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Conde de Toreno - HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA
Extraordinario relato de la Guerra de Independencia por el que pasan todos los personajes y las situaciones de aquellos años de patriotismo y de dolor, llevados de la mano por la magnífica y fresca pluma de José María Queipo de Llano, Conde de Toreno, liberal y español hasta la médula.
Escrita entre 1827 y 1836, cuando todavía muchos de los testigos seguían con vida y se tenía recuerdo social de lo ocurrido, la Historia del levantamiento, guerra y revolución de España acabó por convertirse en un lugar de la memoria colectiva, una fuente de información y un referente de hacer historiográfico.
El Conde de Toreno (1786-1843) ocupa un lugar de primera fila en la historia constitucional española. Brillante parlamentario desde 1810 a 1840 y ministro de Hacienda y Presidente del Gobierno durante el Estatuto Real... escribió la célebre Historia del Levantamiento, Guerra y Revolución de España, publicada en 1835 y traducida a las más importantes lenguas europeas. Toreno fue un hombre de gran cultura, excelente conocedor del pensamiento político y económico europeo, políglota e infatigable viajero. Su relevancia para la historia constitucional reside en haber encarnado como pocos el tránsito de un liberalismo enraizado en la Revolución francesa, que defendió con brillantez en las Cortes de Cádiz, a otro liberalismo conservador, inspirado en la Gran Bretaña, que se hizo patente ya durante el Trienio y que fue hegemónico en toda Europa hasta la Primera Guerra Mundial.
Juan Escoiquiz – IDEA SENCILLA DE LAS RAZONES QUE MOTIVARON EL VIAJE DEL REY DON FERNANDO VII A BAYONA EN EL MES DE ABRIL DE 1808
Este eclesiástico, Juan de Escoiquiz y Mezeta (Ocaña, 1747-Ronda, 1820), fue preceptor de Fernando VII, a quien instigó contra Godoy e inculcó admiración por Napoleón. Fue el eje de la conspiración de El Escorial (1807). Intervino en las negociaciones de Bayona (1808) y en las que precedieron a la liberación de Fernando VII (1814). Fue miembro del Consejo de Estado e integrante de la camarilla que dirigió el país durante el segundo reinado de Fernando VII, que lo desterró, finalmente, por sus intrigas.
Incansable en su función cerca del príncipe Fernando, con ocasión de la conspiración de El Escorial, el 27 de octubre de 1807, Escoiquiz fue detenido inicialmente junto a otros conspiradores, denunciados por el mismo príncipe Fernando de Borbón, con lo que aquel incipiente felón intentaba que su padre le perdonase. Sus cómplices fueron procesados, siendo enviado Escoiquiz en tal calidad al convento sevillano del Tardón, saliendo libre al poco tiempo, pues dada la personalidad e influencia de los encausados, el Consejo de Castilla les declaró inocentes, lo que le permitió volver a las andadas, esta vez aunque con muy poco tiempo, influyendo lo suficiente para producir el levantamiento del 17 de marzo de 1808 en Aranjuez, que daría lugar a los hechos que marcarían aquel tiempo.
Tras la abdicación de Carlos IV, el 19 de marzo de 1808, el nuevo rey Fernando VII le ofreció el cargo de Inquisidor general, o el de ministro de Gracia y Justicia, los cuales ambos rechazó dado su “desinterés por lo mundano”, aceptando “solamente” el nombramiento de Consejero de Estado y la Gran Cruz de Carlos III.
Ocupada España por los franceses y después de la desgraciada jornada del 2 de mayo, Escoiquiz admirador “desinteresado” de todo lo napoleónico, inclinaría a Fernando VII para que tomase la decisión de ir a Bayona, que fue este viaje con toda seguridad obra subliminal del canónigo Escoiquiz, acabando confinados todos en Valençay.
Para tratar de justificar lo realizado en aquellos días, no halló mejor cosa que la publicación de una Representación escrita por D. Juan Escoiquiz, Maestro del Señor D. Fernando VII siendo príncipe de Asturias, principal fundamento de la causa de Escorial, en la que trata de acercar al lector a “la verdad” de Fernando VII y de él mismo, que fue publicada en Cádiz, en 1809 por Ximénez Carreño.
Con la marcha a Bayona, ante lo peligroso que podía ser que Escoiquiz estuviese próximo a Fernando VII, Napoleón aceptó enviarlo a París, aunque tampoco aquel fue un recurso adecuado, debido a que enseguida comenzó a buscar coaliciones que permitiesen derrotar al Emperador, y siendo descubierto en sus propósitos, fue confinado en la localidad de Bourges, donde aprovecha el tiempo en aquella localidad, logrando ver publicada en 1812 por el editor local Gilles, su traducción en tres volúmenes de la obra El paraíso perdido, de John Milton. En 1813 Napoleón le autoriza a abandonar su destierro y le reclama en Valençay, con objeto de que participe en las negociaciones del retorno de Fernando VII.
A raíz del retorno de la familia Real española del exilio, Escoiquiz también llega con ellos a España, y aprovecha bien el tiempo pues da a la luz en 1814 la obra que por sus aportaciones y justificaciones más se valora de las que produjo: Idea sencilla de las razones que motivaron el viage del Rey D. Fernando VII a Bayona en el mes de abril de 1808 / dada al público de España y de Europa por el Excmo. Sr. D. Juan Escoiquiz para su justificación; acompañada de una noticia breve de los asuntos y negociaciones de Valençay, hasta la vuelta de S.M. a España.
Juan Díaz de Baeza - HISTORIA DE LA GUERRA DE ESPAÑA CONTRA EL EMPERADOR NAPOLEÓN
La preocupación práctica por las convulsiones polIticas de España en el veintenio 1830-1850, producen numerosa historiografía relacionada con éstas, es decir, Ia guerra de independencia, reinado y sucesos de Fernando VII, las revoluciones polIticas y nacimiento de los partidos politicos, guerra civil carlista, constitucionalismo y los intricados sucesos del periodo, con monografIas coetáneas a los del veintemo que nos ocupa.
Era natural que los historiadores examinen la trascendental epopeya de la guerra de independencia antinapoleónica. Se examina Ia personalidad de Napoleón y el alzamiento del 2 de mayo, se redactan cumplidas historias políticas militares de la guerra y algunos de los episodios más dramáticos de Ia epopeya, como los sitios de Zaragoza y Gerona.
A este conjunto pertenecen las obras, presentadas en esta Biblioteca Digital, de Muñoz y Maldonado, Agustín Príncipe, y esta de Juan Díaz de Baeza.
La intencionalidad del trabajo del presbítero Díaz de Baeza, que sigue muy de cerca la obra del Conde de Toreno, queda bien constatada en el Prólogo de la presente edición de 1853:
Dignos son, por cierto, de trasmitirse á la posteridad mas remota los esfuerzos, el valor, los hechos heroicos, la lealtad y la perseverancia de los españoles en esta lucha, que de nuevo ha engrandecido su nombre, tan ilustre ya en la historia del mundo.
Esta tarea la ha desempeñado dignísimamente el conde de Toreno en su "Historia del levantamiento, guerra y revolución de España." La copia de materiales que tuvo á la vista este recomendable escritor, la claridad y la elocuencia de su estilo, unidas á lo castizo y majestuoso de su diccion, las oportunas y profundas reflexiones con que enriquece la narracion, dan á su obra un interés y un mérito superior. Todo español debiera tener y conservar una obra tan preciosa, en que se pintan con los colores mas vivos las glorias de nuestra patria; lástima es que por ser bastante voluminosa, no esté su precio al alcance de las facultades de todos.
Nosotros, con el fin de que se haga comun en España una historia, que ningun español debe ignorar, hemos procurado ceñirla á límites mas estrechos para que no sea gravoso su coste, siguiendo en la relacion de los sucesos al conde de Toreno, aunque tambien á otros escritores, añadiendo algunas particularidades de que tenemos noticia, sin omitir ningun hecho importante, ni circunstancia notable, y haciendo por nuestra parte, si bien con economía, las observaciones que nos han parecido conducentes.
Miguel Agustín Príncipe - GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
En tres volúmenes.
Miguel Agustín Príncipe (Caspe, 1811 - Madrid, 1863), poeta satírico, dramaturgo y periodista español.
Catedrático de Literatura e Historia de la Universidad de Zaragoza, abogado y bibliotecario de la Nacional de Madrid. Fue uno de los fundadores del Instituto Español y presidente de su sección de Literatura. Colaboró en importantes diarios y revistas, como el Semanario Pintoresco, El Espectador, la Ley, El Anfión o El Matritense entre otros, utilizando los seudónimos de Miraveque y Don Yo.
Escribió la comedia Periquillo entre ellas (1844) y los dramas históricos El conde don Julián (1839) y Mauregato, o El feudo de las cien doncellas (1851), que ofrecen la particularidad de querer rehabilitar a estos dos personajes.
También se le deben los poemarios Poesías ligeras, satíricas y festivas, Poesías serias (ambas publicadas en 1840) y unas Fábulas en verso castellano (1861-1862), donde, aparte del interesante y erudito prólogo, revela su ingenio mordaz, como en la titulada «El lavatorio del cerdo», y un gran sentido común, como en la titulada «El cazolazo». Imitó los epigramas de Marcial y en sus «Letrillas báquicas» hizo el elogio del vino en lenguaje vulgar. Se burló a la vez de los clasicistas y de los excesos románticos, aunque respetó a alguno de los autores de esta última tendencia, como José Zorrilla.
Escribió además un tratado de métrica castellana. Intentó el género narrativo con La casa de Pero Hernández (1848), relato que quedó inconcluso. Destacó siempre como escritor satírico, y a esta vena se le debe la obra Tirios y troyanos. Historia tragicómica de la España del Siglo XIX (1845).
La obra completa, de 1844, lleva el título de Guerra de la independencia: Narracion histórica de los acontecimientos de aquella época, precedida del relato critico de los sucesos de mas bulto ocurridos durante el reinado de Cárlos IV, seguida del de la época de 1814 á 1820, de la constitucional de 1820 á 1823, y de la continuacion del reinado de Fernando VII hasta la muerte de este monarca, y terminada con un cuarto ó exámen comparativo de los reinados de Cárlos IV y Fernando VII.
Aunque, inicialmente concebida para ser publicada en cinco volúmenes, sólo vieron la luz los tres primeros, quedando circunscrita al periodo de 1808 a 1814.
LEER MÁS (ENLACE)- Miguel Agustín Príncipe - GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
Miguel Agustín Príncipe (Caspe, 1811 - Madrid, 1863), poeta satírico, dramaturgo y periodista español.
Catedrático de Literatura e Historia de la Universidad de Zaragoza, abogado y bibliotecario de la Nacional de Madrid. Fue uno de los fundadores del Instituto Español y presidente de su sección de Literatura. Colaboró en importantes diarios y revistas, como el Semanario Pintoresco, El Espectador, la Ley, El Anfión o El Matritense entre otros, utilizando los seudónimos de Miraveque y Don Yo.
Escribió la comedia Periquillo entre ellas (1844) y los dramas históricos El conde don Julián (1839) y Mauregato, o El feudo de las cien doncellas (1851), que ofrecen la particularidad de querer rehabilitar a estos dos personajes.
También se le deben los poemarios Poesías ligeras, satíricas y festivas, Poesías serias (ambas publicadas en 1840) y unas Fábulas en verso castellano (1861-1862), donde, aparte del interesante y erudito prólogo, revela su ingenio mordaz, como en la titulada «El lavatorio del cerdo», y un gran sentido común, como en la titulada «El cazolazo». Imitó los epigramas de Marcial y en sus «Letrillas báquicas» hizo el elogio del vino en lenguaje vulgar. Se burló a la vez de los clasicistas y de los excesos románticos, aunque respetó a alguno de los autores de esta última tendencia, como José Zorrilla.
Escribió además un tratado de métrica castellana. Intentó el género narrativo con La casa de Pero Hernández (1848), relato que quedó inconcluso. Destacó siempre como escritor satírico, y a esta vena se le debe la obra Tirios y troyanos. Historia tragicómica de la España del Siglo XIX (1845).
La obra completa, de 1844, lleva el título de Guerra de la independencia: Narracion histórica de los acontecimientos de aquella época, precedida del relato critico de los sucesos de mas bulto ocurridos durante el reinado de Cárlos IV, seguida del de la época de 1814 á 1820, de la constitucional de 1820 á 1823, y de la continuacion del reinado de Fernando VII hasta la muerte de este monarca, y terminada con un cuarto ó exámen comparativo de los reinados de Cárlos IV y Fernando VII.
Aunque, inicialmente concebida para ser publicada en cinco volúmenes, sólo vieron la luz los tres primeros, quedando circunscrita al periodo de 1808 a 1814.
MEMORIA DE D. MIGUEL JOSÉ DE AZANZA Y D. GONZALO O’FARRILL SOBRE LOS HECHOS QUE JUSTIFICAN SU CONDUCTA POLÍTICA, DESDE MARZO DE 1808 HASTA ABRIL DE 1814.
Estas Memorias justificativas, escritas por dos importantes ministros y colaboradores del gobierno de José I, se enmarcan en las muchas que salieron de imprenta en tierras francesas por parte de los exiliados afrancesados (las de Juan Antonio Llorente, las de Reinoso, las de Francisco Amorós,..).
Son obras que se escribieron dede el destierro en defensa de la conducta individual y colectiva del grupo. Algunas, incluso, tratando de buscar el favor del restituido monarca Fernando VII.
Apelan, por lo general, un argumentario basado en la superioridad del ejército invasor, la teoria del mal menor, el bien general, etc,...
Con su adhesión al nuevo régimen siguen, incluso, el ejemplo del cautivo rey, quien desde Valençay, se había felicitado por el ascenso de José Bonaparte al solio español.
En la mayoría de afrancesados el patriotismo y el colaboracionismo con el nuevo régimen no están reñidos, antes al contrario, son hombres de Estado, cuyo sentido del deber les impele, por encima de lo personal, a dar continuidad al gobierno de la nación y al bien general.
Mario Méndez Bejarano - HISTORIA POLÍTICA DE LOS AFRANCESADOS
Mario Méndez Bejarano nace en Sevilla el 5 de diciembre de 1857 y muere en Madrid el 16 de enero de 1931. Cursa los estudios de Filosofía y Letras en Sevilla, en 1887 obtiene una cátedra de instituto en Granada y desde 1900 es catedrático en el conocido Instituto de Bachillerato Cardenal Cisneros, de Madrid.
Participa activamente en la gestación de las ideas andalucistas que florecieron en los comienzos del siglo. Méndez Bejarano era miembro de la Sociedad de Buenas Letras de Sevilla, y tuvo gran resonancia su conferencia en 1907 "Idiosincracia andaluza" en el Centro Bético de Granada. Por este tiempo es vicepresidente del Centro Regional Andaluz, de tanta importancia en la formación del andalucismo ideológico y político.
Su actividad en la política activa como diputado coincide con sus trabajos de promoción cultural, con la fundación y dotación a sus expensas de las bibliotecas públicas de Cazalla, Constantina y Lora del Río. Pero su inquietud intelectual no se circunscribe al andalucismo. También en otras ideas políticas, en movimientos renovadores y en incipientes ideas sobre feminismo estuvieron presentes el pensamiento y las ilusiones de este intelectual benemérito.
En filosofía trabajó con éxito. A él se debe la Historia de la Filosofía en España hasta el siglo XX, editada en Madrid en 1925-1926, con interesantes aportaciones a la filosofía española de la Ilustración y a la de sus oponentes, lo mismo que a la influencia de Hegel en el XIX.
La recreación histórica de la guerra en términos de unanimidad patriótica antifrancesa relegó a un papel secundario el estudio de la España bajo control francés y menospreció la entidad del colaboracionismo con el régimen josefino. De ahí que los aspectos tratados en este tema merezcan poco espacio en las historias escritas durante los cien primeros años después de la guerra. Fue Mario Méndez Bejarano con su Historia política de los afrancesados, Madrid, 1912, uno de los primeros autores en centrar su atención sobre esta otra España. Pero en su obra tan sólo hay una visión muy general de la cuestión, a pesar del título y de la comprensión del papel jugado por los afrancesados: "no fueron traidores a la madre patria, sino patriotas liberales obligados a aceptar la no elegida posición en que los colocaron las circunstancias por la fatal evolución del proceso histórico".
Félix José Reinoso - EXÁMEN DE LOS DELITOS DE INFIDELIDAD A LA PATRIA IMPUTADOS A LOS ESPAÑOLES SOMETIDOS BAJO LA DOMINACIÓN FRANCESA
Todo un manifiesto político en defensa de los afrancesados.
En opinión del hispanista alemán Hans Juretschke (Los afrancesados en la guerra de la Independencia: su genesis, desarrollo y consecuencias históricas, Madrid: Ediciones Rialp, 1962) el Exámen "se convirtió en el compendio de los afrancesados (...) , redactado con extraordinaria agudeza de espíritu y habilidad y que contiene muchas cosas verídicas, se desprende aún hoy día una gran fuerza persuasiva, de tal modo, que merece la pena examinar su pensamiento fundamental más de cerca”.
Escrito en Auch (Francia) y publicado en 1816, esta obra de Reinoso constituye uno de los mejores alegatos en defensa de la causa de los exiliados. Y es que al inteligente ensayo del escritor sevillano (en 1793 fundó con Lista, Blanco, Arjona y José María Roldán una Academia de Letras Humanas) no escapan las multiformes tipologías (afrancesados, josefinos, juramentados y colaboracionistas, al decir de Miguel Artola) que se dieron respecto al fenómeno durante el reinado de José I.
APUNTES DE LA VIDA Y HECHOS MILITARES DEL BRIGADIER DON JUAN MARTÍN DÍEZ, EL EMPECINADO
La obra obedece a la mano anónima de "un admirador" del famoso guerrillero. Fue publicada en España por la Imprenta de Fermín Villalpando (Madrid, 1814) y tuvo una traducción al inglés (The Military Exploits,... of Don Juan Martin Diez, The Empecinado, translated by a general officer. Londres, Carpenter and son.) en 1823.
Juan Martín Díaz, llamado el Empecinado, nació en Castrillo de Duero, Valladolid, el año de 1775. Este hijo de un labrador acomodado de Castilla tenía experiencia como soldado desde que combatió contra la Francia de la Convención en la Guerra del Rosellón (1792-95). Posteriormente, su animadversión contra los franceses le llevó a realizar alguna operación de sabotaje en la época en que Francia era aliada de España. Tras el levantamiento popular de 1808, con el que dio comienzo la Guerra de la Independencia, se unió a las fuerzas del general Cuesta, vencidas por los franceses en las batallas de Cabezón y Medina de Rioseco.
Tras la derrota del ejército regular, y consciente de la dificultad de vencer al poderoso ejército napoleónico en campo abierto, organizó partidas de guerrilleros que hostigaron continuamente a los franceses con pequeñas acciones rápidas que dificultaban las comunicaciones; amparándose en el conocimiento del terreno y en la movilidad de pequeñas partidas irregulares, sostuvo una guerra de desgaste penosa para el ejército napoleónico, que mantuvo abierta la «guerra peninsular» hasta 1814.
El Empecinado (apodo que recibían los vecinos de su pueblo natal, al parecer a causa del cieno del río que atravesaba la población) organizó diversas partidas por las actuales provincias de Valladolid, Burgos, Segovia, Guadalajara y Cuenca, como la «Partida de descubridores de Castilla la Vieja», los «Tiradores de Sigüenza» o los «Voluntarios de Guadalajara», hasta un total de unos diez mil hombres; sus acciones se extendieron ocasionalmente hasta la costa mediterránea y la frontera portuguesa, y estuvieron coordinadas con la ofensiva inglesa mandada por Wellington.
Los franceses intentaron infructuosamente capturarle, encargando de ello al general Joseph Leopold Hugo, que tenía experiencia en la lucha contra la guerrilla en la Vendée y en los Abruzzos italianos.
El Empecinado se convirtió en un héroe mítico en la imaginación del pueblo que sufría la ocupación francesa; la Junta Central y la Regencia le reconocieron sus méritos concediéndole el grado de general.
Pero cuando, derrotados los franceses, recuperó el Trono Fernando VII y éste restauró el absolutismo monárquico rechazando la obra de las Cortes de Cádiz, El Empecinado se declaró partidario del liberalismo y reclamó al rey que aceptara la Constitución. Lejos de ello, Fernando VII le confinó en Valladolid.
Cuando la Constitución volvió a ser puesta en vigor tras el pronunciamiento de Riego (1820), se le encomendaron al antiguo guerrillero cargos de responsabilidad en la Administración liberal (gobernador militar de Zamora, segundo jefe de la Capitanía General de Castilla la Vieja). Participó en la resistencia contra la nueva invasión francesa de los «Cien mil hijos de San Luis», que en 1823 vinieron a acabar con la experiencia liberal en España. Tras la derrota se exilió brevemente en Portugal, de donde regresó aquel mismo año para ser detenido y encarcelado en el castillo de Roa. Allí fue sometido a un trato denigrante por los Voluntarios Realistas hasta que, después de una farsa de juicio fue condenado a muerte y ejecutado (1825) por expreso deseo del rey.
Juan Martín Díaz, llamado el Empecinado, nació en Castrillo de Duero, Valladolid, el año de 1775. Este hijo de un labrador acomodado de Castilla tenía experiencia como soldado desde que combatió contra la Francia de la Convención en la Guerra del Rosellón (1792-95). Posteriormente, su animadversión contra los franceses le llevó a realizar alguna operación de sabotaje en la época en que Francia era aliada de España. Tras el levantamiento popular de 1808, con el que dio comienzo la Guerra de la Independencia, se unió a las fuerzas del general Cuesta, vencidas por los franceses en las batallas de Cabezón y Medina de Rioseco.
Tras la derrota del ejército regular, y consciente de la dificultad de vencer al poderoso ejército napoleónico en campo abierto, organizó partidas de guerrilleros que hostigaron continuamente a los franceses con pequeñas acciones rápidas que dificultaban las comunicaciones; amparándose en el conocimiento del terreno y en la movilidad de pequeñas partidas irregulares, sostuvo una guerra de desgaste penosa para el ejército napoleónico, que mantuvo abierta la «guerra peninsular» hasta 1814.
El Empecinado (apodo que recibían los vecinos de su pueblo natal, al parecer a causa del cieno del río que atravesaba la población) organizó diversas partidas por las actuales provincias de Valladolid, Burgos, Segovia, Guadalajara y Cuenca, como la «Partida de descubridores de Castilla la Vieja», los «Tiradores de Sigüenza» o los «Voluntarios de Guadalajara», hasta un total de unos diez mil hombres; sus acciones se extendieron ocasionalmente hasta la costa mediterránea y la frontera portuguesa, y estuvieron coordinadas con la ofensiva inglesa mandada por Wellington.
Los franceses intentaron infructuosamente capturarle, encargando de ello al general Joseph Leopold Hugo, que tenía experiencia en la lucha contra la guerrilla en la Vendée y en los Abruzzos italianos.
El Empecinado se convirtió en un héroe mítico en la imaginación del pueblo que sufría la ocupación francesa; la Junta Central y la Regencia le reconocieron sus méritos concediéndole el grado de general.
Pero cuando, derrotados los franceses, recuperó el Trono Fernando VII y éste restauró el absolutismo monárquico rechazando la obra de las Cortes de Cádiz, El Empecinado se declaró partidario del liberalismo y reclamó al rey que aceptara la Constitución. Lejos de ello, Fernando VII le confinó en Valladolid.
Cuando la Constitución volvió a ser puesta en vigor tras el pronunciamiento de Riego (1820), se le encomendaron al antiguo guerrillero cargos de responsabilidad en la Administración liberal (gobernador militar de Zamora, segundo jefe de la Capitanía General de Castilla la Vieja). Participó en la resistencia contra la nueva invasión francesa de los «Cien mil hijos de San Luis», que en 1823 vinieron a acabar con la experiencia liberal en España. Tras la derrota se exilió brevemente en Portugal, de donde regresó aquel mismo año para ser detenido y encarcelado en el castillo de Roa. Allí fue sometido a un trato denigrante por los Voluntarios Realistas hasta que, después de una farsa de juicio fue condenado a muerte y ejecutado (1825) por expreso deseo del rey.
Extraído de biografías y vidas
PRONTUARIO DE LAS LEYES Y DECRETOS DEL REY NUESTRO SEÑOR DON JOSÉ NAPOLEÓN I
El Prontuario de los decretos y leyes dictados bajo el reinado de José Bonaparte en España, ofrece un aleccionador ejemplo de las intenciones regeneradoras que el primogénito del clan Bonaparte pretendía para España. Una España que, recordemos, vivía enquilosada en los rudimentos del Antiguo Régimen.
Injustamente caricaturizado y vilipendiado por la sociedad española del momento (no es hasta fechas muy recientes que su figura ha sido revisionada con la objetividad que merece), José I posee en su haber el hito de ser el primer monarca constitucional español.
ACTAS DE LA DIPUTACION GENERAL DE ESPAÑOLES QUE SE JUNTÓ EN BAYONA EL 15 DE JUNIO DE 1808
En 1808 Napoleón concedía a España su primera Constitución, en la villa francesa de Bayona, destinada a regir una nueva Monarquía satélite del Imperio a cuyo frente se colocaba José Bonaparte. Aunque construida sobre el modelo imperial francés, la participación que el Emperador concedió a los afrancesados, en especial a través de la Junta de Bayona, permitió que el texto contase con algunos elementos nacionales característicos que lo separan de otras cartas otorgadas por Napoleón en Italia, Westfalia, Nápoles, Holanda o Varsovia.
A fin de legitimar el nuevo gobierno establecido con la invasión francesa, Napoleón convocó una junta de notables en Bayona; el objeto de la reunión sería ratificar las «renuncias de Bayona» y dar cobertura política al nuevo gobierno.
La convocatoria de la Junta de Bayona se realizó a través de Decreto publicado en la Gaceta de Madrid el 24 de mayo de 1808. La convocatoria tuvo un escaso efecto entre los más destacados publicistas españoles; si bien algunos personajes relevantes como Azanza, Cabarrús, Urquijo o Marchena abrazaron la causa de Napoleón, lo cierto es que le dieron la espalda figuras tan sobresalientes como Jovellanos (que no aceptó su nombramiento como Ministro para el gobierno josefino), Toreno, Argüelles, Floridablanca, Calvo de Rozas o Quintana. Así las cosas, la Junta de Bayona se vio reducida a una pobre reunión que no llegaba al centenar de miembros, en su mayoría procedentes de la nobleza y de la burocracia borbónica y, en todo caso, lejos de poder considerarse como una genuina representación nacional.
La Junta de Bayona comenzó sus sesiones el 15 de junio de 1808 y las cerró el 7 de julio del mismo año. Un período de sesiones tan breve demuestra el poco margen de maniobra con que contó la Asamblea que en todo momento fue consciente de que cumplía un cometido meramente consultivo. Los miembros de la Junta apenas realizaron unas «observaciones» que se sometieron a consideración del Emperador. De entre los diputados, los más activos fueron los representantes de una corriente que podría definirse como «realista», y que mantenía como enseña la defensa de un sistema de equilibrio constitucional, en el que el Parlamento y el Rey compartiesen la dirección política del Estado. Huelga decir que en absoluto lograron este objetivo, pero al menos sí consiguieron que en la Constitución de Bayona se otorgara un cometido a las Cortes superior al que figuraba en el proyecto. Buen ejemplo de ello puede hallarse en el procedimiento legislativo. El texto propuesto por Napoleón atribuía a las Cortes un papel exclusivamente consultivo; sin embargo, la insistencia de diputados como Arribas, Gómez Hermosilla o Angulo, sirvió para influir en el Emperador, que cambió el proyecto, admitiendo que las leyes debieran ser aprobadas también por el Parlamento.
El Estatuto de Bayona se publicó finalmente en las Gacetas de Madrid de 27 a 30 de julio de 1808 y representó el triunfo del modelo autoritario de Carta Otorgada promovido por Napoleón en otros Estados, como Nápoles, Holanda o Westfalia. El Rey se convertía en el centro del poder, asistido por una pluralidad de órganos que tenían o bien un cometido esencialmente consultivo (Consejo de Estado y Cortes), o puramente ejecutivo (Secretarios del Despacho) o, en fin, de meros garantes de las libertades (Senado).
Juan Antonio Llorente - MEMORIAS PARA LA HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA, CON DOCUMENTOS JUSTIFICATIVOS
Presenta este trabajo de Juan Antonio Llorente (escrito desde el exilio francés bajo seudónimo de Juan Nellerto) la particularidad de ser obra de un afrancesado.
Las Memorias para la Historia de la Revolución española tuvieron amplio predicamento en Francia, y bien pueden servir de contrapunto a las escritas por José Clemente Carnicero, el Conde de Fabrequer, Agustín Príncipe, e incluso, a la Historia del levantamiento, guerra y revolución de España del Conde de Toreno.
Miguel Allué Salvador - LOS SITIOS DE ZARAGOZA ANTE EL DERECHO INTERNACIONAL
Se trata de un interesante estudio jurídico procedente de un discurso pronunciado por su autor en la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, el día 25 de enero de 1908.
Prólogo de la obra
LEER MÁS (ENLACE)- Miguel Allué Salvador - LOS SITIOS DE ZARAGOZA ANTE EL DERECHO INTERNACIONAL
Prólogo de la obra
Con ocasión del primer centenario de los gloriosos Sitios de Zaragoza resulta indudablemente de actualidad presentar, siquiera sea con la modestia proporcional a mis intentos, un punto de vista nuevo desde el cual puede muy bien considerarse la gran epopeya del siglo XIX.
No pretendo analizar aquí, con el detenimiento que efectivamente se merecen, todos los episodios dignos de mención que ocurrieron durante los Sitios. Sería esta labor ínterminable y me propongo ser breve. Por eso me fijaré principalmente en aquellos episodios de mayor relieve desde el punto de vista del Derecho internacional.
Por otra parte, como los dos Sitios de Zaragoza presentan fisonomía distinta y en ocasiones hasta opuesta, convendrá estudiarlos separadamente para mayor claridad.
La defensa de Zaragoza durante el primer sitio fue marcadamente popular. En cambio el segundo sitio, debe ser considerado como un sitio principalmente militar.
Finalmente, aun cuando el aspecto jurídico internacional ha de ser el fundamental en este estudio, esto no obsta para que en él se de cabida a la narración sucinta de las hazañas más memorables realizadas por los zaragozanos; con lo cual se armonizará en cuanto sea posible el carácter crítico-internacional y el histórico-popular.
MANIFIESTO IMPARCIAL Y EXACTO DE LO MÁS IMPORTANTE OCURRIDO EN ARANJUEZ, MADRID Y BAYONA, DESDE EL 17 DE MARZO HASTA EL 15 DE MAYO DE 1808
Este panfleto, que tuvo un cierto predicamento durante los años de guerra contra el francés, y obedece a las iniciales de J. A. (¿José de Arango y Núñez del Castillo? ¿Juan de Arias?), relata tres de los grandes hitos que desembocaron en el conflicto bélico por excelencia de la nación española durante el siglo XIX: Los sucesos de Aranjuez que resultaron en la caída del valido Godoy y la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII. El levantamiento de una parte de la sociedad madrileña el día 2 de mayo. Y, finalmente, las vergonzosas abdicaciones de Bayona.
Faustino Casamayor - DIARIO DE LOS SITIOS DE ZARAGOZA
Los Manuscritos de Faustino Casamayor titulados: "DIARIO DE LOS SITIOS DE ZARAGOZA.AÑO DE 1808", y "DIARIO DEL SEGUNDO SITIO DE ZARAGOZA AÑO DE 1809", escritos en dos tomos que se custodian en la Biblioteca de la Diputación Provincial de Zaragoza (Ms. 4297 y 4298) han sido citados mucho pero vistos poco, como suele suceder con muchas de las fuentes manuscritas. Estos Diarios fueron parcialmente publicados en 1908 por el periodista José Valenzuela La Rosa, obra que aquí presentamos.
Pese a que es evidente que la obra de Casamayor no brilla por sus dotes literarias, su valor reside en su utilidad como crónica histórica de los aconteceres de la ciudad durante los asedios franceses. Aún añade Jerónimo Borao, autor de una biografía inédita de Faustino Casamayor que "es más bien una abundante y provechosa fuente a donde el historiador puede recurrir con la luz de la crítica para dar homogeneidad a los hechos, sentido a las noticias, trabazón al todo, y aire inconexo a ese inconexo memorando".
Faustino Casamayor nació en Zaragoza en 1760. Estudió en la Universidad Literaria de la ciudad y desempeñó el cargo de algualcil de la Audiencia. En 1782 comenzó a escribir Años políticos e históricos de las cosas más particulares ocurridas en la Imperial, Augusta y Siempre Heroica ciudad de Zaragoza, obra que sólo interrumpiría en 1833 cuando, poco antes de morir, las fuerzas le abandonaron. Por sus páginas transita la vida de la ciudad que abandona el siglo XVIII y la que vive las experiencias de los Sitios y de la ocupación francesa. Después fue testigo de las restauraciones fernandinas y de la intensa vida del Trienio liberal.
Antonio de Capmany y Montpalau - CENTINELA CONTRA FRANCESES
La proclama Centinela contra franceses es una obra maestra de la propaganda bélica española escrita en el Madrid de 1808 por un barcelonés de nombre Antonio Capmany y Montpalau, militar, historiador y lingüista catalán nacido en la ciudad Condal en 1742 y muerto en Cádiz en 1813, donde había colaborado como diputado por Cataluña en la discusión de la primera Constitución española, la de 1812.
El trabajo de Capmany comienza así: No es éste tiempo de estarse con los brazos cruzados el que puede empuñar la lanza, ni con la lengua pegada al paladar el que puede usar el don de la palabra para instruir y alentar a sus compatriotas. Nuestra preciosísima libertad está amenazada, la patria corre peligro y pide defensores: desde hoy todos somos soldados, los unos con la espada y los otros con la pluma...
El título de la obra no es original. Capmany lo tomó de dos obras célebres en aquel entonces: Centinela contra judíos (1674), de Francisco de Torrejoncillo, y Centinela contra francmasones (1752), de fray Joseph Torrubia.
En sus páginas se encuentran la conocida tríada Religión, Patria, Rey –omnipresente en la literatura de la Guerra–, las diatribas habituales contra Godoy, la francofobia y las comparaciones de Napoleón con demonios y animales dañinos.
Juan Antonio Llorente - NOTICIA BIOGRÁFICA DE D. JUAN ANTONIO LLORENTE O MEMORIAS PARA LA HISTORIA DE SU VIDA
Juan Antonio Llorente fue un erudito, político y eclesiástico, nacido en Rincón del Soto (La Rioja) en 1756 y muerto en Madrid en 1823.
Dedicado a la carrera eclesiástica, más bien por asegurarse una posición que por vocación verdadera, fue sucesivamente beneficiado en Calahorra, doctor en Derecho canónico, abogado de los Reales Consejos, vicario general del obispado de Calahorra, secretario de la inquisición de Madrid, dignidad de maestre-escuela de la catedral de Toledo, canciller de la Universidad, condecorado con la cruz de Carlos III, y miembro de varias sociedades del reino.
Hallándose en su pueblo natal, prestó auxilios y proporcionó medios de subsistencia a muchos eclesiásticos franceses emigrados durante la revolución.
Profesaba ideas liberales y fue amigo del inmortal Jovellanos, en cuya desgracia fue envuelto, sufriendo como él persecuciones, y viéndose privado de algunos de sus empleos.
Al verificarse la invasión francesa en España, se adhirió al gobierno de José Bonaparte, desempeñando los destinos de consejero de Estado, director de Bienes nacionales y comisario general de Cruzada.
A la caída de este gobierno tuvo que salir de España, marchando a Paris, donde continuó en sus ocupaciones literarias. Pero la Historia de la Inquisición, que publicó en esta capital, con los materiales que había recogido mientras fue secretario en Madrid, y poco después otra obra titulada Retratos políticos de los papas, le suscitaron persecuciones.
Con la llegada de la Constitución de 1812 gracias al pronunciamiento de Rafael del Riego en 1820, Llorente se puso de parte del nuevo estado liberal español; esto, junto a sus actividades como carbonario, descubiertas por el estado francés, motivaron su expulsión de Francia, trasladándose de nuevo a Madrid al amparo del nuevo orden político, donde fallecería pocos meses después.
Uno de los escritos que le han dado justa reputación son las Observaciones críticas sobre el romance de Gil Blas de Santillana, en que demuestra de un modo incontestable la procedencia española de dicha novela. Además de las obras citadas, dejó las siguientes: Monumento romano descubierto en Calahorra; Discursos histórico-canónicos; Fuero-juzgo o Colección de leyes promulgadas en España por los reyes godos; Noticias históricas de las tres Provincias Vascongadas; Discurso heráldico sobre el escudo de armas de España; Colección diplomático de varios papeles; Disertación sobre el poder que los reyes españoles ejercieron hasta el siglo XII en la división de los obispados; ¿Cuál ha sido la opinión de España respecto a la Inquisición?; Discurso sobre la opinión nacional de España, relativa a la guerra con Francia; Observaciones sobre las dinastías de España; Memorias para la historia de la revolución española; Monumentos históricos relativos a las dos pragmáticas sanciones; Discursos sobre una constitución religiosa, considerada como parte de la civil nacional; Aforismos políticos.
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Juan Antonio Llorente es, posiblemente, el intelectual español que más ha sufrido críticas y denuestos y, lo que aún es más grave, el autor que ha soportado los efectos de una conspiración destinada a silenciar una ingente obra que aún hoy no está al alcance de cualquier curioso.
La presentación de su vida y obra se concentra en cuatro momentos o partes cuyo enunciado es suficiente para descubrir la importancia de su envite y en buen medida el de los ataques que hubo de soportar.
En primer lugar, entre otras muchas polémicas políticas e intelectuales en las que se vio envuelto, Juan Antonio Llorente fue el protagonista del mayor debate del siglo XIX: el que enfrentó por un lado a publicistas pagados por la Corona y por las Provincias Vascongadas de otro en torno a los fueros, un debate todavía vigente, muy enconado y desgraciadamente poco esclarecido.
La segunda parte concierne al Santo Oficio y a los intentos de Llorente para abolirlo. La Inquisición es la punta de un iceberg del que quedan bajo el agua las muchas cuestiones relativas a las relaciones Iglesia-Estado cuando el Antiguo Régimen se acerca a su fin. Tampoco puede decirse que los problemas relativos a la Inquisición hayan quedado olvidados y las opiniones de Llorente provocan réplicas las cuales demuestran que, al menos, no se equivocó a la hora de elegir sus temas.
La tercera parte trata de la conversión de Llorente a los ideales revolucionarios franceses. La invasión francesa y la entronización de José Bonaparte fue y es motivo de escándalo y el papel de Llorente en ella dio origen a denuncias no sólo por su militancia política sino por su actuación en la dirección al frente de Bienes Nacionales.
La cuarta parte describe el duro exilio de Llorente en Francia, sus peripecias en este país, su radicalismo político y su corta estancia en España antes de morir. Ni siquiera el exilio calmó su espíritu y en los diez años finales de su vida aún tuvo fuerzas para continuar viejos combates.
Extraído del Prólogo (por Miguel Artola) de la obra Juan Antonio Llorente, español maldito de Francisco Fernández Pardo
José Muñoz Maldonado (Conde de Fabraquer) - HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA CONTRA NAPOLEÓN BONAPARTE DESDE 1808 HASTA 1814
Muñoz Maldonado fue ministro del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, dirigió el Semanario Pintoresco Español, El Museo de las Familias, El Mentor de la Infancia, El Domingo y Flor de la Infancia. Historiador, novelista por entregas y autor dramático, escribió crónicas, cuentos, leyendas de la Historia de España, bajo el título de La España caballeresca, Los Misterios del Escorial, Historia, leyenda, tradiciones, Historias, tradiciones y leyendas de las Imágenes de la Virgen aparecidas en España.
Colaboró en El Panorama, Periódico de Literatura y Arte; fue un habitual traductor de folletines franceses de Paul de Kock; también tradujo Los Miserables de Víctor Hugo. Fue senador vitalicio en la legislatura 1867-1868 y por la provincia de Zamora en la de 1872-1873.
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Benito Pérez Galdós - EL EQUIPAJE DEL REY JOSÉ (Segunda Serie)
La Segunda Serie de los Episodios nacionales fue escrita entre 1875 y 1879, se compone de diez títulos. Su personaje conductor, no siempre protagonista, es el combatiente liberal Salvador Monsalud, en principio guarda jurado del Rey José I de España, malquistado en el absolutismo de los primeros seis años de reinado de Fernando VII (1814–1820), ensalzado en el Trienio Liberal (1820–1823) y perseguido durante la Década Ominosa (1823–1833). Su perpetua insatisfacción nos guía a través de la convulsa España fernandina, en la que ya germinan los conflictos del futuro. Los títulos de los Episodios son:
El equipaje del rey José, Memorias de un cortesano de 1815, La segunda casaca, El Grande Oriente, El 7 de julio, Los Cien Mil Hijos de San Luis, El terror de 1824, Un voluntario realista, Los Apostólicos, Un faccioso más y algunos frailes menos.
El equipaje del rey José define irónicamente el botín que las tropas francesas abandonaron en su retirada de la Península ante el empuje de las guerrillas y el ejército mandado por Wellington, principalmente tras la batalla de Vitoria, uno de los últimos episodios de la Guerra de la Independencia. Un nuevo personaje, Salvador Monsalud, toma el relevo de Gabriel de Araceli, a la hora de vertebrar novelescamente la narración de los sucesos históricos en esta Segunda serie.
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Benito Pérez Galdós - LA BATALLA DE LOS ARAPILES (Primera Serie)
Durante el verano de 1812 se prepara una gran ofensiva contra los franceses, pues un poderoso ejército formado por ingleses, españoles y portugueses al mando del duque de Wellington, que acaba de tomar Ciudad Rodrigo, avanza imparable hacia Madrid. Ambos ejércitos maniobran cautelosamente cerca de Salamanca, porque los generales saben que este enfrentamiento decidirá el curso de la guerra. La batalla de los Arapiles enmarca también las últimas aventuras de Gabriel en la búsqueda de su querida Inés. Después de las intrigas, los viajes y las batallas, llega la conclusión. Los jóvenes enamorados han vivido muchos peligros y peripecias durante la contienda, pero la victoria contra los franceses se acerca y también se cumplirá por fin su reencuentro.
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Benito Pérez Galdós - JUAN MARTÍN, EL EMPECINADO (Primera Serie)
De entre las variadas formas que adoptó la lucha contra el invasor francés, el Empecinado y los suyos bien pueden encarnar a todos y cada uno de los españoles que abandonaron sus familias y ocupaciones para formar en el ejército espontáneo de la guerrilla. Alrededor de él se mueven recios y pintorescos tipos de guerrilleros, como el tremendo mosén Antón Trijueque y, asimismo, Gabriel de Araceli, cuya peripecia constituye el contrapunto novelesco a la cruda realidad de la guerra.
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