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Edward Bulwer Lytton – LA RAZA FUTURA

En "The Coming Race", de 1871, (título traducido como La raza futura, La raza venidera o Vril, el Poder de la Raza Venidera), el narrador, un joven estadounidense común y corriente, es conducido por un ingeniero de minas a un mundo subterráneo poblado por una raza extraña. Ese pueblo, llamado Vril-Ya, posee un poder misterioso llamado Vril. Esta obra es una nueva incursión de Bulwer Lytton en el género fantástico, que no pasaría a mayores si no fuera por los gustos esotéricos de su autor y porque, unos pocos años después de su publicación, se constituyó en Alemania una denominada ‘Sociedad Vril’ que tomó como su libro de cabecera está obra, ya que consideraban que encerraba un mensaje oculto que afectaría al futuro de la Humanidad. Pensaban que esa raza subterránea existía realmente y, en un futuro no muy lejano, saldría a la superficie para guiar al común de los mortales hacia una forma de sociedad acorde con su modo de vida.
El hecho mismo de situar en el centro de la tierra el escenario y el medio ambiente del relato es, en cierto modo, simbólico; parece como si el autor quisiera indicar que la humanidad, para alcanzar el grado de perfección de la raza futura y más avanzada, cuyo cuadro nos presenta, tendrá que adentrarse más en sí misma; que ha de descubrir todos los poderes en ella latentes; pues sólo así obtendrá la fuerza Vril (tema central de la obra) con la cual conseguirá dominar no sólo a la naturaleza de las cosas, sino también a la naturaleza inferior del hombre, a la vez que ayudará a éste a descubrir el ser espiritual superior, que realmente es y que, con el tiempo, habrá de manifestarse.



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Edward Bulwer Lytton – ZANONI

Publicada en 1842, en Zanoni, el personaje central de la narración es un ser misterioso, de origen desconocido y de quien se cuentan cosas extraordinarias, que vive consagrado a sus estudios herméticos hasta que se enamora de la bella Viola Pisani, ídolo de la ópera de Nápoles. Desde ese momento, los amantes estarán sometidos a toda suerte de vicisitudes. Un drama mágico que concluye durante los días del Terror, bajo el imperio de Robespierre y la sombra ominosa de la guillotina.
Su poca popularidad dentro de la literatura gótica es desconcertante, a pesar de poseer muchos méritos tanto en lo estético como en su oportuna aparición dentro de la naciente literatura de terror de mediados del siglo XIX. Sin embargo, aquellos que se animen a cruzar este umbral, descubrirán una novela excelente, quizás la mejor sobre las leyendas de los rosacruces.
«Zanoni —señala Lovecraft— presenta una inmensa esfera de existencia desconocida que se haya sobre nuestro propio mundo, guardada por un horrendo “Guardián del Umbral”, que acosa a aquellos que tratan de entrar y fracasan. Se nos muestra a una benévola sociedad secreta que ha sobrevivido a lo largo de las edades, hasta reducirse a un solo miembro, y tenemos como héroe a un antiguo mago caldeo sobreviviendo a costa de la sangre prístina de la juventud y que acaba pereciendo en la guillotina de la Revolución francesa.
Resulta divertido resaltar que, al describir y ensayar una iniciación en la antigua hermandad, el autor no pudo evitar el uso del socorrido castillo gótico, al estilo walpoleano».





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Edward Bulwer Lytton – LA CASA DE LOS ESPÍRITUS

Bulwer, lejos de sustraerse a la corriente pujante de la narración sobrenatural, cultivó el cuento de terror con cierto éxito. Ejemplo de ello es este breve relato (The House and the Brain) que recoge muchos de los tópicos de aquella literatura. Posiblemente, “La Casa de los Espíritus—escribe Lovecraft—, que utiliza rosacrucismo y una maligna e inmortal figura, quizá inspirada en el misterioso cortesano de Luis XV, el conde de Saint Germain, es aún uno de los mejores cuentos de casa maldita jamás escritos”.

La angustia que me abatió al sentirme en aquella habitación oscura, con aquella cosa oscura cuyo poder se hacía sentir tan intensamente, me produjo una reacción nerviosa. De hecho, mi terror había alcanzado un grado tal que mis sentidos me abandonaron, y rompí el encanto. Lo rompí, efectivamente, pues encontré mi voz, pero esa voz era un grito penetrante. Recuerdo que aullé, estas palabras: No tengo miedo, mi alma no teme nada, y en el mismo instante encontré fuerzas para levantarme. Inmediatamente, en las tinieblas, me precipité hacia una de las ventanas, corrí la cortina y abrí las persianas; mi primer pensamiento fue: ¡Luz!. Y cuando vi la luna alta, clara y tranquila, sentí una alegría tal, que era capaz de compensar mi terror precedente. Era la luna, y más luz de los faroles en la calle desierta…


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Edward Bulwer Lytton – LOS ÚLTIMOS DÍAS DE POMPEYA

Edward George Earl Bulwer-Lytton, primer Barón Lytton (Londres, 25 de mayo de 1803 – Torquay, 18 de enero de 1873), fue un novelista, dramaturgo y político británico. Lytton fue un popular escritor de su tiempo que acuñó frases como "La pluma es más fuerte que la espada" y "Perseguir al todopoderoso dólar". Hoy se recuerda mejor su tópico: "Era una oscura y tormentosa noche...".
Bulwer-Lytton era el benjamín de los hijos del general William Earle Bulwer y de Elizabeth Barbara Lytton, hija de Richard Warburton Lytton de Knebworth, Hertfordshire. Tuvo dos hermanos: William (1799-1877) y Henry (1801-1872), después Lord Dalling. Su hijo Robert Bulwer-Lytton, Primer Conde de Lytton, fue virrey de la India desde 1876 a 1880. Su padre murió cuando él tenía cuatro años de edad, después de lo cual su madre trasladó a toda la familia a Londres. Lytton pasó por varios colegios. Niño delicado y neurótico, pero muy precoz, a los 15 años había publicado un libro, aunque de escasa calidad: Ishmael and other Poems.
En 1822 ingresó en el Trinity College, Cambridge, pero enseguida se trasladó al Trinity Hall. En 1825 ganó un premio de poesía, la Chancellor's Medal for English Verse. Al año siguiente se licenció en Artes, publicando un librito de poemas: Weeds and Wild Flowers. Pasó brevemente por el ejército y, contra los deseos de su madre, contrajo matrimonio con Rosina Doyle Wheeler. Su madre, entonces, le retiró la asignación económica, y Lytton tuvo que ponerse a trabajar. En 1836, tras una tormentosa relación, se separó de su mujer. Tres años más tarde ella publicaría una novela en la que caricaturizó a su marido. Estos ataques se prolongarían durante años.
En 1831 resultaría elegido para el Parlamento, puesto que conservó durante nueve años. Su carrera política se prolongó en el tiempo, y no hizo más que prosperar, haciéndole merecedor, entre otros nombramientos, del de Secretario de Estado para las Colonias (1858).

Su carrera literaria se inició en 1820, con sus primeros poemas. Escribió en una gran variedad de géneros, incluyendo ficción histórica, misterio, novela romántica, ocultismo y ciencia-ficción. Aunque ya era muy popular en su tiempo, por ser un fino estilista victoriano, la prosa de Bulwer-Lytton ha perdido muchos lectores hoy en día, debido a su estilo anacrónico y en exceso acicalado, si bien su libro “Los últimos días de Pompeya” es todavía muy leído.
De sus relatos macabros, como la novela Zanoni o los cuentos Strange story y La casa de los espíritus, señaló H. P. Lovecraft, en su ensayo "El horror sobrenatural en literatura", que pese a sus fuertes dosis de retórica y de hueco romanticismo, el éxito de sus escritos es innegable merced a su habilidad para tejer una cierta clase de singular encantamiento. (Extraído de Wikipedia)

En muchas ocasiones, la novela histórica de la época victoriana se caracterizó por tratar de imitar las novelas de Walter Scott, aunque sin obtener el resultado deseado. Entre los diversos escritores que cultivaron la novela histórica se encuentra Edward George Bulwer Lytton. Tal vez su obra más lograda sea esta, y que inspiró a autores de la época como Collins, Newman y Wiseman. Pronto, las novelas históricas ambientadas en el mundo clásico experimentaron un notable auge. Ya no se novelaba la historia más cercana a los propios escritores, como había hecho Scott con sus novelas sobre Escocia. Ahora los escritores se remontaban hasta la antigua Grecia y Roma tratando de trasladar al lector de vuelta a un pasado poblado de lugares lejanos y exóticos.
En el año 79 de nuestra era una terrible erupción del Vesubio destruyó las inolvidables ciudades de Pompeya y Herculano. Glauco, Diones, Nidia y Arbaces viven los cuatro días previos a la erupción del Vesubio, ajenos al trágico final que su furia les depara. La ciudad que fuera símbolo del emergente poder del Imperio romano está a punto de convertirse en leyenda.
El escritor inglés Edward Bulwer Lytton, basándose en sólidos datos históricos sobre las costumbres y los habitantes de la ciudad itálica, construye una historia de amores, traiciones y venganza que ha encandilado a los lectores desde que apareció publicada en 1834. Bulwer Lytton se había documentado a conciencia tras visitar in situ los descubrimientos pompeyanos: la residencia del esteta Glauco, uno de los protagonistas, estaba inspirada en la recientemente descubierta Casa del Poeta Trágico. El villano, por otra parte, era un sacerdote de Isis que practicaba su culto en el templo de la ciudad dedicado a tal deidad adoptada de la cultura egipcia.
La colonia romana, aristocrática y mercantil, de influencia griega y etrusca, exhibía su prosperidad en sus palacios, mercados, termas y teatros. El amor entre Iona y Glauco es el centro de la historia magistralmente construida, donde el reflejo de costumbres, juegos y espectáculos de la ciudad es tan vivo como el de la psicología de los personajes o la destructiva furia del volcán.
Bulwer Lytton despliega no sólo una interesante novela de corte romántico-histórico, sino que recrea todo un mundo a partir de la influencia que las ruinas pompeyanas tuvieron en su imaginación.



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William H. Ireland - LA ABADESA

El equivalente femenino al Monje Ambrosio de Lewis apareció tres años más tarde, 1799, de mano de William Henry Ireland, autor conocido por ser uno de los más populares falsificadores de supuestas obras de Shakespeare (Vortigern y Rowena). Muchos estudiosos sugieren que la deriva gótica de Ireland no es sino una natural consecuencia de prolongar las falsificaciones shakesperianas, especialmente en el tratamiento de la figura de la villana, cuyos antecedentes se encuentran en muchos casos de la literatura isabelina.
En esta ocasión toca turno a la villana abadesa Victoria Bracciano como atormentado y oscuro personaje de una obra donde se desenvuelven vigorosamente todos elementos tipo de la narrativa gótica.
La Abadesa, cuyo espacio geográfico se desarrolla en Florencia (El Monje lo hace en Madrid), es posiblemente una de las primeras obras del gótico inglés donde la carga sexual se hace más explícita y presente, y donde la escenificación de las torturas inquisitoriales se muestra gráficamente con toda su crudeza (primera descripción larga y detallada de una tortura en los calabozos de la Inquisición). De hecho, las ediciones españolas (las primeras traducciones aparecieron durante el Trienio Liberal) llevaban por subtitulo “La abadesa o las intrigas inquisitoriales”.





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Ann Radcliffe - EL ITALIANO, O EL CONFESIONARIO DE LOS PENITENTES NEGROS

Vivaldi es un joven de familia artistocrática en una Italia del siglo dieciocho, que se enamora de Ellena di Rosalba, una hermosa joven que la familia del aristócrata no acepta. Los impedimentos para la unión de ambos superan la frontera de la oposición familiar, pasando por una trama de muerte y misterio. Ellena es raptada y conducida a un monasterio por orden de la madre de Vivaldi aconsejada por Schedoni, un hombre de iglesia malvado y con un pasado oscuro que ocultar bajo el hábito. Vivaldi comienza así una larga aventura en busca de su amada, una persecución a contrarreloj para evitar que la obliguen a aceptar los votos. Al fin la encuentra y ésta escapa del monasterio gracias a la ayuda de una monja cuyo papel en el historia será de gran importancia. Cuando al fin los jóvenes parecían estar a salvo, Schedoni logra que los de la Santa Inquisición apresen a Vivaldi , acusándole de haber raptado a una novicia. Así pues, la trama se va complicando, descubrimos el pasado de Schedoni y no dejamos de sorprendernos por la sucesión de acontecimientos que, mejor no desvelar, para mantener la intriga en posibles lectores.

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Dos son las obras de Ann Radcliffe que reúnen en su trama los elementos más característicos de un buen relato gótico (castillos tenebrosos, conventos y criptas siniestras, clérigos perversos y heroínas románticas perseguidas): Los misterios de Udolfo y la presente, El italiano, o el confesionario de los penitentes negros, escrita en 1797. Los eventos que la componen se sitúan en 1764. Los castillos en ruinas, las puertas misteriosas, las músicas embriagadoras y los espectros que pueblan sus páginas, en las que bellas doncellas son objeto de una despiadada violencia, son capaces de suscitar un temor inusitado en el lector.



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Matthew Gregory Lewis – EL MONJE

Lewis nació en Londres en 1775 y falleció durante un viaje por el oceano Atlantico en 1818. Matthew Gregory Lewis, llamado "el monje Lewis" en alusión al titulo de su novela mas famosa, estudio en Oxford y en Alemania y ejercía como agregado cultural en la embajada de La Haya cuando escribió 'Ambrosio o El Monje' (1796), novela gótica que entremezcla elementos sobrenaturales, eróticos y sádicos, y que fue muy admirada por Byron y adaptada posteriormente al teatro por A. Artaud. También escribió melodramas musicales góticos, como 'El espectro del castillo' (1798) o 'Aldemorn, el forajido' (1801).
Se establecio en 1815 en America, falleciendo a consecuencia de unas fiebres tropicales durante uno de sus viajes y dejando un diario que se editó póstumamente en 1833 con el titulo 'Diario de un plantador de las Antillas'. Entre su producción destacan además los relatos en verso 'Cuentos de terror' (1799) y 'Cuentos fantásticos' (1801).
El Monje (The Monk), publicada en 1796, es una novela arquetípica de la literatura gótica, escrita por Lewis en tan sólo diez semanas, cuando contaba apenas veinte años de edad. Suscitó un enorme revuelo, no sólo por la juventud de su autor, sino también por su revolucionario contenido, siendo acusado por ello de impío, libertino, ateo y corrompido.
La trama de la novela se centra en Ambrosio, un monje de España, y su violenta caída. Primero llegan los embates carnales de Matilda. Luego, cuando aquella tentación queda satisfecha, el deseo y la seducción se inclinan hacia la inocente Antonia, una desafortunada dama que terminará sus días bajo la condena lúbrica del Monje.
Hay que observar que El Monje es una novela con un alto contenido sexual y extremadamente violenta. El apacible Ambrosio trasmuta su calidez original y se convierte en un ser perverso: Abusa y luego asesina a la pobre Antonia, y tras esta tragedia que decidirá el destino de su alma; Matilda se revela como un instrumento de las potencias infernales, un súcubo enviado para desgarrar los jirones de su voluntad.
El Monje fue una novela transgresora, que utilizó los elementos clásicos del gótico pero forzándolos un paso más allá. En ninguna otra historia de la época pueden apreciarse los elementos de tensión psicológica, la inminente sensación de catástrofe que se cierne sobre su personaje central. La caída de Ambrosio es anticipada por ciertos detalles, pero de ningún modo es posible para el lector vislumbrar cuán abisal será ese descenso.

Matthew Lewis quizás no pensaba en la quimera de elementos que conjuraba en su relato, o acaso si, nunca lo sabremos. Lo cierto es que El Monje es la primera novela en colocar como villano a un representante de la iglesia. Si a esto le sumamos que la obra trata sobre los pactos satánicos, incesto, adulterio, abuso, la inquisición, el celibato, el rol de la mujer como vehículo del mal y varios etcéteras más, vemos con más claridad el impacto de la historia sobre el ulterior desarrollo de la literatura de terror.
Es difícil afirmar hasta dónde llegan los límites en la intencionalidad de Matthew Lewis. Ciertamente hay un ataque furibundo al decoro y la moral de la época. Por otro lado, vemos que la novela cercena y luego se aleja de aquello que critica. Hay pasajes muy extraños, como el episodio de la Monja Sangrienta, las invocaciones en la catacumba, la aparición insólita del Judío Errante, y los diálogos entre Ambrosio y el demonio. Todo el conjunto ayuda a dar la sensación de una pesadilla, de una sucesión de instantes macabros y fuera del orden de la realidad.
Con raíces mucho más negras que las de su colega Radcliffe, Lewis hace uso de lo macabro y lo sobrenatural sin explicaciones racionales, recurre a ello de manera descarada y con suma naturalidad. La facilidad del autor para invocar escenas grotescas y escabrosas es algo inaudito en toda la literatura hasta el momento. Con Lewis nace el verdadero Horror.
La aparición de Radcliffe y Lewis provoca dos maneras de entender la literatura gótica. Radcliffe apuesta por un terror contenido, insinuado, sublime y siempre valorando por encima de todo la plasticidad de sus visiones. Lewis en cambio busca la esencia del horror, su objetivo es provocar pavor al lector y no escatima en medios para lograrlo. Es importante remarcar que se haya utilizado la palabra “terror” para hablar de Radcliffe y “horror” para mencionar a Lewis. En 1826 se publica un ensayo escrito por Radcliffe en el que trataba las diferencias entre Terror y Horror.



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William Beckford - VATHEK (CUENTO ÁRABE)

Fantasía oriental de finales del siglo XVIII. Escrito por el coleccionista de manuscritos antiguos y bibliófilo inglés William Beckford, inicia de cierta forma el género de la literatura fantástica moderna.
Vasto conocedor de mitos y leyendas orientales que apoyan su relato, nos adentra en un laberinto que conduce a la catástrofe.
Elogiada por H. P. Lovecraft en su ensayo "El horror en la literatura" esta novela narra la historia del califa Vathek, un personaje desmesurado a quien su sed de conocimiento acaba precipitando en el Palacio del Fuego Subterráneo, el Infierno, donde encuentra a otros príncipes condenados que le relatan, a su vez, sus desventuras.
En opinión de Jorge L. Borges, en ciertas páginas de Vathek se encuentra, como en ningún otro libro anterior, el horror sobrenatural en estado puro, un mundo que a diferencia del Infierno de Dante, resulta atroz e inquietante en sí mismo: El Vathek —señala— contiene el primer infierno verdaderamente atroz de la literatura.
Borges reseña que el infierno dantesco magnifica la noción de una cárcel; mientras que el infierno de Beckford, los túneles de una pesadilla.

La historia del califa Vathek comienza en lo más alto de una torre, desde donde se lee el firmamento, para terminar en un subterráneo encantado; cuadros graves o gozosos, y prodigios cubren el lapso de tiempo entre ambos extremos. ¡Magistral arquitectura de la fábula y de su no menos hermoso concepto! Algo fatal, algo que parece inherente a una ley apresura la caída, del poder a los infiernos, de un príncipe acompañado de su reino; solo, al borde del precipicio, quiso renegar de la religión oficial, en la que la omnipotencia se fatiga de ir unida a la universal genuflexión, por prácticas mágicas aliadas a un insaciable deseo.

Stéphane Mallarmé




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Sophia Lee - EL SUBTERRÁNEO

El subterráneo, de Sophia Lee (The Recess or a Tale of Other Times, 1785) publicada en España muy pronto —1795— en tres volúmenes, y de nuevo en 1817, ya en la época de esplendor de la novela inglesa femenina en España, se trata, en realidad, de un relato seudohistórico, cuyas protagonistas son las dos supuestas hijas gemelas de la reina María Estuardo —soberana de los escoceses—, nacidas de su matrimonio secreto con el Duque de Norfolk, y escondidas de la corte de Elizabeth Tudor por su propia madre para evitarles su amarga suerte. La novela está narrada en forma epistolar por Matilda, una de las dos hermanas, pero esto no impide que constituya un auténtico entramado de voces femeninas, ya que al tiempo que la protagonista cuenta su propia historia, permite también que se filtren las de su hermana Leonor y otras protagonistas, intercaladas en su propia narración en forma de cartas y cuentos. A través de esta multiplicidad de voces y de personajes femeninos, Lee plantea un retrato muy complejo del poder y del potencial de las mujeres, de su lugar en la historia, de las relaciones femeninas, de la educación de las mujeres y sobre todo, de sus conflictos con el sistema patriarcal. En este sentido, el título de la obra, El subterráneo, adquiere un significado plenamente simbólico, representando no sólo el encierro concreto de Matilda y Leonor en los pasadizos de una vieja abadía en ruinas, sino el de todo su género, privado del conocimiento, la experiencia y el deseo sexual. La obra de Lee es, en realidad, una reivindicación feminista con forma de novela gótica, que, a través de la ficción histórica, denuncia la debilidad de la posición las mujeres en la sociedad de su tiempo. Los recursos del género de horror, incipiente aún en el año en que se escribe la novela (1785), están presentes en su forma convencional de escenarios (túneles oscuros en abadías en ruinas) o motivos (denuncia de instituciones opresoras como la Iglesia católica), e incluso se recurre tímidamente al uso de lo sobrenatural mediante sueños proféticos o voces y visiones inesperados, pero no llegan a alcanzar el nivel simbólico de otros relatos góticos ni se convierten en ningún momento en el núcleo de la novela, cuyo objetivo principal circula por otros derroteros más cercanos a las preocupaciones vitales de su autora, que hubo de enfrentarse en solitario desde bien joven a la sociedad de su tiempo.

Extraído de LA TRADUCCIÓN DE LAS ESCRITORAS INGLESAS Y LA NOVELA ESPAÑOLA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XIX: LO HISTÓRICO, LO SENTIMENTAL Y LO GÓTICO. HELENA ESTABLIER PÉREZ, Universidad de Alicante, Revista de Literatura, 2010, enero-junio, vol. LXXII, n.o 143, págs. 95-118.

 
 
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Horace Walpole - EL CASTILLO DE OTRANTO

En el siglo XVIII y XIX, como reacción al racionalismo y buen gusto de la estética del Neoclasicismo, algunos autores empezaron a utilizar supersticiones y leyendas, el miedo y el terror y los ambientes lúgubres y decadentes como elementos narrativos dentro del Prerromanticismo y el Romanticismo. Así surgió como tal la novela gótica del siglo XVIII y XIX, un abanico que abarca desde El castillo de Otranto (1765) de Horace Walpole a Melmoth el errabundo (1820) de Charles Maturin, pasando por William Beckford Vathek (1786), Ann Radcliffe Los misterios de Udolfo (1794), William Godwin Las aventuras de Caleb Williams (Londres, 1794), Matthew Lewis El Monje (1796) y Jan Potocki Manuscrito encontrado en Zaragoza (1805).
Más adentrado el siglo XIX, otros escritores igualmente románticos renovaron este género aportándole nuevos temas, como Edgar Allan Poe y Mary Shelley. Por último se fue creando una imaginería y mitología del género de terror que incluía desde los relatos de vampiros de Bram Stoker a los cuentos de fantasmas de Henry James y Montague R. James y la mitología de primordiales de Lovecraft y August Derleth.

En su primer período, la literatura gótica surge para saciar las inquietudes de las almas más disconformes con el orden regente, buscan poder experimentar sensaciones prohibidas y escapar de la rutina diaria. Pronto una parte significativa de la sociedad asimila este nuevo género y lo utiliza como válvula de escape.
La palabra gótico en sus orígenes se utilizaba para designar la barbarie germánica (godos), lo medieval, el desorden y el caos, generalmente con connotaciones negativas. Sin embargo conforme avanza la segunda mitad del siglo XVIII algo empieza a cambiar en la sociedad, surge el gusto por la arquitectura medieval, por lo numinoso, por las sombras. En la literatura se atisba una senda oculta entre la maleza, una senda alternativa, que se aparta del camino de la luz. La primera alma en recorrer dicha senda fue la de un inglés avispado que tuvo el honor de ser el fundador del género. En pleno siglo de las luces surge en Inglaterra la figura de Horace Walpole (1717-1797) y su Castillo de Otranto (1764), considerada por muchos como la primera novela gótica. Publicada inicialmente como una traducción de un tal William Marshall a partir de un manuscrito italiano, supuestamente escrito por Onuphrio Muralto, tuvo una buena acogida entre los lectores de la época, lo cual ayudó a Walpole a reconocer su autoría. La novela nos cuenta la historia de un principado y su usurpador, Manfredo, el cual intentará que no se cumpla una terrible profecía que vaticina el fin de su descendencia y la pérdida de su castillo. Toda la trama se desarrolla con el castillo y un monasterio próximo como telón de fondo.
Pese a ser inocente, ingenua y carecer de fuerza alguna, no cabe duda de que nos encontramos ante la primera obra con elementos claramente góticos: el castillo, la inocente princesa, monjes, sucesos sobrenaturales...

El periodo gótico alcanza su plena madurez en la década de los noventa en forma de grandes novelas. Estas obras colosales sirven para retratar perfectamente el género. A su vez la influencia de las novelas góticas se hace notar en muchas partes del continente.
Con la aparición de novelas como Los castillos de Athlyn, Dunbayne (1789), Un romance siciliano (1790), Romance de la selva (1791), todas ellas escritas por la misma autora, entramos en la década de los 90, período dorado para la literatura gótica y en el que se da a conocer la reina del género, Ann Radcliffe (1764-1823), artífice de una de las cumbres, Los misterios de Udolfo (1794).
La aparición de Radcliffe es clave para la novela gótica, pues no sólo aportó sus grandes obras, sino que influyó de manera decisiva en la aparición de la siguiente cumbre gótica. En Mayo de 1794 un joven de tan sólo 19 años, que se acababa de graduar brillantemente en Oxford, leyó con entusiasmo Los Misterios de Udolfo (según sus propias palabras, le pareció uno de los libros mas interesantes jamás publicados) mientras realizaba un viaje, este joven se llamaba Matthew Gregory Lewis (1773-1818). El 23 de Septiembre escribía a su madre: “¿Qué te parece que haya escrito en sólo diez semanas una novela de entre 300 y 400 páginas en octavo? Nunca he escrito nada la mitad de bueno. Se llamará El Monje, y me gusta tanto que si los editores no la compran, yo mismo la publicaré.” Sin duda El Monje, publicada finalmente en marzo de 1796, daría un nuevo impulso a la novela gótica.
Según el ensayista César Fuentes Rodríguez, entre las características específicas de la novela gótica se encuentran las siguientes:
• La intriga se desarrolla en un viejo castillo o un monasterio (importancia del escenario arquitectónico, que sirve para enriquecer la trama)
• Atmósfera de misterio y suspense (el autor crea un marco o escenario sobrenatural capaz, muchas veces por sí mismo, de suscitar sentimientos de misterio o terror)
• Profecía ancestral (una maldición pesa sobre la propiedad o sobre sus habitantes, presentes o remotos)
• Eventos sobrenaturales o de difícil explicación
• Emociones desbocadas (los personajes están sujetos a pasiones desenfrenadas, accesos de pánico, agitaciones del ánimo tales como depresión profunda, angustia, paranoia, celos y amor enfermizo)
• Erotismo larvado (bajo la atmósfera de misterio laten conflictos amorosos mal resueltos y oscuros impulsos sentimentales. El paradigma de la doncella en apuros es muy frecuente; los personajes femeninos enfrentan situaciones que producen desmayos, gritos, llanto y ataques de nervios. Se apela al sentido de compasión del lector presentando una heroína oprimida por angustiosos terrores que, normalmente, se convierte en el foco de la trama. Otro paradigma insoslayable es el de la figura masculina tiránica; suele tratarse de un padre, rey, marido o guardián que requiere de la doncella una acción indigna o inadmisible, sea el casamiento forzado, el sacrificio de su castidad o alguna acción todavía más siniestra)
• Falacia patética (las emociones de los protagonistas intervienen en la apariencia de las cosas, o bien el clima que rodea una escena define el estado de ánimo de los personajes)

En contraste con la escasa validez de las populares novelas por entregas, la narrativa gótica psicológica de calidad intelectual seria mantuvo la buena salud del gótico durante la década de 1820. Frankenstein de Mary Shelley, Melmoth el errabundo de Maturin y Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado de James Hogg demostraron el trágico potencial del gótico y dieron una pista sobre la clase de sofisticación psicológica y metafísica que marcaría las obras de Hawthorne y Le Fanu. La riqueza simbólica y filosófica de estas novelas góticas indica el papel principal que desempeñaría el goticismo durante el siglo XIX, activando los oscuros sueños de muchos grandes escritores que se volvieron hacia el gótico para realzar el carácter trágico de su arte.

En España cultivaron el género José de Urcullu, traductor de Cuentos de duendes y aparecidos, Londres, 1825. Agustín Pérez Zaragoza, traductor, refundidor y autor de los doce volúmenes de Galería fúnebre de espectros, aparecidos y sombras ensangrentadas, 1831. Antonio Ros de Olano, Gustavo Adolfo Bécquer, con sus Leyendas en prosa y José Zorrilla, con sus leyendas en verso, Miguel de los Santos Álvarez y Pedro Antonio de Alarcón con algunos de sus Cuentos.

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En el Castillo de Otranto el usurpador del trono de Otranto, Manfredo, trata de casar a su hijo, Conrado, con Isabella, la hija del desaparecido marqués de Vicenza, para así asegurar su reinado porque piensa que Federico, el marqués, es el descendiente más cercano del último gobernante legítimo de Otranto. Esta boda no se lleva a cabo y se origina una serie de problemas que se resuelven cuando el espectro del auténtico gobernante, Alfonso, da a conocer quién será el nuevo soberano absoluto de Otranto.
La historia se sitúa en Italia durante la Edad Media. Toda la trama ocurre principalmente en dos lugares: el castillo de Otranto y el monasterio de Jerónimo; se hacen regresiones a Sicilia por parte de algunos de los personajes para contar su pasado y durante un tiempo muy corto la historia se traslada al bosque y a las cavernas que hay en éste.
El empleo de Walpole de la palabra “gótico” en el subtítulo de su novela fue una descripción que pretendía impresionar y excitar a su audiencia. En 1764, las connotaciones del término eran todas negativas, dado que “gótico” había sido utilizado para denigrar objetos, personas y actitudes consideradas bárbaras, grotescas, ordinarias, primitivas, sin forma, de mal gusto, salvajes e ignorantes. En un contexto artístico, “gótico” significaba todo lo que era ofensivo a la belleza clásica, algo feo por su desproporción y grotesco por su carencia de gracia unitaria. Describiendo su obra como “una historia gótica”, Walpole no sólo elevó el estatus del adjetivo, sino que proporcionó una etiqueta para el torrente de narrativa de terror que le seguiría. De ahí en adelante, las obras góticas confiarían normalmente en decorados situados en un espacio y tiempo remotos para inducir una atmósfera de delicioso terror.

El escritor Sir Walter Scott, en una introducción a esta obra, escribió:
El Castillo de Otranto es notable no sólo por el sombrío interés de la historia, sino por haber sido el primer intento moderno de fundar una literatura de ficción fantástica sobre la base de las antiguas novelas de caballerías.

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Walter Scott – LA NOVIA DE LAMMERMOOR

La novela histórica romántica tiene en Walter Scott, si no a su inventor, a su primer y más influyente representante. Hijo de un abogado, desde su infancia se sintió fascinado por las leyendas y los episodios históricos, preferentemente medievales, de su tierra natal escocesa, que posteriormente constituirían el tema principal de muchos de sus poemas y novelas. Licenciado en derecho, sus primeros pasos en la literatura los dio como traductor, vertiendo al inglés obras como Lenore, de Gottfried A. Bürger, y Götz de Berlichingen, de Goethe. La publicación, entre 1802 y 1803, de la recopilación de baladas Trovas de la frontera escocesa dio a conocer su nombre al gran público, que también acogió con entusiasmo una serie de largos poemas narrativos entre los que destacan El canto del último trovador y La dama del lago. De 1814 data su primera novela, Waverley, publicada anónimamente como la mayoría de las que le siguieron, en consideración a los cargos públicos de su autor (sheriff de Selkirk desde 1799 y secretario de los tribunales de justicia de Edimburgo desde 1806) y la dudosa reputación del género. Con ella y con las posteriores (El anticuario, Rob Roy, Ivanhoe, La novia de Lammermoor, El pirata, Quentin Durward, El talismán) estableció los cánones de la novela histórica, tal como ésta iba a desarrollarse hasta bien entrado el siglo XX. La autoría de estas novelas no se reveló hasta 1826, año por otro lado especialmente doloroso para Scott, que sufrió la muerte de su esposa y la quiebra de la editorial Constable, en la que había invertido dinero y por la que contrajo una deuda de 130.000 libras. Antes, en 1820, había sido nombrado barón de Abbotsford. Maestro del diálogo y la descripción, poseedor de un estilo vigoroso y poético, influyó en los novelistas de su época, tanto de su patria como foráneos, y también en los músicos y pintores que glosaron y recrearon sus temas.

La novia de Lammermoor nos ubica en Escocia, durante el gobierno de la reina Ana I de Bretaña, entre 1702 y 1714. La trama relata los infortunios de un amor desgraciado entre Lucy Ashton y el enemigo de su familia: Edgar Ravenswood, héroe romántico en el más amplio sentido de la palabra.
Walter Scott aseguraba que La novia de Lammermoor está basada en algunos incidentes reales de la familia Dalerymple, lo cual es factible, según algunos académicos.
La palabra Lammermoor proviene de la voz escocesa: Lammermuir, que a su vez está emparentada con el gaélico: An lomair mòr. En inglés moderno sería algo así como Lamb's moor, El páramo de los corderos.

La novela, si bien de argumento predecible, es un prodigio de ambientación y costumbrismo; recoge la esencia de la vida rural escocesa, y por extensión, la forma de vida de la nobleza en contraposición con el campesinado (en aquellos tiempos, vasallos, casi esclavos). Época de claros y oscuros, donde a menudo, las leyendas se confundían con la realidad cotidiana. Libro para disfrutar y saborear.





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SHAKESPEARE EN ESPAÑA, TRADUCCIONES, IMITACIONES E INFLUENCIA DE LAS OBRAS DE SHAKESPEARE EN LA LITERATURA ESPAÑOLA

Al igual que en los demás países europeos, la obra de Shakespeare tiene una notable presencia en la España contemporánea. Baste señalar que a finales del siglo XX se representaba en nuestros teatros más Shakespeare que Lope, Tirso y Calderón juntos. Sin embargo, no se trata de un fenómeno reciente: el interés por el dramaturgo inglés ya empezó a manifestarse en España en el siglo XVIII, y desde entonces no ha cesado de mostrarse a través de numerosas traducciones, apreciaciones críticas y representaciones teatrales de su obra. En 1883 Daniel López, profesor de lengua inglesa, recogía en un artículo copiosa información sobre las representaciones españolas de adaptaciones de Shakespeare desde 1772 hasta 1838, atendiendo a las traducciones españolas empleadas y al gusto del público en ese periodo. El trabajo, titulado "Shakespeare en España", era el primero que se escribía sobre el tema.

El tricentenario de la muerte de Shakespeare y Cervantes en 1916 brindó una nueva oportunidad para publicar sobre la obra de Shakespeare en España y en la literatura española. Para corresponder al interés por Cervantes demostrado en Inglaterra, la Real Academia ofreció un premio a la mejor monografía sobre el tema «Shakespeare en España: Traducciones, imitaciones e influencia de las obras de Shakespeare en la literatura española». A este ofrecimiento respondió Eduardo Juliá, cuyo trabajo vio la luz en 1918. Dos años después se publicó otro libro con exactamente el mismo título, cuyo autor era Ricardo Ruppert y Ujaravi.


Eduardo Juliá Martínez - SHAKESPEARE EN ESPAÑA, TRADUCCIONES, IMITACIONES E INFLUENCIA DE LAS OBRAS DE SHAKESPEARE EN LA LITERATURA ESPAÑOLA





Ricardo Ruppert y Ujaravi - SHAKESPEARE EN ESPAÑA, TRADUCCIONES, IMITACIONES E INFLUENCIA DE LAS OBRAS DE SHAKESPEARE EN LA LITERATURA ESPAÑOLA




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William Shakespeare - CUENTO DE INVIERNO

El Cuento de Invierno es la penúltima obra de Shakespeare, y es, por su temática, prácticamente inclasificable en ningún género concreto, y por su contenido, una obra de espectáculo total, en el que tragedia, comedia pastoril, música y baile se entremezclan magistralmente.
El título alude al carácter de historia fantástica del texto, como para ser contado alrededor del fuego. Tiene elementos trágicos, pero sobre todo de comedia pastoril. Aunque todo ello se refiere a la forma: de nuevo, Shakespeare vuelve a crear una obra propia, con implicaciones psicológicas, imposible de clasificar.
La acción se desarrolla en dos tiempos con un intervalo de dieciséis años y se alterna entre Sicilia y Bohemia. Inspirada en la tragi­comedia romancesca, trata las relaciones entre padres e hijos en una trama de pérdida y recuperación, discordia y reconcilia­ción en la que intervienen elementos sobrenaturales.
Lo que comienza con una terrible trama de celos injustificados pasa después a ser una comedia pastoril y termina con felices escenas de solemnes arrepentimientos. Brillante en todo momento, el autor aprovecha los vericuetos narrativos para ensartar sus personajes eternos, como en todas sus mejores obras. Y a través de esos personajes (Leontes, Perdita, Florisel, Paulina, Autólico) va entregando sus reflexiones acerca del comportamiento humano, del arte y la naturaleza, del amor y del arrepentimiento.
Dada la importancia que en todas sus «divinas comedias» tiene el espectáculo y el tratamiento artístico de sus ingredientes, esta obra se distingue, también, por su carácter experimental y aun vanguardista. Aunque poco apreciada por los escritores y críti­cos neoclásicos, El cuento de invierno ha ido ganando desde el siglo XIX en estima y admiración hasta convertirse, en opinión de algunos, en la más bella creación de Shakespeare.


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William Shakespeare – MEDIDA POR MEDIDA

Reflexión sobre la justicia (el título hace referencia a la ley del Talión). El argumento gira en torno a la conveniencia de aplicar la ley de modo estricto o racional. También hace un repaso crítico a los males de las sociedades ejemplificándolo con las relaciones entre sexo y poder. Está clasificada como “comedia de conflicto”, como A buen fin no hay mal principio y Troilo y Crésida.

La acción se desarrolla en Viena, capital del Sacro Imperio Romano Germánico durante la Edad Moderna. La obra transcurre en Viena, donde el duque que gobierna la ciudad quiere retirarse durante un tiempo y nombra como su representante a Ángelo, pero en realidad se disfraza de fraile y se dispone a observar la actuación de éste. En estas circunstancias, un joven llamado Claudio es detenido por un delito de 'lujuria' y es condenado a muerte conforme a una ley antigua de la ciudad, que Ángelo quiere imponer de manera inflexible. Isabel, hermana de Claudio, novicia de hermosa presencia, suplica a Ángelo que le perdone la vida. Éste, encendido en deseo, acepta conmutarle la pena a condición de que ella se la entregue. Ante esta proposición, Isabel, muy hostil al sexo, se niega obligando al duque a intervenir.



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William Shakespeare – LA NOCHE DE REYES

También conocida como “Noche de Epifanía, o Lo que queráis” y “La duodécima noche”. Mantiene un tono general de comedia bufa, repleta de personajes extravagantes.
El título hace referencia a la velada número 12 desde la Nochebuena, es decir el 5 de enero, víspera del día de Reyes. Según la tradición, esta obra festiva se escribió para ser representada en esa celebración. Aunque los acontecimientos de la obra no transcurren en esa noche, lo cierto es que, como apunta José Ángel García Landa, durante esos doce días “se hacen cosas extrañas: se reúne la familia, se regalan cosas, se deja de trabajar, se trata la gente en pie de igualdad, se aparcan las diferencias irreconciliables por un tiempo, se desdibujan los papeles atribuidos a los sexos…”, elementos que se reconocen en la trama.

De la trilogía conformada por esta obra y sus predecesoras, Mucho ruido y pocas nueces y Como gustéis, se trata de la más insulsa. A tenor de la crítica, la gran creación humana de la obra es Viola, prototipo del personaje femenino que se hace pasar por hombre, que da pie a desarrollar equívocos sexuales encadenados: es deseada por una mujer mientras que desea a un hombre, el cual desea a la mujer. Si a esto unimos la homosexualidad insinuada en el personaje de Antonio, obtenemos un curioso cóctel, que más parece un puzle. Todo ello sin contar que los personajes femeninos eran interpretados por varones en la época isabelina.



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William Shakespeare – TIMÓN DE ATENAS

Una rara avis en el teatro de Shakespeare es una pieza inclasificable, desconcertante, tal vez en estado de borrador. A partir del siglo XIX, se han presentado sugerencias sobre que Timón podría ser el trabajo de dos escritores con mentalidades muy diferentes, dadas sus características divergentes; el candidato más popular, Thomas Middleton, fue el primero en ser propuesto como tal en 1920. Estas alegaciones han sido rechazadas por otros críticos que apuntan a que en el fondo ha debido ser solo un experimento. No obstante, en las últimas tres décadas, una serie de análisis lingüísticos del texto han descubierto una aparente confirmación de las teorías más tempranas: la obra contiene numerosas palabras, frases y preferencias de puntuación, que son más comunes en los trabajos de Thomas Middleton, y muy raros en Shakespeare. Estas marcas del lenguaje se unen en determinadas escenas, posiblemente indicando que Middleton y Shakespeare la compusieron de forma conjunta, y que se trataría más de una colaboración en vez de una revisión.

Timón de Atenas (1606) fue una obra que Shakespeare nunca pudo verla en escena, pues fue considerada por los censores como una obra políticamente incorrecta. Es una parodia sobre los llamados misántropos, esos seres que terminan odiando a la toda humanidad y que, seguramente se pusieron de moda en el Renacimiento, pues tanto el Shakespeare en Inglaterra, como Molière en Francia, escribieron en el siglo XVII estas obras que tratan sobre esa actitud ante la vida y que más bien parece ser una enfermedad mental.
El legendario Timón de Arenas descubre simultáneamente que su riqueza ya no es tal y sus amigos no son tales. Convertido a la misantropía, se retira a una cueva, donde un nuevo cambio de fortuna no modificará su amargura ni su prédica,…

Un sencillo cuento moral al estilo medieval, revestido de discursos insuperables, que muestran al Shakespeare más crítico con las costumbres hipócritas de la sociedad.



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William Shakespeare – EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

Esta comedia romántica ha conseguido permanecer en el tiempo como ejemplo de fábula con elementos sobrenaturales asociados a los bosques. Hadas y duendes forman un cortejo que influye en la vida y el amor de los humanos. La traducción de su título ha dado lugar a controversia. Hay versiones que titulan “Sueño de una noche de San Juan”. Pero la acción transcurre en nuestra actual primavera, concretamente la noche anterior al primero de mayo, el “Midsummer”. La confusión se deriva del hecho de que la primavera se incluía en el “summer”, resultando así una única estación.

El argumento de la obra es fruto de la imaginación de su autor, que mezcla elementos de la mitología clásica y del folclore sobre la magia para conseguir un todo armónico que gira en torno a la ensoñación del amor, presentando los devaneos humanos con la excusa de la intervención de los espíritus del bosque. Hereda la tradición de las comedias de Plauto.

Al parecer fue escrita con motivo de la conmemoración de la boda de Sir Thomas Berkeley y Elizabeth Carey, en febrero de 1596.

Una obra plagada de fantasía, sueños y realidades, amor y magia en la que se entremezclan varios hilos argumentales centrados respectivamente en dos parejas de nobles amantes, Lisandro, Hermia, Demetrio y Helena, que sufren y disfrutan por causa de su amor; en un grupo de despreocupados cómicos, Cuña, Ensamble, Canilla, Flauta, Gazuza y Soplete; y en una serie de personajes pertenecientes al reino de las hadas, entre los que se encuentran Puck, el rey Oberón y la reina Titania. El trasfondo común se encuentra en las celebraciones de la boda entre Teseo e Hipólita.
La encantadora ligereza del mundo de los elfos concierta con la vicisitud humana; hasta los movimientos y las pasiones de los enamorados parecen desarrollarse según arabescos de ensueño, se desenvuelven en absurdas dificultades y se disipan en encanto como una danza elegante y abstrusa gobernada por el capricho de Amor. Una alegre y absurda metamorfosis se apodera hasta de los humildes artesanos, que no son fantoches marginales en el cuadro, sino que se hallan envueltos en una misma atmósfera mágica; y Bottom, con la cabeza de asno, y la grotesca representación de "Píramo y Tisbe", no parecen tan emparentados con el mundo clásico de Luciano y de Ovidio como con las singulares invenciones de aquel pintor de absurdos fantasmas que se llamó Hieronymus Bosch. El mundo fantástico de las alegorías del Renacimiento y el mundo amoroso de las novelas caballerescas con sus fuentes que encienden o hielan el amor, hallan aquí su más perfecta y poética expresión.



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William Shakespeare – MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES

También traducida en ocasiones literalmente, como “Mucho ruido por nada”, forma parte del grupo denominado por la crítica “grandes comedias”, que denotan mayor madurez que las obras primerizas. También se ha considerado que formaría una trilogía romántica con Como gustéis y Noche de Reyes.

El motivo dramático central, el del amante inducido a engaño por medio de una persona que adopta el parecido de su amada (antiguo motivo que ya se encuentra en las Aventuras de Quereas y Calirroé, de Caritón de Afrodisia), fue extraído por Shakespeare de las Novelas de Matteo Bandello (novela XXII), en la versión de François de Belleforest (Histoires Tragiques, III, 1569), y del Orlando Furioso de Ludovico Ariosto (historia de Ginevra y Ariodante). Las agudas discusiones de Benedicto y Beatriz parecen inspiradas en las de Gaspare Pallavicino y de Emilia Pia en El cortesano de Baldassare Castiglione, traducido por sir Thomas Hoby en 1561.

Mucho ruido y pocas nueces, compuesta en 1598, fue ya en su día una de las comedias más celebradas de William Shakespeare (1574-1616). Situada en su mayor parte en un amable marco de jardines, aposentos y fiestas cortesanas, la obra gira principalmente en torno a dos fuertes personajes enfrentados, Benedicto de Padua y Beatriz, adversarios irreconciliables y ambos tan ingeniosos, mordaces y sarcásticos como desdeñosos del amor. A lomos de una trama animada por los equívocos, las traiciones y los imprevistos, los enemigos jurados acaban sin embargo, para su propia sorpresa, en aquel lugar a donde se prometieron nunca ir a parar y, lo que es más, en la compañía para ellos más insospechada.



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William Shakespeare – LOS DOS HIDALGOS DE VERONA

Su título también se ha traducido al español como “Los dos caballeros de Verona”. Está inspirada en un pasaje del segundo de Los siete libros de la Diana, novela pastoril de Jorge de Montemayor (cuya primera edición datada es de Zaragoza, 1560).
La fecha exacta de composición de la obra no es conocida, pero se cree que fue una de las primeras obras de Shakespeare.

Los dos hidalgos del título son Valentino y Proteus dos buenos amigos. Valentino sale de Verona para visitar Milán para madurar. Deja a su mejor amigo, Proteus, pero no sin reprender a su amigo por haberse aplicado más en los asuntos del amor que en los de la mente. Por casualidad, el padre de Proteus se pone de acuerdo con Valentino y pronto lo manda a Proteus a Milán. Después de una despedida tierna con su amada, Julia, Proteus encuentra a un Valentino enamorado con Silvia, la hija del duque de Milán. Desafortunadamente, Proteus también se enamora de Silvia y hace todo lo posible para poder casarse con ella. Mientras que Proteus está en Milán, Julia se propone encontrarse con su amorado y viaja a Milán disfrazada de muchacho. Ahí ella descubre la traición de Proteus y ella se hace pasar por su paje hasta que piensa en algo que hacer.
La obra concluye con una confrontación intensa en el bosque, donde Proteus intenta violar y raptar a Silvia. Valentino la salva, pero después la cede a Proteus para preservar su amistad. Julia se desmaya, revelando su identidad. Proteus se acuerda de su amor hacia Julia y vuelve con ella.
En el trama cómico, Launce encuentra el amor, pero se queja al público de los atributos de su amada, cuyos defectos "son más que sus pelos."

El drama es notable por los gérmenes de caracteres y de situaciones que Shakespeare desarrollará en dramas sucesivos: numerosos son los puntos de contacto en este sentido con Romeo y Julieta o El mercader de Venecia. Y aunque ninguno de los personajes esté bien trazado, a excepción quizá del payaso Launce y de Julia, en ciertos momentos parecen asumir una individualidad más sabrosa y precisa, saliendo de todo el convencionalismo que domina la obra y perjudica en gran manera su conclusión, donde la concepción medieval de la amistad fraterna (como por ejemplo se encuentra en la novela francesa Amis y Amile) hace posible la absurda cesión de Silvia de parte de Valentine a un amigo falso, indigno y sin escrúpulos. El estilo es fácilmente melodioso, y lleva las señales de la juventud de un genio.



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William Shakespeare – LA TRAGEDIA DE RICARDO III

Narra la historia de la monarquía inglesa desde 1471 (muerte de Enrique VI) hasta 1485 (muerte de Ricardo III). El protagonista es dibujado como un asesino vil, deforme, ambicioso y corrupto.

Gran parte de la trama se sitúa en el Palacio de Westminster en Londres (cuyo aspecto actual con la torre del reloj y albergando el parlamento es completamente diferente), aunque importantes escenas se desarrollan en la Torre de Londres, paradigmático lugar donde han sido encarceladas y ejecutadas muchas personalidades de la Historia de Inglaterra.
El texto está basado en la visión que presentó Tomás Moro de este monarca, en su “Historia del rey Ricardo III” (1513), además de las fuentes habituales en los dramas históricos de Shakespeare. El personaje principal sigue la moda de su tiempo de encarnar el espíritu de Maquiavelo, como sucede también en las obras de Christopher Marlowe.
Ricardo III es asociado en el texto (e históricamente) con un jabalí. Esto se debe a que su propia marca heráldica llevaba este animal como insignia, y su propia deformidad bestial le hacía parecerse a este animal.
El final de la obra se desarrolla en la Batalla de Bosworth, última de las de la Guerra de las Dos Rosas, tras la que se inicia la dinastía Tudor con Enrique VII, padre de Enrique VIII.

Nos encontramos de nuevo con una obra histórica en la que la trama se atraganta en ocasiones, obligándonos a investigar minuciosamente quién es cada personaje. Pero más allá de esto, hay momentos cumbre que resultan insuperables. Ricardo es un personaje muy rico, que más allá de su abyecta maldad, tiene un don de la palabra absoluto, tanto en los parlamentos que usa para convencer a sus adversarias, como cuando reflexiona en soledad o arenga a sus tropas. Toda su impostura al servicio de la consecución del poder queda, sin embargo, anulada en el momento en que ve próxima su muerte: ofrece su reino a cambio del caballo que le salvaría la vida. Un nuevo rey le sustituye, prolongando la eterna rueda de la Historia.



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