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Théophile Gautier – VIAJE POR ESPAÑA

Gautier conoce en 1833 a Eugène Piot, un joven heredero, apasionado por el arte, la cultura y el coleccionismo, acompañándole en sus viajes en calidad de consejero artístico, a Alemania e Italia. En 1840 le propone un viaje a España, en donde se supone que, después de siete años de guerra civil, es el lugar apropiado para comprar cuadros, objetos de arte y antigüedades, al mismo tiempo que le servirán para escribir sus artículos sobre España y publicarlos en el diario La Presse, de París, y en la revista Deux Mondes.
Gautier llega a la frontera de Bayona el 11 de mayo de 1840, seis días después de su salida de París. Después de pasar tres días en Burgos y Valladolid, se dirige a Madrid donde permanece desde el 22 de mayo al 20 de junio. Del 20 al 23 de junio visita Toledo, regresa a Madrid, de donde sale el 27 con dirección a Andalucía: Granada (1 de julio al 12 de agosto), Málaga (del 14 al 16 de agosto), Córdoba (del 21 al 23 de septiembre), Sevilla (del 24 de agosto al 2 de septiembre), Cádiz (del 3 al 11 de septiembre), permanece en Valencia del 15 al 30 de septiembre; embarca hacia Francia llegando a Port Vendres el 3 de octubre. En 1843 aparece por primera vez una versión de este viaje a España con el título Tra los montes. Ese mismo año, el teatro de variedades presenta el vaudeville Un voyage en Espagne, pero es en 1845 cuando Gautier encuentra un nuevo editor, Charpentier, y lo reedita con el título definitivo.
El libro es un conjunto de artículos que Gautier iba escribiendo semana tras semana, combinando la explicación turística, la crónica, y el diario de viaje.

El viaje romántico (del que se dice que inventó la España de pandereta) aporta al relato una savia nueva, no es una guía, sino una meditación, a veces poética, a veces emotiva, sobre lo que observa, aunque esta meditación es estética y personal, interesada. Interesada y personal porque sólo escoge aquello que le sirve para expresar vivencialmente sus pensamientos, intentando involucrar al lector, haciéndole partícipe, incluso cómplice, de sus emociones.
El viajero romántico ama la verticalidad de la montaña, porque en ella se encuentran los castillos, los bandoleros, ladrones y contrabandistas, en oposición a las llanuras, monótonas, incultas, despobladas, porque al romántico no le interesan las labores agrícolas, despreciando toda la cotidianeidad. En esa situación se encuentra La Mancha, pero de esta descripción salen páginas llenas de matices, de emoción, de exaltación de la sensibilidad de un universo lúdico y pintoresco, estético y sensual.
El paraíso andaluz, por el contrario, contrasta con las demás regiones, la óptica romántica se deshace en elogios al clima, la luz, el relieve, el exotismo africano, el arabismo, el pintoresquismo, características que pocas regiones comparten a medias con el edenismo andaluz.

Extraído del artículo: El universo lúdico de Théophile Gautier en Voyage en Espagne: La Mancha, de Nicolás CAMPOS PLAZA y Natalia CAMPOS MARTÍN. Universidad de Castilla - La Mancha.

La realidad española no tenía nada que ver con la idea de nuestro país que atraía a los románticos. Es cierto que España se había quedado atrasada respecto a la Europa más desarrollada tras la catástrofe de la Guerra de Independencia y guerras civiles que la siguieron. También que había elementos pintorescos únicos, empezando por los toros, pero ni estaba en la Edad Media, ni era África.
Pero el Romanticismo, con su búsqueda de emociones, su exaltación de los sentimientos, había decidido mitificar a España, paraíso e infierno delicioso para escritores, artistas y enamorados, lleno de majas, de toreros y de bandoleros.
Con todo, aterrizar en el siglo XIX y que Gautier nos acompañe por Burgos, el Paseo del Prado de Madrid, Sevilla, o la Mezquita de Córdoba es un plan emocionante y lleno de interés. Su visión es casi siempre imparcial y tiene un encanto y una mirada de la que carecen muchos otros viajeros que le siguieron. A su regreso a París confesó:
Me sentía allí como en mi verdadero suelo y como en una patria vuelta a encontrar.




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Benito Pérez Galdós - LA CASA DE SHAKESPEARE

En septiembre de 1889, Benito Pérez Galdós tomó un tren en Newscastle para realizar un viaje que planeaba desde hacía años: visitar la casa de Shakespeare en Stratford-on-Avon.
Desde las primeras líneas del texto, el tono y la actitud de Galdós son los de un peregrino:

Pisé el suelo, que no vacilo en llamar sagrado, donde está la cuna y sepulcro del gran poeta. Desde luego afirmo que no hay en Europa sitio alguno de peregrinación que ofrezca mayor interés ni que despierte emociones tan hondas.

Galdós, que tiene la sensación de ser uno de los pocos españoles que han visitado aquella Jerusalén literaria,  y, tras parada y fonda en el Shakespeare's Hotel de Stratford-on-Avon, describe la casa del maestro y sus reliquias para alcanzar la cumbre de su peregrinación en la Trinity Church, donde está la tumba del poeta.


A modo de libro de viajero, el presente volumen incluye también las crónicas de Galdós de su viaje a Portugal en 1884 y a Italia en 1888.



Shakespeare era admirado por nuestro insigne escritor. ¿Cómo no iba a visitar la casa del genio del teatro, aunque para ello tuviera que sufrir alguna inconveniencia paliada en el texto por un tono irónico y menor?
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Joaquín Francisco Pacheco - ITALIA: ENSAYO DESCRIPTIVO, ARTÍSTICO Y POLÍTICO

Don Joaquín Francisco Pacheco nace en Ecija el 22 de Febrero de 1808 y fallece en Madrid el 8 de Octubre de 1865. Constituye una de las figuras políticas más atractivas e interesantes del siglo XIX. Sus intervenciones en tan borrascosa fase de la época del reinado de Isabel II, donde desempeñó un importante papel en la vida pública, arrancan como periodista, en varias ocasiones Embajador, llega a alcanzar la Presidencia del Gobierno, siendo Primer Ministro en diversos Gabinetes y alternando la política con la literatura, destacando como uno de los juristas más fecundos de su tiempo.
Después de haber hecho sus primeros estudios, en Córdoba en el colegio de la Asunción, pasó en 1823 a la ciudad de Sevilla, donde siguió la carrera de jurisprudencia que terminó seis años después. En los primeros de su juventud cultivó la poesía y se ejercitó en la literatura asociado a varios jóvenes de instrucción e ingenio. Una oda a la Amnistía que concedió la reina Cristina, durante la enfermedad del último monarca, fue el primer fruto de sus estudios literarios. En 1833 fue nombrado procurador síndico del Ayuntamiento de Écija y en el siguiente año se trasladó a la corte, donde el ministro Burgos, conocedor de sus buenas cualidades, le nombró redactor del periódico titulado Anales administrativos, que recibió después el nombre de Diario de administración. Al separarse de este periódico formó parte de la Abeja, periódico que se fundó por entonces.
En 1835 fué nombrado contador general de pósitos, cargo que desempeñó hasta después de los acontecimientos de la Granja. Al año siguiente fundó con D. Juan Bravo Murillo y D. Manuel Pérez Hernández el Boletin de Jurisprudencia, primera revista jurídica que ha aparecido en España y que conserva general aprecio. Elegido en el mismo año diputado para las Cortes que debían revisar el Estatuto Real y que no llegaron a reunirse por la revolución de la Granja, se retiró a la vida privada incorporándose al colegio de abogados de Madrid.
En 1837 dirigió el periódico titulado el Español, fundando posteriormente el llamado la España. Al año siguiente el ministerio Ofalia le brindó la subsecretaria de la Gobernación y la cartera de Marina; pero se negó por entonces a desempeñar estos destinos. En 1839 fue elegido diputado por Sevilla, y en 1840 por Córdoba, conquistándose entonces esa influencia en el parlamento y ese crédito como orador que no le ha abandonado luego en su larga carrera. Redactor del Correo Nacional, en la época del pronunciamiento de Septiembre la junta de Madrid le desterró a León, pero el señor Pacheco se dirigió a Paris por distinto camino, y no regresó hasta 1841 para representar en el Congreso a las provincias de Álava y Vizcaya por que había sido elegido diputado. El gobierno provisional le nombró en 1843 fiscal del Tribunal Supremo de Justicia, cargo que desempeñó hasta la supresión de una de las dos fiscalías, pasando entonces á formar parte de la comisión de Códigos.
Córdoba le reeligió de nuevo diputado en las Cortes que reformaron la constitución conocida con el nombre de 1845. Posteriormente desempeñó la cartera de Estado y la presidencia del Consejo de ministros, siendo al cesar en estos cargos enviado de embajador a Roma y condecorado con la gran cruz de la orden de Carlos III.
En 1854 perteneció Pacheco a la junta de gobierno de Madrid y fue nombrado ministro de Estado del gabinete Espartero-O'Donnell. También formó parte, como diputado, de las Cortes constituyentes, y al dimitir los primeros cargos, ocupó un elevado puesto diplomático, habiendo después sido otra vez enviado extraordinario y ministro plenipotenciario cerca de Su Santidad.
Nombrado individuo de la Academia española de la Lengua, a la cual pertenece hace muchos años como a las de Nobles Artes de San Fernando y a la Pontificia de San Lucas de Roma, al tomar posesión de aquella plaza pronunció un discurso en extremo original y digno de consulta acerca del género de literatura a que corresponden los escritos que se destinan á los diarios políticos y publicaciones periódicas, siendo el primero que desde un lugar autorizado dio á conocer y explicó la importancia literaria de esta clase de trabajos y las condiciones que les son propias.

Sus obras versan por lo general sobre política, administración o legislación; a este género pertenecen los escritos que publicó en la Revista de Madrid, y su:

— Comentario á las leyes de desvinculación, de que se han hecho varias ediciones.

— El Código penal, concordado y comentado. Tres tomos: la 1º edición se publicó en 1848 y 49. La segunda en 1856.

— Comentario al decreto sobre recursos de nulidad.

— Estudios de derecho penal. Lecciones pronunciadas en el Ateneo en 1838 y 39.

— Alfredo. Drama en 5 actos.

— Los siete infantes de Lara. Id.

— Bernardo del Carpio. Id.

— Historia de la Regencia de la reina Cristina.

— Italia. Ensayo descriptivo, artístico y político, 1857. Primera parte. En la página 422 de esto volumen dice el Sr. Pacheco: « Ignoro si tendrá esta obra una segunda parte. Mi intención y mi deseo son dársela. Si Dios me concede salud; si puedo visitar, como me propongo, el Milanesado, Venecia, Parma, Ferrara, Nápoles y Sicilia, un nuevo tomo completará entonces el comenzado cuadro, y habré podido consagrar a aquella noble península el completo como sincero homenaje de mi cariño ».

Biografía de Joaquín Francisco Pacheco escrita por Manuel Ovilo y Otero, que forma parte del libro Manual de Biografía y de bibliografía de los escritores españoles del siglo XIX - Tomo II.

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El profesor J. Luis Comellas escribe en su obra “Los Moderados en el Poder”: “Que Pacheco sigue estando como en la sombra a falta de un estudio completo destacando con ello que tan relevante político moderado bien merece se le saque a la luz, para valorar su personalidad y actividad política”.
Comellas distingue en el partido moderado tres sectores distintos, en uno, el más central y más numeroso, en el que militan aquellos cuyo juicio general ha expuesto Rodríguez Casado, como de centrismo rígido y cerrado, que no admite el diálogo ni con los Carlistas, ni con los Progresistas, Mon, Vidal, Sartorius, González Bravo, Narváez... De los otros sectores, uno, “fracción de Viluma”, que concibe la reconciliación con los carlistas, el camino más franco hacia un “gran partido nacional”. La otra, la de los puritanos, que sigue a Pacheco o a Pastor Díaz, propugna un entendimiento dialéctico de posición organizada a lo Cánovas con los progresistas, como única forma de lograr en España un régimen liberal, verdaderamente sincero y eficaz.


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Estaba, pues, hasta aquí guardado para el Sr. Pacheco, poeta, orador, artista de corazón, tanto ó más que jurisconsulto y hombre público, romper esta senda no trillada, dando á luz en España un libro, y un buen libro, acerca de Italia.
No todos estarán conformes con sus opiniones: ¿lo está por ventura con todas ellas el autor de este artículo? Pero nadie podrá dejar de reconocer, si la malevolencia no le ciega, que la obra del Sr. Pacheco contiene exactas y profundas observaciones, y que él merece un lugar, de los primeros, entre los que han discurrido en España hasta aquí de bellas artes. Conoce el autor en toda su extensión los problemas, los plantea con claridad suma, los discute con lealtad, los resuelve con acierto casi siempre, con error tal vez alguna, como sucede, y no puede menos de suceder en materias, tan íntimamente relacionadas con la metafísica y con la crítica histórica.
Ni el libro de que se trata, ni otro alguno os dará ¡oh curiosos lectores! una idea clara de lo que ella es, sino vais á verla con vuestros ojos mismos. Pero yendo, hallareis en éste un compañero discreto, que os ayude á sentir y á pensar con el poderoso espíritu de su autor, y su anticipado conocimiento de los sitios que visitáis: no yendo, él os aguijará á ir incesantemente, y os dará en rostro con vuestra pereza ó mal gusto.
¡Lástima grande que no haya ido más allá de Roma en sus excursiones el Sr. Pacheco! Tendríamos completa una obra de que carecíamos hasta ahora, y que, aun como queda, es ya una joya literaria de gran precio. Tal vez el autor se decida antes de mucho á visitar á Venecia, á Milán, á Nápoles, á Bologna. Así cumplirá la promesa escrita en la última página de su libro.* Lo deseo por lo mismo que he leído y he podido juzgar el que da ocasión á estas líneas. Lo deseo por lo mismo que tanto se echan de menos los libros españoles destinados á describir aquellas nobles provincias, que eran hermanas nuestras no hace más que siglo y medio, y con nosotros compartieron la suma de las prosperidades, ó el extremo de la degradación y de la, desdicha. Lo deseo, últimamente, por amor á la Italia, por cariño al Sr. Pacheco, á quien me complazco en respetar como maestro, y en admirar como lo que es: como uno de los hombres cuyo talento más honra á su patria.

* La muerte ha impedido al Sr. Pacheco llevar adelante su propósito, con sentimiento de todos los amantes de las letras y las artes.

Antonio Cánovas del Castillo, Estudios literarios

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Amós de Escalante – DEL EBRO AL TIBER

Marcelino Menéndez Pelayo detectó una notable influencia francesa (Dumas, Gautier, Mérimée …) en el modelo de libro de viajes practicado por Escalante, aunque, de ámbito algo distinto es este Del ebro al Tíber, con el que se han señalado ciertos paralelismos con autores como Joaquín Francisco Pacheco (Italia: ensayo descriptivo, artístico y político, 1857), Emilio Castelar en sus Recuerdos de Italia (obra posterior, de 1872), y esencialmente con Pedro Antonio de Alarcón en su De Madrid a Nápoles, 1861.
Predomina en la obra lo pintoresco, la luz y el colorido, amén de un halo romántico que desaparecerá paulatinamente hasta su Costas y montañas, también catalogada en esta Biblioteca Digital.

Sus dos primeros libros de viajes (en 1863, "Del Manzanares al Darro", y en 1864 "Del Ebro al Tiber") forman en el conjunto de su obra literaria la creación de su primera época. La segunda -"la que podemos llamar su época clásica", dirá don Marcelino -comienza en 1871 con la publicación de "Costas y montañas". Muchas cosas transcurrieron en la vida española entre una y otra etapa: la Revolución, el destronamiento de Isabel II, la busca de un Rey... "Costas y montañas" es su obra predilecta: una magnifica guía sentimental, histórica y poética de una tierra conocida y amada a fondo. En 1873, el año de la República, publica "En la playa": cinco narraciones que tienen por escenario la playa del Sardinero, donde "nunca encontraron hastío sus ojos ni cansancio su alma". En 1877 aparece "Ave Maris Stella", que es una novela histórica -"historia montañesa del siglo XVII".
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Emilio Castelar – RECUERDOS DE ITALIA

Recuerdos de Italia es una de las obras literarias del que fue uno de los presidentes de la Primera República, y revela el vigor y la actualidad de su prosa, una de las mejores del XIX español. Esas impresiones se produjeron durante el viaje que el político y escritor hizo a Italia en 1866 y que se publicaron en forma de libro en 1872, la primera parte, y en 1876, la segunda.

Conocedor de una extensa literatura sobre la materia, Emilio Castelar ofrece en Recuerdos de Italia la síntesis definitiva de su pensamiento y estilo. Sobre la emocionalidad impresionista de cuantas experiencias quedaron “grabadas en el corazón y en la memoria”, el autor realiza descripciones de monumentos y obras artísticas o de paisajes con “personalidad histórica”, apoyado en fecundas digresiones que son el fruto de su cultura enciclopédica. A caballo ente la nostalgia del desterrado y el optimismo de quien “ya tiene por patria la Europa redimida”, Castelar recorre la historia de la civilización ligada a la doble herencia, con sus luces y sus sombras, de Roma y el cristianismo. Las playas hermosísimas de Capri, la pintura de Miguel Ángel en la Sixtina o el cementerio de Pisa son algunos de los escenarios visitados por el escritor y político gaditano. El compromiso político de Castelar revela a quien se consideró a sí mismo como “el demócrata más avanzado de Europa”, un idealista atraído por el progreso material, sin el cual no concibe la libertad, y en quien confluyen el romántico que declara ser y el positivista en quien elude reconocerse.

Libro apenas conocido que era el más valorado por su autor y tal vez el que mejor ejemplifica la intención y alcance de su literatura.
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En el viaje de los ilustrados, a través de esa admiración que causa en la mirada del viajero la realidad convertida en objeto cultural emerge claramente una nueva mentalidad, que se quiere enciclopédica y científica, aunque lo haga, al menos en un primer momento, de manera torpe y vacilante.
Un poco más tarde, el viajero romántico, ya muy civilizado y por ello de alguna manera decadente, llevando el viaje hasta el borde de ese abismo desde el que se otea al unísono lo inconmensurable y lo irremediablemente fatal, impregnará su experiencia de melancolía. Pero es sobre todo el viajero de la ilustración, más rudo, el que ausculta los paisajes y analiza los vestigios de la antigüedad o las obras de arte intentando deducir las razones que cimentaron las grandes civilizaciones del pasado y que, por ello, deben dar solidez a esta civilización, la suya, en cuyos albores él se halla.

Coincidiendo con esta época, Italia como destino del viaje es recuperada por muchos viajeros que encontraron en ella, como en pocos lugares, la fusión de un pasado secular que se hunde en los orígenes de nuestra civilización y a la vez un mundo abierto al futuro, A partir de esta época Italia será el destino casi obligado de escritores e intelectuales que dan la espalda a su mundo y vuelven la mirada al de Grecia y Roma. En esta evasión de la realidad conocida, el viajero buscará "la belleza física de Grecia y Roma" y descubrirá "el interés imaginativo por la historia.
Los viajeros españoles no tardan en sumarse a esta corriente, es el caso, entre otros, de Pedro Antonio de Alarcón, Amos de Escalante, Severo Catalina y Emilio Castelar, que en fechas muy próximas viajaron a Italia por diferentes motivos, y más tarde publicaron en forma de libro de viajes su experiencia.
Vemos cómo el espíritu de la época termina imponiéndose para cargar lo que sería el simple relato del viaje, de contenidos que van más allá de la mera contemplación; la contemplación es sólo el comienzo, el punto de partida, la invitación a la reflexión:

Donde quiera que un monumento, una ciudad, una persona ilustre, un territorio célebre han herido mi atención, heme parado á contemplarlos y describirlos, dando un bosquejo fugaz, no sólo idea concreta de ellos, sino cuenta exacta de la serie de ideas que me han inspirado sus celajes, sus líneas, sus recuerdos, sus ruinas, su destino en la historia, su misterio en la poesía y en el arte.

(Castelar, 1872, t. II: V)


La contemplación es sólo el preludio de una reflexión más profunda, oculta en una primera lectura, y nunca carente de subjetividad. En esto reside una de las notas que definirán al relato de viajes de esta época: su ideologización.
En el siglo XIX asistimos a la reafirmación de un género, el de la literatura de viajes, que muestra abiertamente una clara evolución del mismo respecto a épocas pasadas, y a la consolidación de las marcas esbozadas con nitidez en los viajes ilustrados y románticos, como son una clara voluntad por parte del viajero de huir de moldes fijados por escritores anteriores y transmitir únicamente aquello que es sólo fruto de sus experiencias e impresiones, y no de las ajenas.
Todo esto y mucho más es lo que Castelar nos ofrece en una obra donde están las páginas menos oratorias y más literarias que escribió en toda su vida, según juicio de Menéndez Pelayo, y obra a la que nosotros añadimos el mérito de reforzar, mediante una sólida estructura retórica, las reglas del género.

Extraído de Emilio Castelar y su época. Actas del I Seminario Emilio Castelar y su época. Ideología, Retórica y Poética, Cádiz, 2001. LA RETÓRICA DEL VIAJE: A PROPÓSITO DE RECUERDOS DE ITALIA (NOTAS PARA UNA REVISIÓN DE LA LITERATURA DE VIAJES COMO GÉNERO LITERARIO) María Rubio Martín. Universidad de Castilla-La Mancha.

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Vicente Blasco Ibáñez – EN EL PAÍS DEL ARTE. (TRES MESES EN ITALIA)

En múltiples ocasiones se ha observado que Blasco Ibáñez se distingue de los pensadores contemporáneos de la así llamada generación del 98 por su adhesión concreta a la realidad histórica y por haber sido un hombre de acción, lejano de abstracciones o fugas utópicas. Convencido republicano federalista, discípulo de Pi i Margall, a los 27 años, funda en noviembre de 1894 el periódico El Pueblo, donde publica numerosos artículos y, en los folletines que acompañaban el periódico, algunos cuentos. Anteriormente había publicado la novela La araña negra y el relato histórico ¡Viva la República! al igual que una serie de reportajes literarios desde París donde vivió durante dieciocho meses, en su primer exilio político. En El Pueblo comienza a publicar la novela Arroz y tartana pero son los acontecimientos políticos los que le preocupan ahora sobre todo. Había estallado la insurrección de Cuba: Blasco se proclama a favor de la libertad de la colonia y en contra de la guerra, que consideraba un sacrificio inútil de tantas vidas jóvenes españolas mandadas a combatir por una causa seguramente perdida.

La crisis se agudiza en 1895 y su periódico es, en esta época, el más comprometido en Valencia en oponerse a la política del Gobierno, sostenido por la Monarquía. En mayo del mismo año, Blasco se concede unas breves vacaciones y marcha a Argelia, donde escribirá algunos reportajes que mandará a El Pueblo.
En estos breves artículos ya aparecen algunas características típicas del modo de observar y narrar de Blasco Ibáñez: la descripción minuciosa, atenta a los detalles y fuertemente sugestiva, la evocación histórica perfilada con escasos datos concretos pero realzada con una rica fantasía, la curiosidad que lleva al autor a observar las diversas costumbres y las diferentes mentalidades,…

De regreso a Valencia, Blasco encuentra que se ha agudizado la crisis de Cuba: en 1896 publica otros artículos de fuerte oposición y promueve manifestaciones que provocan incidentes. Las autoridades proclaman el estado de sitio y persiguen a los promotores de las manifestaciones. Blasco Ibáñez se ve obligado a esconderse, ayudado por sus amigos republicanos hasta que consigue embarcarse disfrazado de marinero en el vapor Sagunto que lo lleva a Sète, en Francia. Desde allí, a bordo de una nave francesa, prosigue hacia Italia y desembarca en Génova desde donde emprende su grand tour a través de toda Italia.
Sabemos por algunas cartas expedidas a su amigo Miguel Senent, administrador de El Pueblo que le ayudó concretamente con el envío de dinero, que había programado un viaje más largo del que luego realizó, pues se limitó a las etapas del itinerario breve y clásico del turismo en Italia: Génova, Milán, Pavía, Pisa, Roma, Nápoles, Pompeya, Asís, Florencia y Venecia.
Un viaje de tres meses en tren, cuyo relato aparece por entregas en El Pueblo y que después fue recogido en un volumen con un título que reproducía un difuso estereotipo sobre Italia: En el país del arte (Tres meses en Italia).

Además del arte, que es motivo principal de su atención, le interesan las costumbres y el comportamiento de la gente, pero se concede mucho a la evocación histórica, fruto de sus lecturas y campo amado para desfogar su fantasía y para introducir personales observaciones de naturaleza ideológica o política.



Rinaldo Froldi
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Alfredo Opisso – VIAJES POR EUROPA

La presente obra no es, en realidad, un relato de viaje. Se trata, como reproduce el autor en su prólogo, un compendio de descripciones con fines pedagógicos, especialmente dirigido al público infantil y juvenil de la época.

No hay quien ignore lo difícil que es el acierto al tratar de escribir para los niños, pues hay que evitar el doble escollo de o hacerse inteligible o caer en la vulgaridad y la deficiencia.
Las dificultades á que acabo de referirme no fueron óbice, sin embargo, á que llevado de mi afición á los estudios geográficos y á mi entusiasmo por los progresos intelectuales de las generaciones que deben sucedemos, aceptara con el mayor placer la invitación del editor D. Antonio J. Bastinos, á escribir para la niñez una serie de Viajes por Europa, en el cual se contuvieran bajo amena forma las nociones principales respecto á la geografía física, política, histórica y económica de cada una de las naciones de esta parte del mundo.
Emprendí mi trabajo con verdadero amor, procurando realizar en la medida de mi capacidad el plan del Sr. Bastinos. No sé si, á vivir mi insigne amigo D. José de Castro y Serrano, que tanto recomendaba la amenidad en todo género de producciones literarias, encontraría suficientemente satisfecha dicha condición, á pesar de mis buenos propósitos; en cambio, puedo responder del cuidado que he puesto en la exactitud de los datos y noticias que se dan en cada uno de los Viajes, y de mis vivos deseos de convertir en interesantes las áridas nomenclaturas de otros tiempos, siguiendo en esto el espíritu de renovación que de pocos años á esta parte se ha iniciado en la Geografía.
En fin, al pío lector toca juzgar, no quedándome sino rogarle que disculpe mi insuficiencia, si así le parece, en atención al patriótico deseo que me ha guiado, pues por muy patriótico juzgo todo cuanto pueda contribuir á la propagación de uno de los estudios más indispensables de nuestros tiempos.

Alfredo Opisso, 1896.
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Washington Irving - LOS CUENTOS DE LA ALHAMBRA PRECEDIDOS DE UN VIAJE EN LA PROVINCIA DE GRANADA

La presente versión de la célebre obra de Irving fue publicada el año de 1844 en la Imprenta y Casa de la Unión Comercial. De hecho, es una traducción al castellano, a cargo de Manuel M. de Santa-Ana,  en buena parte de la traducción francesa.
A este respecto, el Prólogo de esta edición señala lo siguiente:
Hemos tenido á la vista para la traducción de la presente obra el original inglés, escrito por Washington Irving, la versión al francés de Mr.Cristian y la hecha posteriormente por Míe. A. Sobry.
Las tres nos han sido necesarias. Mr. Cristian, abusando demasiadamente de la libertad de traductor ha desfigurado la obra, suprimiendo capítulos, añadiendo otros y dando un giro diverso en muchos pasajes á la narración. Mlle. Sobry por el contrario ha conservado perfectamente la originalidad del testo, y su obra nos ha servido en su mayor parte para la traducción que presentamos al público.
Hacemos estas observaciones necesarias para que no se nos crea hemos abusado como Mr. Cristian de la producción de Washington Irving, escrita con entero conocimiento de las costumbres de nuestro pais, aunque no convengamos muchas veces con él en ciertos pasajes relativos al estado de nuestra civilización y modo de presentarlos al público. La buena acogida que está obra mereció en Inglaterra á su publicación, y posteriormente en Francia, creemos será la recomendación suficiente para la traslación que de ella hemos hecho á nuestro idioma.

Washington Irving fue un escritor que podemos adscribir a la corriente romántica. Pero además de ello, se desarrollaría como un orientalista convencido y un amante del folklore español. Gran parte de la visión exótica y orientalista que se le atribuye a España más allá de nuestras fronteras, encuentra sus raíces en los escritos de este norteamericano natural de la ciudad de Manhattan, que llegó a nuestro país en 1826 y no se marcharía definitivamente hasta 1859, año en el que murió. Durante 1829, Irving se hospedó en una habitación de la Alhambra y la atracción que sentiría hacia ese enclave no haría más que sugestionarlo y servir de alimento para una obra como Cuentos de la Alhambra, donde el autor combina la investigación con la fantasía.
Cuentos de la Alhambra es un buen reflejo de las costumbres y modos de la época, sirviendo a generaciones posteriores de historiadores y literatos como documento histórico sobre los modos de vida en la Granada de la época. Alguno de los relatos populares que recoge para la ocasión son La leyenda del Gobernador y el escribano, La Leyenda de la Rosa de la Alhambra, La torre de las Infantas o la Leyenda del astrólogo árabe.



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Manuel García Lasala - A TRAVÉS DE LA INDIA: DIARIO DE UN VIAJERO

Enmarcada en la literatura viajera, tan en boga después del primer tercio de siglo XIX, A través de la India, publicada durante la última década, inicia así su periplo:

Azares de la fortuna me llevaron el año de 1889 á aceptar la representación de una casa inglesa en la India. Mi permanencia de algunos años en nuestras posesiones oceánicas y la afición que sentí desde entonces á la vida del Mediodía asiático fueron motivo á que, sin pesar alguno, admitiera la proposición. Hechos los preparativos de viaje, me embarqué en Londres el 20 de octubre, á bordo del steamer Blue Cross, con destino á Calcutta.

No he de entretenerme en describir mis impresiones de viaje desde las orillas del Támesis hasta embocar el estrecho, como no sea para consignar la inevitable impresión de cólera que todo buen español experimenta al ver flotar insolentemente el pabellón inglés en lo alto del peñón de Gibraltar. Por fin, se pierde de vista la bofetada, y los ojos se consuelan acariciando las blancas cumbres de Sierra Nevada y el risueño litoral andaluz. 


Indice de la obra:
I.—De Londres á Aden
II.—Ceylán
III.—Pondichery.—Madras
IV. — Calcutta. —Ojeada política sobre la India
V.—Darjeeling
VI.—En Benarés
X.—Brahma, Visnú y Siva
XI.—De Benarés á Allah-Abad y Agra
XI.—Muttra.—Bindrabun.— Delhi.
XII.—Lucknow y Cawnpore.—Sobre el arte en la India
XIII.—De Delhi á Lahore
XIV. —De Lahore á la otra parte del Indo.—El islamismo en la India.
XV.—En Cachemira: de Peshawar á Sirinagor
XVI.—Sirinagor .
XVII.—La vida en Sirinagor
XVIII.—De Sinagor á Kitchwar
XIX.—De Kitchwar á Tchamba
XX.—De Tchamba á Sultanpur
XXL—De Sultanpur á Simia
XXII.—De Simia á Jeypur
XXIII.—De Jeypur á Monte Abú
XXIV.—De Monte Abú á Ahmedabady Baroda.—Las bayaderas
XXV.—En Bombay
XXVI.-Goa
XXVII.—Punah, Ahmednaghur y Ellora
XXVIII.—De Ellora a Hyderabad y Madras
XXIX.—Filosofía de lo que se come en la India
XXX.—El buddhismo
XXXI.—El cristianismo en la India.—El mahometismo
XXXII.—Literatura indiana
XXXIII.—Los indos
 
 
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Leandro Fernández de Moratín - VIAJE A ITALIA

Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760 - París, 1828) fue un significado poeta y dramaturgo español. 
Hijo de Nicolás Fernández de Moratín, estudió en los jesuitas de Calatayud y fue alumno de la Universidad de Valladolid. Se dio a conocer como poeta con el romance heroico en endecasílabos La toma de Granada, premiado por la Real Academia Española en 1779. En 1782 volvió a ser premiado por Lección poética, sátira contra los vicios introducidos en la poesía española, escrito en tercetos y que le sirvió para atacar al teatro barroco.
Obtuvo el puesto de secretario del conde de Cabarrús en 1787, lo cual le permitió visitar varios países europeos, entre ellos Francia y el Reino Unido.
Amigo de Jovellanos y protegido de Godoy, logró sus mejores éxitos en el campo teatral. Intentó introducir en España los moldes del teatro neoclásico francés, es decir, las tres unidades de tiempo, lugar y acción, y la finalidad moralizante, aunque no llegaron a calar entre el público. Su primera comedia fue El viejo y la niña (1790), que pasó sin pena ni gloria, aunque ésta le llegaría tan sólo dos años más tarde con La comedia nueva o el café. Después de su éxito, emprendió un nuevo viaje por Europa (1792), decisivo en su experiencia personal y artística.
En París tuvo ocasión de vivir trascendentales sucesos revolucionarios que le conmovieron, y en el Reino Unido entró en contacto con la obra de Shakespeare, autor que por entonces era prácticamente desconocido en España. Luego continuó viaje por los Países Bajos, Alemania, Suiza e Italia, desde donde regresó a España a finales de 1796. En 1878 tradujo Hamlet, la primera versión española directa del inglés.
De los primeros años del siglo XIX, datan sus mejores comedias, escritas con un perfecto dominio del castellano, y en las que critica las costumbres de la época y la hipocresía social: El barón, La mojigata y El sí de las niñas. Esta última es considerada como su mejor obra y el mejor logro español dentro de la corriente de comedia de salón dieciochesca, que arranca de Molière y culmina en Goldoni.
Nombrado secretario de la Interpretación de Lenguas y miembro de la Junta de Teatros, abandonó sus cargos cuando se produjo el levantamiento popular de 1808 contra la invasión napoleónica. Más tarde, en 1811, José Bonaparte lo nombró bibliotecario mayor. Como la mayoría de afrancesados, abandonó la capital a raíz de la retirada de las tropas francesas, para dirigirse a Valencia y luego a Barcelona.
No obstante la ausencia de cargos contra él, en 1818 decidió dejar España y pasar a Francia, cuya cultura admiraba profundamente. En Burdeos conoció al ya anciano y amargado Goya, quien hizo de él un magnífico retrato que se conserva en la Academia de San Fernando, en Madrid. La muerte le sorprendió en París, donde se había radicado.
En 1825 se editaron en esta ciudad sus Obras dramáticas y líricas y, póstumamente, su ensayo Orígenes del teatro español, en el que indaga en la evolución del teatro en España, y su epistolario. Sus Diarios hubieron de esperar casi siglo y medio a ser publicados, pues no vieron la luz hasta 1968.

En su Viaje a Italia, Moratín se presenta como un viajero culto, conocedor de las situaciones polticas y sociales de los territorios que recorre. Cabe añadir que el viaje era entonces una práctica formativa y que la escritura de las impresiones vividas durante el mismo empezaba a formar parte de un gnero literario de primera importancia.
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Eduardo Toda - A TRAVÉS DEL EGIPTO

Una verdadera joya para los amantes de la egiptología y la literatura viajera.
Toda escribió y publicó diversas monografías sobre diferentes cuestiones de egiptología. La principal obra que salió de su pluma es A través del Egipto (Madrid, 1889), donde narra un amplio cúmulo de experiencias y observaciones realizadas durante su estancia en Egipto. Otra iniciativa fue la creación de una serie de publicaciones, sus Estudios Egiptológicos, con la intención de crear en España una publicación permanente que albergase en su seno las futuras actividades de investigación en egiptología en España. Esta serie tan sólo abarcó tres títulos, todos ellos de Toda, a saber: Sesostris, Madrid, 1886; La muerte en el Antiguo Egipto, Madrid, 1887 y Son Notem en Tebas: inventario y textos de un sepulcro egipcio de la XX dinastía, Madrid, 1887.
Según sus propias afirmaciones en la Conferencia que imparte en Villanueva y Geltrú el 16 de mayo de 1886, con motivo de la inauguración de la exhibición de la recién creada entonces «Colección Egipcia del Museo Balaguer», pretendía crear la egiptología en España y situar dicha materia a la altura que esta ciencia vivía en otros lugares de Europa.
Sus obras se completan con la elaboración del Catálogo de la Colección Egipcia de la Biblioteca-Museo Balaguer (Madrid, 1887), comprensivo de las piezas egipcias traídas a España y entregadas a dicha institución para su exhibición, y su monografía sobre Las Momias Reales de Bulaq (Madrid, 1889), en la que describe y analiza todo el proceso del descubrimiento de las momias de los faraones del Imperio Nuevo en el escodrijo de Deir el-Bahari que él debió conocer bien dada su especial relación con Maspero durante su estancia en Egipto.
Toda se deshizo de su colección de antigüedades egipcias en los años posteriores, vendiendo parte de ellas al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, y cediendo el resto al Museo de Villanueva y Geltrú. Quedó inédito y sin publicar un manuscrito titulado El Antiguo Egipto. Toda murió el 26 de abril de 1941 y sus restos se hallan enterrados en el Monasterio de Poblet.

Una excelente reseña del libro se encuentra en el blog de Manuel Harazem: A TRAVÉS DEL EGIPTO CON EDUARDO TODA


 
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Gorgonio Petano y Mazariegos - VIAJES POR EUROPA Y AMÉRICA

No es la moda la que coloca la pluma en mis manos: al contrario, he tenido necesidad de discutir conmigo mismo para convencerme de que al resumir en un volúmen las notas de mis viajes, me obedezco, sin tener en cuenta para nada que la moda es esta.
Teniendo la pasión de la lectura y alentado por la buena acogida que han obtenido los diferentes ensayos literarios que he dado a la estampa, nada mas lógico que bosquejar el cuadro de mis viajes.
¡El viaje! esta ha sido mi constante aspiracion desde que tuve la edad de quince años. ¡Gracias mil a Dios que me ha otorgado la realizacion de mis ensueños, acariciados tanto tiempo por mi imaginacion!...

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Domingo Badía y Leblich - VIAJES DE ALI BEY EL ABBASSI POR ÁFRICA Y ASIA

Este barcelonés nacido en 1767 dedicó su vida a los mas diversos trabajos entre los que destacaron el de etnógrafo, cartógrafo, astrónomo y espía.
Disfrazado de príncipe musulmán, Domingo Badía vivió una de las aventuras más fascinantes en la historia de los exploradores. Entre 1803 y 1807 recorrió buena parte de los países árabes, siendo el primer cartógrafo y espía europeo que visitó la Meca.
Cuando Manuel Godoy (Primer Ministro de Carlos IV), recibió la audaz propuesta de Domingo Badía y Leblich, probablemente pensó que se encontraba ante un loco o un suicida. Sin embargo, según confiesa Godoy en sus cartas al rey, el arrojo y la seguridad de aquel hombre terminaron por merecer su confianza.
En su proyecto inicial, Badía pretendía encontrar las fuentes del Nilo, meta de todos los exploradores de la época. También deseaba certificar la dirección del curso del río Níger y reunir datos sobre la ciudad de Tombuctú. Además proponía a la corona una recopilación de datos botánicos, geográficos, antropológicos y etnológicos sin precedentes para la ciencia española. Y lo más interesante para Godoy: le planteaba la posibilidad de urdir un plan para conspirar contra el sultán de Marruecos y arrebatarle el trono.
Comienza aquí una singular aventura que le llevará por Marruecos, Túnez, Egipto, Palestina, Siria y Turquía.
En 1808, durante plena guerra de independencia y tras haber tenido una conversación con Carlos IV el 10 de mayo animado por el rey destronado se presenta a Napoleón para prestarle sus servicios. Éste, tras desconfiar al comienzo lo envía junto con una carta de recomendación a su hermano José I.
El 5 de abril de 1810, es nombrado prefecto de la ciudad de Córdoba por José I, donde introdujo el cultivo del algodón, la remolacha y la patata; ostentando este cargo por espacio de 15 meses hasta el 14 de julio de 1811.

A finales de 1812, Badía inició la redacción de los tres volúmenes de su libro de viajes. Cinco años después, empujado por la necesidad, Badía decidió «resucitar» a Alí Bey para un nuevo viaje, esta vez al servicio de Francia. Desde Constantinopla pretendía llegar a la Meca, donde se uniría a alguna caravana para cruzar el Mar Rojo, y de allí hacia el corazón de África. Puesto que en Marruecos se había descubierto su falsa identidad, en su segunda aventura Badía usó el nombre de Hayy Alí Abu Utman («el peregrino Alí»).
En enero de 1818 salió de París en el que sería su último viaje. Llegó a Constantinopla el 19 de marzo y después cruzó el Bósforo, llegando a Alepo dos meses después. Desde su llegada a Damasco el 4 de julio, su salud empeoró rápidamente. La disentería le obligó a guardar cama varios días. Pero tenaz en su propósito continuó hacia Zarqa, en la actual Jordania. Esa fue la última ciudad que vieron sus ojos. El 31 de agosto, a medianoche, sintiendo su fin cercano, se quitó el anillo que le servia de sello y lo entregó a sus criados. Por la mañana sus sirvientes lo encontraron muerto.

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José Moreno - VIAJE A CONSTANTINOPLA EN EL AÑO DE 1784


Tras el acuerdo alcanzado por Floridablanca y Carlos III, quien había logrado firmar las paces entre Napóles y Turquía durante su estancia como rey de esta parte de Italia, se envió a Estambul una expedición dirigida por Aristizábal cuya memoria vería la luz seis años más tarde y puede ser considerada como un compendio del saber de la época sobre el Imperio Otomano.
Las memorias militares españolas de las expediciones fletadas tras las paces hispano-otomanas de 1782 están escritas por ilustrados y algunas de ellas siguen modelos enciclopédicos. Casi todas tienen también un aporte iconográfico que acompañaba a las descripciones como la obra de José Moreno, Viaje a Constantinopla en el año 1784 que contó con varios artistas como Vázquez, Velázquez o Aguado.

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Conde de Volney - VIAJE POR EGIPTO Y SIRIA DURANTE LOS AÑOS DE 1783, 1784 Y 1785

Constantin-François Chassebœuf de La Giraudais, conde de Volney, nacido el 3 de febrero de 1757 en Craon, Anjou, y muerto el 25 de abril de 1820 en Paris, fue un filósofo, político y orientalista francés, considerado el precursor de los etnólogos, antopólogos y sociólogos del siglo XX.
Cuando Constantin-François Chasseboeuf, que se haría célebre con el seudónimo de Volney -obtenido de la fusión del nombre de Voltaire con el de Fernay, pueblo natal del gran escritor- partió a recorrer Egipto y Siria, con sus bártulos a la espalda y seis mil denarios de oro en la cintura, tenía tan sólo veinticinco años. Volney desembarcó en Alejandría en enero de 1783 y permaneció allí algunas semanas visitando los monumentos de la ciudad y de la región del Delta. Poco después remontó el Nilo hasta El Cairo, donde se estableció hasta el mes de setiembre antes de regresar al Mediterráneo y partir hacia Jaffa, San Juan de Acre, Tiro y Siria, donde visitó numerosas ciudades y monumentos entre las cuales Alepo, Damasco, Latakia y las inmensas ruinas de Palmira.
Pese a la relativamente breve duración de su viaje, que sin embargo había preparado meticulosamente durante un año, leyendo las obras más importantes referidas al país que iba a visitar y adaptando sus condiciones fisicas para soportar las incomodidades y las fatigas que le esperaban, Volney supo aprovechar al máximo su tiempo y consiguió escribir un auténtico tratado de geografía política, efectuando observaciones rigurosamente científicas sobre la situación socioeconómica y política de los países visitados.

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Lorenzo de Zavala - VIAJE A LOS ESTADOS UNIDOS DEL NORTE DE AMÉRICA

Zavala nació el 3 de octubre de 1788, en Mérida, Yucatán. Hizo sus estudios en el Seminario de San Ildefonso de esa ciudad y muy joven tomó parte activa en las Juntas de San Juan, siendo un activo "sanjuanista" o precursor de la Independencia de ideas liberales. Fundó el primer periódico que se editó en Yucatán. En 1814, por sus ideas liberales, fue confinado en el fuerte de San Juan de Ulúa, frente al puerto de Veracruz, donde permaneció durante tres años, los que utilizó pan estudiar medicina y aprender inglés, logrando salir de prisión ya con sus nuevos conocimientos.
En 1820 fue electo diputado por Yucatán a las cortes españolas, a donde se le envió a cumplir con su encargo. En 1822, de regreso de España, ocupó una curul de diputado en el Primer Congreso Nacional, representando a Yucatán en el Congreso Constituyente de 1824. Luchó por los principios federalistas, escribiendo numerosos artículos políticos en el periódico Águila Mexicana, a la par que sus discursos le dieron renombre en el Congreso. Fue senador y después gobernador del Estado de México, cuya Legislatura votó por él para que ocupara la vicepresidencia de la República; el general Vicente Guerrero lo incluyó en su gabinete en 1829.
Divididos los masones que dirigían entonces la política mexicana, en "yorkinos" y "escoceses", Zavala se adhirió a aquellos y contribuyó a las agitaciones que ocurrieron de 1828 a 1830. Comisionado en noviembre de ese año para conferenciar con los centralistas de Yucatán, no pudo desembarcar en la Península, yendo a los Estados Unidos y después a Europa, continente éste que recorrió en casi toda su extensión. En París escribió su obra: Ensayo histórico de las Revoluciones de la Nueva España, que es un completo estudio histórico-social.
En 1832 regresó a México a ocupar el gobierno del Estado de México, el cual desempeñaba cuando ocurrió la primera epidemia de cólera. A fines de 1838, fue enviado como ministro plenipotenciario de México a Francia y allí escribió su Viaje a los Estados Unidos, libro que es un grupo de observaciones de primera mano, sobre diversos hechos políticos y sociales mexicanos.
Regresó a México y se estableció en Texas, donde tenía algunas propiedades; en esa región lo sorprendió la revolución separatista de los texanos, a los cuales se afilió, luchando con ellos para conseguir la independencia de Texas.
Fue elegido diputado en Harribourg; al aceptar tal representación política, perdió la nacionalidad mexicana. Fue designado delegado por Texas a la Convención de Washington que proclamó la Independencia de Texas, que al constituirse en República, nombró a Zavala su primer vicepresidente, siendo presidente el general norteamericano Samuel Houston.
Zavala murió en Texas, el 15 de noviembre de 1836, siendo considerado por México como "traidor" a su patria. Escribió, además de sus obras mencionadas, un Manifiesto, un Juicio imparcial sobre los acontecimientos de México en 1828 y 1829 y un Programa, objetivo, plan y distribución del estudio de la Historia.

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Roque Barcia - UN PASEO POR PARÍS, retratos al natural

Roque Barcia Martí (Isla Cristina, 4 de abril de 1821 - Madrid, 2 de julio de 1885) fue un filósofo, lexicógrafo y político republicano perteneciente al Partido Demócrata español del siglo XIX.
Después de exiliarse a Portugal (1866) volvió al estallar la revolución de 1868. Acusado de complicidad con el asesinato de Prim, fue encarcelado (1870). Posteriormente intentaría dirigir la sublevación cantonal de Cartagena. Colaboró en el diario La democracia y fundó en Cádiz El demócrata andaluz. De entre sus obras destaca un Diccionario general etimológico de la lengua española.

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Pedro Antonio de Alarcón - LA ALPUJARRA

La Alpujarra de Pedro Antonio de Alarcón ocupa un lugar privilegiado en la historia de la literatura viajera escrita en castellano. En sus páginas se describe el corazón de la Sierra Nevada granadina, un territorio pleno de bellezas que conservaba intacto en el último tercio del siglo XIX el sabor arcaico de sus "tradiciones populares", donde el autor quiere reconocer los últimos indicios vivos de la herencia árabe en Andalucía.
Así, aunque La Alpujarra pueda encuadrarse en el género de los reportajes periodísticos realizados en torno a aspectos políticos y sociales, contiene además de la narración del viaje, un conjunto magnífico de cuadros costumbristas y recreaciones históricas de gran valor literario, como los hechos sucedidos en la región, durante el reinado de Felipe II, con las rebeliones moriscas de Abén Humeya y Abéen Aboo.
Sin olvidar su célebre "De Madrid a Nápoles" o sus "Viajes por España", es La Alpujarra la obra donde la capacidad descriptiva y evocadora de Pedro Antonio de Alarcón alcanza sus máximas cotas literarias, constituyendo el prólogo imprescindible que, muchos años después, animará a otros autores como Gerald Brenan a retomar el estudio antropológico e histórico de la comarca.

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Luis Malanco - VIAJE A ORIENTE

En su libro testimonial Viaje a Oriente, del que reproducimos un fragmento, el escritor mexicano Luis Malanco relata las experiencias vividas durante su visita a Tierra Santa en el año 1875:
Nos fuimos a comer al hotel. Desde el día anterior habíamos encargado que nos sirvieran algunos platos especiales del país, diciendo al patrón que deseábamos comer a“la moda de Jerusalén”. Nos dieron una mezcla de lentejas y macarrones fritos en aceite con cebollas; unas calabacitas rellenas de carne picada con salsa de requesón; una torta de harina hecha de una gran tortilla enrollada en caldo con pedazos de carne; una ensalada de frijoles cocidos, chile verde y cebollas picadas con buen aceite y vinagre. El pan era compacto y blanco, como el español, en tortas grandes y redondas. De frutas nos pusieron granadas y dátiles de Esmirna e higos pasados, llamados de faraón, traídos de Gaza, y de postre un poco de miel de En-Gadi y un dulce parecido al pancololote cubierto, muy insípido y muy tieso. El vino fue del que hacen en la misma Jerusalén, rojo, sabroso, pero muy fuerte; se parece al de Chipre y un poco al de Palermo. La comida estuvo buena; hubo momentos en que nos figuramos que estábamos comiendo en México.

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Michel de Montaigne - DIARIO DEL VIAJE A ITALIA

El 28 de febrero de 1533 nació en Burdeos el filósofo, escritor y político francés Michel Eyquem de Montaigne, quien quedó en la historia simplemente como Michel de Montaigne.
En 1580, Montaigne emprendió un viaje de un año de duración por Francia, Alemania, Austria, Suiza e Italia. Para no perderse ningún detalle, decidió dejar por escrito sus experiencias y describir las diversas regiones que conocía. En 1774, ese relato fue publicado bajo el título de Diario de viaje.
Montaigne, a quien se le atribuye el descubrimiento del ensayo como forma literaria y que supo ser, entre 1581 y 1585, alcalde de Burdeos, admiraba a los exponentes literarios de la antigüedad y, en el plano político, consideraba que la monarquía era la forma más adecuada para gobernar sin poner en peligro el orden ni la paz. Respecto al ámbito educativo, Michel de Montaigne mostró interés por la formación del aristócrata y resaltó la importancia de enseñar el arte de vivir, es decir, fomentar en los alumnos la capacidad de observación y conversación, el ejercicio físico, el hábito de la lectura el aprovechamiento de los viajes.
Michel de Montaigne, el autor de la famosa obra conocida como Ensayos, falleció el 23 de septiembre de 1592.

A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que se bien de qué huyo pero ignoro lo que busco.
Michel De Montaigne


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