - La resignación perfecta - El Viernes de Dolores - La intercesión de un Santo – Pilatillo - Medio Juan y Juan y Medio – Miguel - ¡¡Chist!!... - La Pascua Florida y el Cuarto ayunar - La almohadita del Niño Jesús - La batalla de los Cueros - Un milagro - La Gorriona






«En Lecturas recreativas –escribe Pardo Bazán en su Biografía y estudio crítico del P. Luis Coloma—, sobre el fondo de las veinte novelitas que forman la colección, se destacan, como revelación de las aptitudes demostradas más adelante en Pequeñeces, La Gorriona, Polvos y lodos, La almohadita del Niño Jesús, ¡Chist!. La Gorriona indudablemente se lleva la palma. Es una fábula de tal energía e intención, que el que la leyese despacio no se habrá asombrado de ninguna osadía de Pequeñeces».

Mª de los Ángeles Ayala en Luis Coloma y la Literatura fantástica escribe: « La modalidad que parece interesar en mayor medida a Coloma es la fantástica, pues le permite introducir el elemento sobrenatural y evidenciar, de esta manera, la acción divina sobre la salvación eterna de los hombres. En numerosos relatos se puede observar este rasgo de carácter fantástico, tal como sucede, entre otros, en Miguel, Las dos madres, La almohadita del Niño Jesús, Paz a los muertos, ¡Chist!, El primer baile, Mal Alma, Las tres perlas, Un milagro, ¿Qué sería?, sin que ello implique que cumplan estrictamente los requisitos subrayados por los críticos (…).No obstante, en el corpus cuentístico de Coloma encontramos varios relatos que presentan ese marcado carácter fantástico que se manifiesta al poner el escritor dos realidades inconciliables: el mundo de la razón y el mundo de los fenómenos sobrenaturales o imposibles de explicación racional. Coloma crea en ellos un universo realista que en un momento dado se altera con la presencia de un factor extraordinario que rompe ese mundo normal y cotidiano. A esta modalidad responden, principalmente, El salón azul, ¿Qué sería?, La cuesta del cochino, El primer baile y Mal Alma, relatos que no dudamos en calificar de fantásticos, ya que Coloma utiliza todos los recursos a su alcance para que el lector experimente y acepte la posibilidad de lo inexplicable».


Historias Varias:
Hombres de antaño – Las borlitas de Mina – El salón azul – Historia de las Sagradas reliquias de San Francisco de Borja – Fablas de dueñas – Paz a los muertos – La batalla de los cueros – Un milagro - ¿Qué sería? – La intercesión de un santo – El cazador de venados – Las tres perlas – La Virgen de la Palma




Curiosamente, y por paradójico que pueda parecer a tenor del elemento fantástico que salpica muchas de sus narraciones cortas, Coloma pretende destacar como un relator historicista de la realidad. En su prólogo a las Lecturas así lo justifica: «Relaciones, novelescas ciertamente en su forma, pero basadas todas en hechos históricos, que las hacen diferir esencialmente de la novela, cuyo argumento es siempre parto de la fantasía». Una pretensión que encuentra fecundo campo en toda la serie de estudios históricos que jalonan su final recorrido literario (Jeromín, La reina Mártir, Fray Francisco,…).

«Claro que no se trata de un investigador exacto y escrupuloso de hechos comprobables —escribe Constancio Eguía Ruiz en El P. Luis Coloma y su vocación literaria (Razón y Fe, 1915)— ni de darse la mano con los áridos y escuetos expositores de escuela germánica. Coloma era ante todo literato, y la ciencia profunda y minuciosa suele, por desgracia, darse de puñadas con la elegancia y hermosura en el decir; que son pocos los narradores geniales a estilo de Mommsen...
Pero, esto aparte, Coloma, que no carecía, sin embargo, de cierto espíritu científico y de intención didáctica, no quiso nunca sacrificar a la vana retórica, según era uso corriente de los cronistas clásicos, la necesaria escrupulosidad en admitir o rechazar los hechos históricos.
Puede servir de brillante muestra la titulada Batalla de los cueros, hazaña caballeresca y patriótica, que publicada primero en un periódico llamado El Porvenir, (…).
Agréguese aquí la relación similar Hombres de antaño, que evoca las efemérides y anales de nuestros tercios y participa del encanto propio de las páginas hagiográficas. Notable es también el relato monográfico que lleva por lema La intercesión de un santo, páginas eminentemente dramáticas de la historia patria, y que, una vez leídas, graban a fuego en el alma los últimos momentos de la infortunada reina doña Juana. Asimismo en el volumen de Nuevas lecturas hay dos preciosos relatos, Fablas de dueñas y Las borlitas de Mina, que, cada uno de por sí, son un primor de detalle y de acertado escrutinio.
Hasta su Historia de las Sagradas Reliquias de San Francisco de Borja exige un trabajo asiduo de ojear mamotretos y desojar la vista, por más que le diesen fuentes copiosas algunos de los muchos próceres que se precian de tan santa descendencia».


Nuevas Lecturas:
Cartas claras – Ratón Pérez - Las borlitas de Mina - Fablas de dueñas - La Virgen de la Palma - El salón azul – La cuesta del Cochino



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Luis Coloma – SOLACES DE UN ESTUDIANTE

Luis Coloma Roldán, sacerdote jesuita que alcanzó notable fama en el elenco (Galdós, Clarín, Pardo Bazán, Pereda, Alarcón, Fernán Caballero, Palacio Valdés,...) de aquella generación literaria que algunos consideraron como “digna sucesora de la novela cervantina”, nació en Jerez de la Frontera en 1851 y falleció en Madrid en 1915. Coloma cosechó un insólito éxito con sus cuentos, novelas y relatos en las que supo plasmar su vocación religiosa. Así, su obra se caracteriza por una peculiar mezcla de religiosidad y de profundo conocimiento de la vida y sus costumbres, siempre escrita con un matiz moralizador.
El Padre Coloma inició sus estudios en la Escuela Naval Preparatoria de San Fernando en 1863, pasando luego a cursar la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla, momento que coincidió con la trascendental revolución de 1868, hacia la cual el joven jerezano mantuvo una actitud hostil que reflejaría en sus escritos. De esta época data su amistad con Fernán Caballero y Gertrudis Gómez de Avellaneda, convirtiéndose, especialmente la primera, con mezcla de cariño filial y veneración de discípulo, en mentora ideológica de Coloma, tal como se percibe años más tarde en su libro Recuerdos de Fernán Caballero.
Coloma se trasladó posteriormente a Madrid, donde empezó a frecuentar las tertulias elegantes, en las cuales reunió elementos que después habrían de servirle para la creación de su obra literaria. Por estas fechas colabora en el periódico madrileño El Tiempo, periódico político de la tarde, fundado el 23 de febrero de 1870 por el marqués de Bedmar y el conde de Toreno. Su director y sus principales redactores representaban la tendencia conservadora afín a la Restauración. Colaboraciones periodísticas que también se extenderían a publicaciones de su ciudad natal, como sus artículos insertos en El Porvenir. Se trata de una época azarosa, de incertidumbre política, en la que Coloma participa de forma activa, postulándose en los círculos literarios y en las tertulias políticas como claro defensor de la Restauración borbónica.
Un incidente casi mortal, una grave herida en el pecho a causa de habérsele disparado el revólver que limpiaba, afianzó su decisión de hacerse jesuita; y así, en 1873 ingresó en el seminario de Poyanne, en Las Landas (Francia), donde los jesuitas españoles, desterrados de España, habían establecido un noviciado. Allí, al siguiente año fue ordenado sacerdote. Durante los años 1875, 1876 y 1877 permanece en Poyanne. En este último año regresa a España ocupando diferentes cargos propios de la Institución. Por estas fechas colabora en la revista La Ilustración Católica, semanario que empezó a editarse a partir del 1 de agosto de 1877. Durante el curso académico 1877-1879 ejerce la docencia como profesor de Derecho Romano en la Universidad Pontificia de Comillas. Estudia Filosofía Escolástica durante el periodo académico 1879-1880 en el colegio de Carrión de los Condes (Palencia). En años posteriores será profesor en distintos centros docentes de los jesuitas y completará su formación religiosa en diversos seminarios de la Orden, como en la Casa de Estudios de Oña (Burgos) y Manresa. El 2 de febrero del año 1886 se produce su inclusión definitiva a la Compañía de Jesús con la emisión de los últimos votos, incorporándose a partir de esta fecha a la Universidad de Deusto, cuya principal misión será formar parte del consejo de redacción de la revista El Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús.
Por estas fechas, el Padre Coloma ya tiene en su haber literario Solaces de un estudiante, redactado bajo la tutela de la entonces anciana escritora Fernán Caballero. También en época temprana inicia la publicación de cuadros de costumbres, cuentos y relatos breves que se irán hermanando bajo el título de Lecturas Recreativas. El mismo Luis Coloma en su introducción al primer volumen que figura al frente de dichas Lecturas, 24 de septiembre de 1884, explica con nitidez a los suscriptores de El Mensajero del Corazón de Jesús sus propósitos e intenciones de claro matiz reflexivo y moral.

En la obra narrativa del Padre Coloma podemos distinguir dos modalidades, la novela extensa, bien adscrita al realismo o al género histórico, y el relato corto, configurado, como apuntábamos, por cuentos, escenas costumbristas y retratos. Y aunque Coloma comienza escribiendo relatos cortos, algunos de indudable calidad, como La Gorriona, El primer baile, Era un santo, Por un piojo, entre otros, es evidente que el éxito editorial lo alcanza con la publicación en 1891 de Pequeñeces, novela de tesis que lo acerca a la modalidad narrativa representada por Fernán Caballero, su gran maestra.
La aparición de Pequeñeces, primero por entregas en la revista bilbaína de los jesuitas El Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús durante los meses de enero de 1890 a marzo de 1891, y este último año en dos volúmenes, suscitó un gran revuelo, al asociarse algunos de sus personajes con seres de existencia real, pero también por la pintura de una alta sociedad viciosa y mundana, la nobleza colaboracionista con el advenimiento del régimen liberal de la Restauración. El Heraldo de Madrid abrió un concurso de opiniones sobre Pequeñeces y durante quince días estuvo publicando críticas y erróneas interpretaciones que molestaron sobremanera al autor y a la Compañía y le impulsaron a cultivar desde entonces temas menos polémicos. A favor del autor se declaró doña Emilia Pardo Bazán en su revista Nuevo Teatro Crítico, alabando el realismo naturalista de su texto pero censurando el integrismo de su autor. Cierto, a pesar de la oposición de ciertos sectores conservadores, adoptó las técnicas naturalistas en la línea de E. Zola, que defendía el objetivismo del autor y el determinismo de la conducta de los personajes, aunque matizadas por algunos recursos propuestos por P. Bourget que alentaban a la indagación psicológica de éstos. La citada Pequeñeces (1890-1891), en la que llevó a cabo una virulenta crítica de la sociedad madrileña y, especialmente, de la aristocracia de la Restauración, es su obra más popular.
También reflejó un moralismo militante en otras novelas y cuentos, como Retratos de antaño (1895), La reina mártir (1902), novela en la que exalta la figura de María Estuardo, y, entre otras, Jeromín (1905-1907), en la que recrea la vida de Juan de Austria. Cierra la serie de relatos históricos el titulado Fray Francisco (1914), biografía novelada sobre la vida del cardenal Cisneros. Interesantes son también los Recuerdos de Fernán Caballero, la autora amiga a quien Coloma imitara al principio, aun cuando sin igualar jamás su vigor. Muchos de sus títulos fueron traducidos a varias lenguas, y algunos (Jeromín, Pequeñeces) pasaron posteriormente al cine. En 1908 ingresó en la Real Academia Española; su discurso de ingreso versó sobre el Padre Isla.
El día 10 de junio de 1915 el P. Coloma fallecerá en Madrid a los sesenta y cuatro años de edad. Sus novelas, especialmente Pequeñeces y Jeromín, revivirán décadas más tarde entre el gran público gracias a las adaptaciones cinematográficas. Sus relatos breves y cuentos insertos en sus Lecturas recreativas -Periquillo sin miedo, Ratón Pérez, La Gorriona,...- formarán parte indeleble de un legado cuentístico imprescindible para la historia del cuento español. Legado que junto a la producción de los maestros del cuento -Trueba, Campillo, Fernanflor, Blasco, Fernán Caballero, Valera, Alarcón, Pardo Bazán, Clarín, Pereda, Galdós, entre otros- configurarán la época áurea de dicho género literario.


SOLACES DE UN ESTUDIANTE (Cuadro de costumbres españolas), dirigida y prologada por Cecilia Böhl de Faber, Fernán Caballero, publicada en 1871 y escrita al tiempo que cursó sus estudios de Leyes en la Universidad de Sevilla, es clara muestra de la temprana vocación literaria de Luis Coloma:
«Don Luis Coloma —escribe Fernán Caballero en el prólogo— es un joven que no cuenta veinte años, no sólo modesto, sino tímido. (…)Llegado a la edad en que otros jóvenes dedican sus ocios a las diversiones, francachelas y juegos, él, sintiendo una fuerte inclinación a la literatura amena, los dedicó a escribir algunos cuadros, en los que, si bien se nota inexperiencia y reminiscencias demasiado marcadas de lo que ha leído, se encuentra, además de lo bien escritos, delicado buen gusto, rasgos muy poéticos, chistes, exquisita decencia, y, sobre todo, un admirable fondo de ideas, sentimientos y opiniones morales y religiosas. ( …) Lo que admira en tan corta edad es un don de observación, muy raro en la juventud; pues pocos son los que se toman el tiempo de observar, y menos son los que prefieren un personaje copiado a otro inventado por ellos: esto puede ser bueno para la novela fantástica o novelesca, pero no para aquellos que escriben en el género que, con el nombre de realismo, pintan las cosas tales cuales son».
Solaces de un estudiante, hay que añadir, son los primeros y modestos pasos literarios que afectan ya de inicio el marcado carácter antiliberal de Coloma, su conservadurismo político, y ataca lo que, a su juicio, era el perjudicial materialismo y el positivismo de los liberales.
«Una especie de injustificado rechazo personal —escribe el académico José López Romero en su artículo Jerez y Coloma—, quizá debido a la orden religiosa a la que perteneció, se ha trasladado a su obra y, por desgracia, buena parte de ella, por no decir casi toda, sigue durmiendo el sueño de los olvidados en viejas y poco asequibles ediciones. Pero al jerezano interesado en la historia, costumbres y formas de vida de su ciudad, el olvido de Coloma (más conocido por el nombre del Instituto, que por sus méritos literarios) le priva de disfrutar de textos tan interesantes en esos aspectos como amenos en su lectura. Tomemos un simple ejemplo: su novelita Solaces de un estudiante que pertenece a ese grupo de obras de juventud. (…)nos interesa aquí la visión que Coloma nos ofrece de ese Jerez de finales del XIX, (…) En Solaces de un estudiante la protagonista, Misita Arderá, acepta con radiante alegría la invitación que doña Petra, amiga de la familia, le hace para acompañarla al teatro, con la esperanza de ver allí a su enamorado Pedro. En esta ocasión es una ópera, “La Traviata”, la obra que representan y que aprovecha Coloma para arrojar con violencia el dardo de sus críticas más aceradas: “Daban aquella noche La Traviata, esa inmoralísima y asquerosa partitura… No alcanza, ni podrá alcanzar jamás la lindísima música de esta ópera a borrar la violenta impresión de asco, de desvío y de indignación que su repugnante argumento nos causa. ¡Llamar “víctima” a la mujer que sostiene un impúdico boato sacrificando familias enteras, es el colmo del cinismo y la desvergüenza!”.
La inclusión en la trama novelesca de un viajero inglés, algo truhán y timador, mister Snuff, le sirve al autor para hacer un pequeño recorrido que hoy denominaríamos turístico, al tiempo que también va diseminando opiniones sobre la ciudad; a la pregunta de doña Petra: “-¿Y qué le parece a usted Jerez?”, el inglés le responde: “-¡Oh! ¡Mucho “dinerro”; soberbias bodegas; muy lindas mujeres!... Sus calles son hermosas, si bien carecen de esos antiguos monumentos, que siempre son recuerdos históricos”. A lo que de inmediato le replica doña Petra con la leyenda de una cruz de hierro que había en la plaza de la Yerba, erigida en conmemoración de un milagro.
Pero quizá lo más interesante de este recorrido por el Jerez de la segunda mitad del XIX que nos ofrece Coloma en esta novela, como en buena parte de todas las que compuso en su juventud y que localizó en su ciudad natal, sea el comienzo de la obra: el breve pero intenso trayecto que recorre el tren desde el “lindo Puerto de Santa María” hasta el “hermoso, rico y noble Jerez de la Frontera”».




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Edward Bulwer Lytton – LA CASA DE LOS ESPÍRITUS

Bulwer, lejos de sustraerse a la corriente pujante de la narración sobrenatural, cultivó el cuento de terror con cierto éxito. Ejemplo de ello es este breve relato (The House and the Brain) que recoge muchos de los tópicos de aquella literatura. Posiblemente, “La Casa de los Espíritus—escribe Lovecraft—, que utiliza rosacrucismo y una maligna e inmortal figura, quizá inspirada en el misterioso cortesano de Luis XV, el conde de Saint Germain, es aún uno de los mejores cuentos de casa maldita jamás escritos”.

La angustia que me abatió al sentirme en aquella habitación oscura, con aquella cosa oscura cuyo poder se hacía sentir tan intensamente, me produjo una reacción nerviosa. De hecho, mi terror había alcanzado un grado tal que mis sentidos me abandonaron, y rompí el encanto. Lo rompí, efectivamente, pues encontré mi voz, pero esa voz era un grito penetrante. Recuerdo que aullé, estas palabras: No tengo miedo, mi alma no teme nada, y en el mismo instante encontré fuerzas para levantarme. Inmediatamente, en las tinieblas, me precipité hacia una de las ventanas, corrí la cortina y abrí las persianas; mi primer pensamiento fue: ¡Luz!. Y cuando vi la luna alta, clara y tranquila, sentí una alegría tal, que era capaz de compensar mi terror precedente. Era la luna, y más luz de los faroles en la calle desierta…


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Théophile Gautier – ARRIA MARCELLA

Théophile Gautier definiría, utilizando el recurso de la antigüedad, el amor por el arte, a través de Arria Marcella, de 1852.
En este corto escrito de corte fantástico, Octaviano, el protagonista, se enamora de una obra de arte de un modo puro pero no exento de sensualidad. A lo largo del relato, la inquietante Arria Marcella, objeto de deseos y ensoñaciones, tomará formas distintas, como si su metamorfosis continua proporcionara a la imaginación del personaje fascinado de Octaviano, así como a la del lector, una compleja variedad de signos. Su lectura es como una alegoría de la obra artística: multifacética, evanescente, idealmente presente y físicamente alucinada.
Gautier explota frecuentemente las figuras femeninas como elemento de transgresión del orden cósmico, como fuente directa de fenómenos fantásticos. Estas mujeres inquietantes se inscriben en un tipo át fantástico interior que se desarrolla en Francia a partir de la influencia de Hoffmann. Con el tema de la mujer sobrenatural, Gautier explora pues la vía de lo fantástico como resultado de una aprehensión subjetiva del mundo, una forma particular de mirarlo y, simultáneamente, de bucear en el alma humana.




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Théophile Gautier – LA MUERTA ENAMORADA

La Muerta Enamorada (en francés: La morte amoureuse [en ocasiones ampliado a Clarimonde, la morte amoureuse]) es un relato de Théophile Gautier publicado por primera vez en 1836, en la revista Chronique de Paris.

Se trata de un relato vampírico, narrado en primera persona por su protagonista, y probablemente influenciado por la obra del alemán Theodor Amadeus Hoffmann, muy admirado por Gautier. Charles Baudelaire llegó a escribir que ésta "es la obra maestra de Gautier".

La Muerta Enamorada se encuentra inscrita en el más puro estilo romántico donde la realidad y el sueño se confunden, y donde la vida y la muerte se entrelazan, diluyéndose la delgada frontera que, en ocasiones, las separa. Se trata de una de las obras que más evidencia el estilo y el arte de Gautier. En ella el día y la noche, lo real y la ilusión, lo grotesco y lo sutil, la seducción y la repugnancia, plasmadas en un tono enigmático y atrayente, propio del autor, se funden de manera imperceptible para engendrar lo sublime: la belleza.

Ésta es, pues, una novela corta en la que un anciano sacerdote relata su única experiencia con el amor, que vivió en su juventud y que le fue ofrecida por un espectro de la noche, por un «ángel o demonio», dotado de las más excelsas emanaciones de sensualidad, ternura y belleza. Romualdo, que hasta entonces había sido un casto y correcto ferviente servidor de Dios, se encuentra, de repente, sumido en una fascinación inexplicable por una pasión siniestra. Y Clarimonde, la vampira de este relato, y la más voluptuosa, inofensiva y atrayente mujer que pueda existir, tiene, como la prosa de su creador, una magia perfecta; es la encargada de arrastrar al sacerdote hasta los más profundos y oscuros abismos, en los que la belleza resplandece de forma extraña y fascinante. A lo largo de las páginas de La Muerta Enamorada, Gautier desarrolla uno de los temas más recurrentes de su obra: el sueño; lo que sucede en la vigilia y en el sueño del perturbado sacerdote son siempre acontecimientos absolutamente distintos y contradictorios. La confusión de la existencia del protagonista entre lo real y lo soñado lo arrastran prácticamente a la locura, hasta el punto de no saber si es un generoso sacerdote que cada noche sueña con ser un galán fatuo, un joven libertino, señor de la más hermosa y voluptuosa mujer o si, por el contrario, es el joven que se entrega a los placeres y que sueña que es un mortificado sacerdote.



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