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Jordanes - HISTORIA DE LOS GODOS

Jordanes, también conocido como Iornandes o Iordanis, fue un funcionario e historiador del Imperio romano de Oriente durante el siglo VI d. C.
Aunque escribió una Historia de Roma (Romana), su obra de mayor interés es De origine actibusque Getarum (El origen y las hazañas de los Godos), o Getica, escrita en latín  en Constantinopla, sobre el 55.

Esta obra fue escrita por Jordanes a petición de un amigo, quien le pidió escribirlo para la iglesia, como resumen de una obra de varios volúmenes (hoy desaparecida) sobre la historia de los godos, compilada por el político y escritor Casiodoro.
En el Prefacio, Jordanes presentaba el plan de la obra:
Deseaba yo, hermano Castalio, llevar mi navecilla á tranquilas playas donde pudiera pescar pececillos á mi placer en los estanques de los antepasados, como alguien dijo, pero tú me obligas á largar la vela. Pídesme que interrumpa el opúsculo en que he puesto mano, esto es, mi Compendio de las Crónicas, y que intente encerrar en corto volumen los doce libros del Senador (Casiodoro), acerca del origen é historia de los godos, descendiendo de generación en generación, de rey en rey, desde la antigüedad hasta nuestros días: tarea ardua en verdad, y cuyo peso parece que no quiere considerar el que la impone. Seguramente no adviertes que tengo yo muy poco aliento para hacer sonar la magnífica trompa de tal escritor. Y para agravar más y más la dificultad de la empresa, se me da permiso para usar esos libros á condición solamente de no seguir á la letra su sentido.
A decir verdad, he empleado previamente tres días en leer esos libros, gracias á la condescendencia del intendente del autor, y, aunque no haya retenido las palabras,
al menos tengo la pretensión de poseer perfectamente el pensamiento del asunto; habiendo enriquecido mi trabajo con algunas notas tomadas de historiadores griegos y latinos que se refieren á él.

Los factores más importantes en la selección de Jordanes para este trabajo fueron su interés por la historia (ya estaba trabajando en una historia de Roma), su habilidad para escribir de forma sucinta, y sus propias relaciones con los godos. Jordanes había sido funcionario de alto nivel, notario o secretario, de un pequeño estado cliente de Constantinopla en la frontera de Moesia, al norte de la actual Bulgaria.

Debido a que la versión original de la historia de los godos de Casiodoro no ha sobrevivido hasta nuestros días, la obra de Jordanes es una de las fuentes de información más importantes para el periodo de la migración de las tribus germánicas, así como de ostrogodos y visigodos, en especial desde el siglo III.


 La presente edición se encuentra inscrita a modo de apéndice en: Ammiano Marcelino, Historia del Imperio Romano, Traducción de F. Norberto Castilla, Librería de la Viuda de Hernando y Cía, 1896, Madrid, vol. 2.
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Joaquín Bastús - HISTORIA DE LOS TEMPLARIOS

La Historia de la Orden de los Templarios es poco conocida y generalmente deseada. Son muchos a quienes hemos oído preguntar en que época se fundó, y que circunstancias motivaron su estrepitosa caída y extinción. Unos creen que todos los individuos de esta antiquísima y primera Orden de caballería fueron criminales, y como tales degollados o quemados vivos sin distinción alguna; mientras otros suponen que ninguno fue delincuente ni castigado de una manera ejemplar, como generalmente se refiere. Con el objeto pues, de conciliar estos dos extremos tan opuestos y fijar en lo posible la verdadera opinión pública, damos a luz una sucinta noticia histórica del origen e institución…

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Isaac Asimov - LA ALTA EDAD MEDIA: LAS EDADES OSCURAS

La Alta Edad Media se ocupa del periodo de las edades oscuras que, iniciado con las invasiones germánicas que acabaron con el Imperio Romano de Occidente, continúa con las vicisitudes de estos pueblos para crear sus propias estructuras estatales y culmina con la figura de Carlomagno, para desembocar, finalmente, en una nueva etapa civilizatoria a comienzos del segundo milenio.
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Isaac Asimov - CONSTANTINOPLA, EL IMPERIO OLVIDADO

Constantinopla describe los orígenes, el ascenso, el apogeo y la decadencia de ese "imperio olvidado" que fue el Imperio Bizantino en el año 657 a. C. hasta su caída en 1453 y el comienzo de la hegemonía turca.
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Salvador Costanzo - ESTUDIOS SOBRE LA VIDA DE ALBERTO EL GRANDE Y SU SIGLO

Alberto, el hijo mayor del Conde de Bollstädt, nació en Lauingen, Suabia, en el año 1205 o 1206, fue llamado “el Grande” y “Doctor Universalis” (Doctor Universal) en reconocimiento a su genio extraordinario y extenso conocimiento y porque fue perito en todas las ramas del aprendizaje cultivado en su tiempo, sobrepasando a todos sus contemporáneos, excepto, quizás a Roger Bacon (1214-94) en el conocimiento de la naturaleza. Un contemporáneo, Ulrich Engelbert lo llamó la maravilla y el milagro de su época: "Vir in omni scientia adeo divinus, ut nostri temporis stupor et miraculum congrue vocari possit" (De summo bono, tr. III, iv).
La influencia ejercida por Alberto sobre los hombres de letras de sus propios días y aquellos de épocas subsiguientes, fue naturalmente enorme. Su fama se debe en parte al hecho que él era un precursor, el guía y maestro de Santo Tomás de Aquino, aunque su grandeza fue por mérito propio y su distinción reconocida por sus contemporáneos y por la posteridad. Es notable que este fraile de la Edad Media, en el seno de sus muchos deberes como religioso, como provincial de su orden, como obispo y legado papal, como predicador de una cruzada, también realizaba muchos viajes trabajosos desde Colonia a Paris y Roma y frecuentes excursiones a distintos lugares de Alemania, pudo haber sido capaz de componer una verdadera enciclopedia, conteniendo tratados científicos en casi todos los temas, y desplegando un conocimiento de la naturaleza y de teología que sorprende a sus contemporáneos y aún incita la admiración de hombres peritos en nuestros propios tiempos.
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José Bañares y Magán - CISNEROS Y RICHELIEU, ensayo de un paralelo

Introducción a la obra

Las naciones, como las personas, tienen  sus momentos de prosperidad alternando con otros de decadencia; al influjo y a la preponderancia ejercidos en momentos dados por individuos que por la virtualidad de sus condiciones se elevan de la masa general sobrepasando el nivel medio, llegando á las altas posiciones y acabando por engrandecer su nombre, el de los suyos y el de su patria, suceden otros en que por la carencia de personalidades de relieve aquel influjo desaparece, y asi como los bienes de fortuna vinculados en determinadas familias pasan con el transcurso del tiempo á otras que, saliendo de la obscuridad, eclipsan con su brillo el de las que les precedieron en el disfrute de las ventajas materiales, del mismo modo las naciones, que no son otra cosa que agrupaciones de familias en condiciones determinadas y al cabo, parte integrante de la humanidad, ven llegar su poderío al cénit para decaer más tarde siendo substituídas por otras que vienen á llenar en el mundo una misión histórica parecida unas veces y muy distinta en otras ocasiones que la ejercida por los pueblos que antes impusieron su hegemonía.
La Historia nos presenta innumerables ejemplos en corroboración de nuestra tesis mencionada, los cuales no hemos de citar para no ser difusos y para indicar desde luego el asunto del presente trabajo, que a su vez demostrará nuestro aserto; admitido el providencialismo en la Historia sin coartar la libertad individual y especifica de los mortales, es indudable que cuando las naciones han de llenar una misión determinada (cuya finalidad escapa no pocas veces á nuestra finita comprensión, no obstante que al orgullo humano le parezca comprenderlo todo), aparecen los individuos designados por Dios para realizarla, y a veces esos indivídúos son nietos de cien reyes, en otras ocasiones son ellos el primer personaje de su nombre digno de recordación y, ya lleguen á la cima del humano poder con la fuerza de la espada, ora la alcancen por sus talentos y virtudes, ya, en fin, suban al pináculo por medios, condiciones y circunstancias de una diversidad extraordinariamente grande, es lo cierto, que alcanzan á señalar su nombre con caracteres indelebles en la Historia y ejercen un influjo trascendental en la marcha de los humanos en prosecución de su perfeccionamiento; estos personajes nos dejan como herencia sus hechos consignados por La maestra de la vida; pero si nosotros no sabemos comprenderlos, si su lectura no nos inspira decisiones en situaciones análogas, entonces no se cumple el principal de los fínes históricos y la Ciencia de los hechos no puede llenar su misión, no por deficiencias suyas sino falta de comprensión de los que no saben leer con los ojos del alma para obtener provechosas enseñanzas.
¿Y cómo obtendremos el resultado apetecido?; ¿cómo podremos hacer esa lectura entre lineas que ha de ser la provechosa para nuestra enseñanza y que al fin influirá más ó menos, según nuestra posición y poder social, en la marcha general de los sucesos?; á nuestro juicio, recurriendo al método comparativo: el parangón entre unos y otros personajes, el estudio de épocas y pueblos diversos procurando cotejarlos y examinar el ambiente histórico y el espíritu de las personas y de los hechos, podrá proporcionarnos, á más de una provechosa gimnasia intelectual, gran acopio de conocimientos verdaderamente de utilidad y aplicación en el desenvolvimiento social. Por eso en los tiempos modernos (y no queremos para buscar ejemplos recurrir al extranjero, donde hay también bastante malo y no tanto bueno como superficialmenle se figuran muchos), la enseñanza de la Historia participa de ese carácter; y en la cátedra y en el libro, y en la tribuna del Ateneo y hasta en la conversación particular, puede y debe hacerse uso del indicado procedimiento: presentar hechos, épocas, personajes; ponerlos enfrente; comparar los momentos y los sucesos y deducir las consecuencias: he aqui la causa de nuestra afición á los estudios histórico-comparativos; hé aqui que habiendo implantado en modesta escala en nuestra cátedra el método dicho y comenzado á conseguir excelentes frutos, no nos cansemos de preconizarlo; hé aquí, en fin, porqué el asunto de este trabajo sea, (como en otras ocasiones hicimos) un estudio comparalivo de naciones, épocas y personajes.
Dos hombres eminentes cuyos puntos de semejanza y condiciones de disparidad procuraremos estudiar, dos purpurados ilustres, aunque no igualmente geniales ni virtuosos, son los personajes á que nos referimos; Cisneros y Richelieu. Cisneros, el austero personaje de la corte de los reyes católicos, el consejero espiritual de Isabel la Magna, el gran editor de la Biblia, el regente de la nación en circunstancias dificilísimas, es el primero de ellos en el orden cronológico y en todos los órdenes, como veremos.
Richelieu, el obispo de Luçon, el diputado de los Estados Generales en 1614, el rey de hecho bajo Luis XIII, que figura proximamenle un siglo después, es el segundo de estos colosos que tan grande influjo ejercieron en su tiempo, en su país y en Europa entera.
El primero preside y prepara el desarrollo y apogeo del engrandecimiento español en el siglo XVI cuya piedra angular había sido asentada por los católicos Fernando é Isabel, y el segundo, en el siglo XVII y cuando ya la casa de Austria comienza su rápida decadencia, encarna la oposición á dicha dinaslía y contribuye poderosamente a la ruina de ella y al decaimiento de la colosal grandeza española, al propio tiempo que (poco escrupuloso en los medios), engrandecía á Francia y preparaba el que ésta se convirtiera en la primera potencia europea á la pérdida de esa dignidad por España.
Estudiar pues, siquiera sea sumariamente estos personajes y sus épocas y procurar presentar un paralelo de unos y otras, es el objeto de nuestro trabajo. Empresa temeraria parece (y quizá lo sea) cuando eminentes historiadores se han ocupado ya del asunto exprimiéndolo, puede decirse, casi en absoluto, y mucho más no teniendo, como por desgracia no tenemos á nuestro alcance, ni con mucho, la mayor parte de las fuentes históricas y de los trabajos que pudieran servirnos en este caso; pero es tan seductor el asunto, está el que esto escribe tan entusiasmado con la épica figura de nuestro gran franciscano, que no ha podido resistir al impulso de llevar su grano de arena á la gloria de tan excelso personaje; ahora bien, conociéndose algo á si mismo, el autor no se atreve á titular este modesto estudio histórico-crítico, como Paralelo de Cisneros y Richelieu y su tiempo, sino más modestamente con el nombre de ensayo, así pues, titúlese:
«CISNEROS Y RICHELIEU. -Ensayo de un paralelo entre ambos Cardenales y su tiempo.»

Los términos de dicho titulo indican desde luego las tres partes que debe comprender y que estudiaremos sucesivamente procurando la mayor imparcialidad en nuestros juicios, ya que nada como la verdad para demostrar en este caso la grandiosidad del personaje nuestro cuya figura inmensa hemos de ver destacarse
poniéndola al lado de otro eminente y grande político de talento excepcional, pero de menos genio que el primado de Toledo. Pasemos por tanto á la demostración.

José Bañares y Magán, 1911.

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