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Ceferino Araujo Sánchez – LOS MUSEOS DE ESPAÑA

Los Museos de España, publicada en 1875, no es tan solo un ameno recorrido por algunas de las principales galerías del territorio (Madrid, Sevilla, Toledo, Valencia, Barcelona, Valladolid, El Escorial, Zaragoza), sino que sirve en bandeja el planteamiento de algunos de los más esenciales temas del debate museístico del último cuarto del siglo XIX.
Centralización de colecciones y mejoras en la conservación, abandono gubernamental, coordinación y donaciones entre los diferentes museos, donaciones privadas, labor de las corporaciones (Sociedad Económica Matritense, Ateneo Científico y Literario), creación de un Gran Museo Nacional o Museo del Rey,… son aspectos que Araujo analiza en su obra desde una perspectiva que trata de justificar como objetiva, pero que, dado su talante crítico, traslucen un pesimismo compartido por algunos de sus colegas.
Araujo aboga por la presentación pedagógica de las colecciones (escuelas, cronología, géneros,…) en contraste a la exposición barroca o miscelánea: «... para que pudieran servir de enseñanza y ejercer la influencia en los adelantos del gusto y de la industria...», «... un museo es un establecimiento de tanta enseñanza como una cátedra o una biblioteca», señala el autor. En definitiva, un testimonio crucial de la evolución de la teoría y práctica del Museo, que a través diferentes etapas, pasó de ser un "cementerio de obras de arte", a convertirse en centro vivo y dinámico de la vida cultural de la sociedad.



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Ceferino Araujo Sánchez - GOYA

Araujo Sánchez fue un pintor, restaurador, grabador, y crítico de arte, nacido en Santander en 1824 y fallecido en 1897. Fue autor de dos conocidos estudios critico-biográficos sobre los pintores Goya y Palmaroli, colaborando también en importantes revistas y periódicos de la época, como El Arte en España, La Ilustración, La España Moderna, El Día o Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. El interés de Araujo por la política museística del momento quedo patente en su obra Los museos de España, de 1875, donde no se arredra en criticar algunas de las ausencias y deficiencias que presentaba por aquel entonces el Museo del Prado, proponiendo, a su vez, la fusión de sus colecciones con las de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Esta monografía sobre Goya tuvo su origen en una conferencia pronunciada en el Ateneo y que más tarde apareció en cuatro números diferentes de La España Moderna.
Aún admirando profundamente el genial talento del pintor aragonés, Araujo no deja de lado su sincera visión crítica acerca del artista objeto de su estudio: «La personalidad de Goya —escribe— es tan importante en la historia del arte, que son muchos los escritores que se han ocupado en escribir su biografía y en hacer juicios de sus cuadros y grabados; pero por lo mismo que ha llamado tanto la atención, se ha querido hacer de él lo que no fue; se ha inventado su leyenda, se han interpretado sus obras caprichosamente , y copiándose unos escritores a otros, ha resultado cierta unidad de opiniones que da a la fábula aspecto de verdad». « El objeto de este estudio —prosigue— es examinar sin pasión la obra de autor tan interesante, y exponer mis discrepancias de los que han escrito antes sobre el mismo».
«No tenemos, para juzgar a Goya como hombre, más datos positivos que algunos extractos de sus cartas, sus solicitudes a los reyes pidiendo ascensos en su carrera y sus obras.
De sus obras ya he dicho que se deduce que no tenía creencias políticas ni religiosas; era un escéptico, y como tal no se hallaba dispuesto a sacrificarse por nada, sino a transigir según sus conveniencias. Si hubiera sido patriota, al pintar Los Desastres de la guerra daría muestras de que simpatizaba con los que defendían sus hogares; pero para él tan feroz era el español que mataba un francés, como el francés que fusilaba a un español. «Bien te se está», dice de un extranjero moribundo. «Curarlos, y a otra», exclama ante unos combatientes heridos. La reflexión que le sugiere el ver a un compatriota a quien van a ahorcar por orden de los invasores, se reduce a decir: «¡Duro es el paso!» En otra ocasión le extraña la interpelación del agonizante, que presentando un crucifijo al paciente, con la cuerda al cuello, le conforta diciendo: «¿Te conformas?» ¡Siempre el sarcasmo! Siempre su eterna idea: ¡estúpidos! ¡salvajes! ¡fieras! No ve más, ¿cómo había de ver otra cosa en las corridas de toros? Basta examinar su Tauromaquia, para convencerse de que está tratada con el mismo espíritu.
En sus cartas se ve que le preocupaba mucho su familia, y el sostener el decoro correspondiente a persona a quien, «de los reyes abajo todo el mundo conoce», lo cual no se aviene con que anduviera continuamente mezclado en aventuras escándalos. De modo, que si como artista fue un hombre extraordinario y original, como ciudadano no ofrece rasgos particulares que le diferencien por vicios o virtudes del común de las gentes; que por más que se haya inventado y supuesto en contra, es lo que ha sucedido a la mayoría de los artistas».




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Leopoldo Alas (Clarín) - GALDÓS

Semblanza de Benito Pérez Galdós escrita en 1889 a cargo de su amigo y también célebre autor Leopoldo Alas (Clarín). Al amable retrato que, desde la admiración, Clarín ofrece, se añaden las críticas literarias de las más importantes obras que el escritor canario había publicado hasta la fecha.

Conocí a Galdós en el Ateneo, en el Ateneo nuestro, el antiguo, el bueno, el de Moreno Nieto y Revilla; en el salón de retratos. Vi ante mí un hombre alto, moreno, de fisonomía nada vulgar. Si por la tranquilidad, cabal y seria honradez que expresa su fisonomía poco dibujada puede creerse que se tiene enfrente a un benemérito comandante de la Guardia civil, con su bigote ordenancista; en los ojos y en la frente se lee algo que no suele distinguir a la mayor parte de los individuos de las armas generales ni de las especiales. La frente de Galdós habla de genio y de pasiones, por lo menos imaginadas, tal vez contenidas; los ojos, algo plegados los parpados, son penetrantes y tienen una singular expresión de ternura apasionada y reposada que se mezcla con un acento de malicia... la cual mirando mejor se ve que es inocente, malicia de artista. No viste mal... ni bien. Viste, como deben hacerlo todas las personas formales; para ocultar el desnudo, que ya no es arte de la época. No habla mucho, y se ve luego que prefiere oír, pero guiando a su modo, por preguntas, la conversación.

Cuando Galdós escribe mejor es cuando no piensa siquiera en que está escribiendo, y cuando tampoco el lector se fija en aquel intermediario indispensable entre la idea del autor y el propio pensamiento. Y Galdós escribe casi siempre así, y se puede decir que escribe... como viste, sin asomos de pretensiones, y porque no hay más remedio que escribir para explicarse.



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SHAKESPEARE EN ESPAÑA, TRADUCCIONES, IMITACIONES E INFLUENCIA DE LAS OBRAS DE SHAKESPEARE EN LA LITERATURA ESPAÑOLA

Al igual que en los demás países europeos, la obra de Shakespeare tiene una notable presencia en la España contemporánea. Baste señalar que a finales del siglo XX se representaba en nuestros teatros más Shakespeare que Lope, Tirso y Calderón juntos. Sin embargo, no se trata de un fenómeno reciente: el interés por el dramaturgo inglés ya empezó a manifestarse en España en el siglo XVIII, y desde entonces no ha cesado de mostrarse a través de numerosas traducciones, apreciaciones críticas y representaciones teatrales de su obra. En 1883 Daniel López, profesor de lengua inglesa, recogía en un artículo copiosa información sobre las representaciones españolas de adaptaciones de Shakespeare desde 1772 hasta 1838, atendiendo a las traducciones españolas empleadas y al gusto del público en ese periodo. El trabajo, titulado "Shakespeare en España", era el primero que se escribía sobre el tema.

El tricentenario de la muerte de Shakespeare y Cervantes en 1916 brindó una nueva oportunidad para publicar sobre la obra de Shakespeare en España y en la literatura española. Para corresponder al interés por Cervantes demostrado en Inglaterra, la Real Academia ofreció un premio a la mejor monografía sobre el tema «Shakespeare en España: Traducciones, imitaciones e influencia de las obras de Shakespeare en la literatura española». A este ofrecimiento respondió Eduardo Juliá, cuyo trabajo vio la luz en 1918. Dos años después se publicó otro libro con exactamente el mismo título, cuyo autor era Ricardo Ruppert y Ujaravi.


Eduardo Juliá Martínez - SHAKESPEARE EN ESPAÑA, TRADUCCIONES, IMITACIONES E INFLUENCIA DE LAS OBRAS DE SHAKESPEARE EN LA LITERATURA ESPAÑOLA





Ricardo Ruppert y Ujaravi - SHAKESPEARE EN ESPAÑA, TRADUCCIONES, IMITACIONES E INFLUENCIA DE LAS OBRAS DE SHAKESPEARE EN LA LITERATURA ESPAÑOLA




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François Guizot: HISTORIA DE LA REPÚBLICA DE INGLATERRA DE CROMWELL

Oliver Cromwell (Huntingdon, Inglaterra, 27 de abril de 1599 - Londres, 3 de septiembre de 1658) convirtió a Inglaterra en una república denominada Mancomunidad de Inglaterra (en inglés, Commonwealth of England).

Muchos años antes de que los franceses orquestaran su famosa Revolución Francesa de 1789, haciendo rodar cabezas aristócratas para instaurar una república, Inglaterra hizo lo suyo a través de un golpe liderado por Oliver Cromwell en 1649.
La ejecución de Carlos I tuvo lugar el 9 de febrero de 1649, y tras su muerte el Parlamento abolió la monarquía y suprimió la Cámara de los Lores, principal órgano político de la aristocracia.
El nuevo régimen, que tomó el nombre de república (Commonwealth), envió a Oliver Cromwell a concretar el dominio inglés sobre Irlanda y Escocia. Victorioso, en 1653, una Constitución nombró a Cromwell con el título de Protector, que lo hacía jefe del gobierno y del ejército de Inglaterra, Escocia, e Irlanda. Bajo el protectorado, Inglaterra se alejaba cada vez más del concepto de república y se acercaba peligrosamente a una verdadera dictadura.
El lord Protector no tardó en hacer uso y abuso de su nuevo poder. A tan solo un año de su nombramiento, Cromwell abolió una sesión del Parlamento, y más tarde se hizo imponer los típicos atributos de la nobleza que acababa de derrocar: el color púrpura, cetro y armiño, y el derecho de designar a un heredero. Tras cinco años de dictadura, murió dejando a su hijo Ricardo como sucesor.

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François Guizot: HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN DE INGLATERRA

La Revolución inglesa es el periodo de la historia del Reino Unido que abarca desde 1642 hasta 1689. Se extiende desde el fin del reinado de Carlos I de Inglaterra, pasando por la República y el Protectorado de Oliver Cromwell y finaliza con la Revolución Gloriosa, que destituye a Jacobo II.
 En el prólogo de la obra, Guizot expresa:
La Historia de la Revolucion de Inglaterra comprende tres grandes periodos. En el primero, de 1625 a 1649, la vemos prepararse, estallar y quedar consumada; en el segundo, de 1649 a 1658, trata ya de fundar su gobierno, a que da el nombre de República, y sucumbe en esta empresa: el tercer periodo es el de la reaccion monárquica, explotada por la prudencia escéptica de Carlos II, que solo le pedia la satisfaccion de su egoismo, y agotada por la pasion ciega de Jacobo II, que quiso llevarla hasta el establecimiento del poder absoluto. En 1688 , la Inglaterra llegó al punto que se proponia en 1640, y cerró la carrera de las revoluciones para entrar en la de la libertad.
En el libro titulado Historia de la Revolucion de Inglaterra, se refiere la historia del primer periodo, esto es, desde el advenimiento de Carlos I al trono, hasta su muerte.

El historiador extranjero que con mayor altura y compenetración estudió las distintas fases de la Revolución Inglesa, fue sin duda Guizot.
En la lucha de las sociedades humanas en su constante conquista para aquilatar sus derechos y libertades, el proceso registrado en Inglaterra tiene carácter de excepción.
Un pueblo celoso de sus derechos, ultrajado por la pléyade de cortesanos y dignatarios carentes de las elementales nociones de moral y de templanza, sale a la calle, a luchar por sus derechos conculcados, forma ejércitos, integra el Parlamente, y en una épica lucha contra lo que hasta esa fecha, salvo excepciones circunstanciales, era intocable, abate un trono, ajusticia un monarca, destruyendo una oligarquía dominante y deja expédito el camino al Gobierno, para todos los ciudadanos interesados en el manejo de la cosa pública.
Anterior a la Revolución Francesa, y por ende a la independencia de las colonias inglesas del Nuevo Mundo, las luchas de Inglaterra, inician un nuevo capítulo en la historia de los pueblos occidentales, ansiosos de hallar la fórmula exacta para un sistema de gobierno, que complemente las aspiraciones populares.
Los documentos oficiales, las crónicas contemporáneas, las versiones parlamentarias, y los ecos callejeros transportados a los periódicos, libelos, panfletos y pasquines, fueron los materiales con los cuales echó el autor los cimientos para su obra monumental, hasta la fecha no superada.
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Cesáreo Fernández Duro - ESTUDIOS HISTÓRICOS SOBRE FELIPE II

Cesáreo Fernández Duro (Zamora, 25 de febrero de 1830 - íd. 5 de junio de 1908) fue un Capitán de Navío de la Armada Española, escritor, erudito e historiador.
En 1881 entra en la Real Academia de la Historia, y en 1898 es nombrado Secretario Perpetuo de la misma. Poco antes de fallecer, estando ya enfermo de gravedad, recibe el Premio al Mérito de la Real Academia de la Historia.
Se le deben más de 400 publicaciones entre libros, monografías, informes y memorias, en particular sobre tres ejes temáticos: la historia de la Marina española, la conquista de América y la historia de Zamora.

Dos son los eruditos estudios que el célebre marino presenta en esta obra:
EL DESASTRE DE LOS GELVES (1560-1561) y ANTONIO PÉREZ EN INGLATERRA Y FRANCIA (1591-1612).
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Victor Duruy - HISTORIA ROMANA HASTA LA INVASIÓN DE LOS BÁRBAROS

Cuando, desde la Grecia, tan llena de vida, de luz y de belleza se pasa al mundo romano, frío, silencioso y severo, al pronto se estrecha el horizonte, el cielo aparece mas sombrío, se apaga la imaginación y se detiene el pensamiento.
Consiste esto en que Grecia conservó durante mucho tiempo los arrebatos, la pasión y el entusiasmo de la juventud, mientras que Roma, desde sus primeros años, tuvo la madurez seria, pero fuerte de la edad de la reflexión y de la abnegación calculada. A orillas del Tiber, en vez del arte se encuentra la politica, en vez del pensamiento, la acción, en vez de individualidades brillantes, una disciplina austera; pero también a la anarquía y a la debilidad social, suceden el orden y la grandeza pública. Durante mucho tiempo, la gloria no tuvo nombre en Roma, y allí podía decir: Me llamo legión.
Así pues, si el artista y el filósofo se alejan, el jurisconsulto, el hombre de Estado y el historiador se quedan viendo crecer esa gran cosa que comienza al pie del monte Palatino, en la cuna de un niño, y que se convierte en un universo, orbis romanus.
Y esa fortuna llega sin sacudimientos, sin golpes repentinos e imprevistos. Merced a una acertada mezcla de prudencia y de audacia, de ambición activa y de constancia incansable, todo se desarrolla con la regularidad de una deducción lógica, o con el necesario encadenamiento de las leyes naturales; no parece sino que es la vegetación lenta, pero poderosa, del árbol que ha de extender su sombra sobre la tierra.

Del prólogo a la obra

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Victor Duruy - HISTORIA DE GRECIA

Victor Duruy (1811-1894) fue un importante historiador y político francés de mediados de siglo XIX.
Ya vinculado desde muy pronto al mundo académico (profesor en la Universidad de Reims y más tarde del Liceo Henri IV de París, Inspector de la Academia de París, doctor en Humanidades y profesor de la Escuela Normal)), fue adquiriendo un importante reconocimiento social a causa de sus numerosas publicaciones vinculadas a la antiguedad clásica. Tanto es así, que el propio Napoleón III recabó de su asesoramiento para su Historia de Julio César.
En 1863 fue nombrado ministro de Instrucción Pública, cargo que desempeñó hasta mediados de 1869, años en los que se dio a una profunda reforma de la educación.

                                    

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Raimundo González Andrés - BREVE EXPOSICIÓN HISTÓRICA DE LA LITERATURA GRIEGA

González Andrés, catedrático de Literatura clásica en la Universidad de Granada, apunta en el prólogo de esta segunda edición (1866) de su obra:
Se ha colocado una breve introducción al principio del trabajo, en la cual se apuntan y reseñan con brevedad suma aquellas observaciones y consideraciones generales, que pueden dar previamente una idea de la nacion griega y. del carácter de su literatura.
Se ha procurado despues tratar con mayor extension los primeros períodos de la historia de esta literatura, antes solo muy á la ligera explicados.
Otro tanto se ha hecho con los autores mas preclaros é insignes, de quienes ahora se habla con mas detenimiento, ya añadiendo circunstancias y noticias de interés en la parte biográfica, ya haciendo nuevas declaraciones sobre sus obras ó trabajos literarios.
Tambien en lo relativo á la doctrina sobre los géneros, expuesta siempre á la cabeza de los respectivos párrafos, se ha consignado todo cuanto podia mirarse como absolutamente indispensable para comprender su desenvolvimiento histórico, si bien evitando cuidadosamente traspasar los límites en que debe encerrarse una obra didáctica.
La bibliografía ha seguido mereciendo mi particular atencion; puesto que, sin desconocer que hay mucha variedad de opiniones sobre su utilidad y conveniencia en esta clase de trabajos, me ha parecido que en estos momentos, en que comienzan á renacer entre nosotros los estudios de la antigüedad clásica, no solo no sería ocioso, sino muy oportuno el llamar hácia este ramo la atencion del estudioso, indicándole parcamente las mas estimadas ediciones de los escritores griegos.
Y en cuanto á las muchas notas bibliográficas sobre traducciones castellanas, que hoy se añaden, buscadas por mí con verdadero afan y recojidas con no pequeña molestia, nadie habrá que por ello me tache, siquiera en gracia de mi buen deseo de ofrecer á la vista el corto pero precioso caudal de bibliogrofia greco-hispana, á fin de que sirva de estímulo á todos aquellos que se consagran al estudio de las letras griegas, y se decidan á ir vertiendo á nuestro bello idioma la parte aún no traducida de la literatura clásica.
Por último, al final de esta historia se ha puesto un índice de los autores griegos por orden alfabético, de cuya utilidad nada diré, por estar al alcance de todos.
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Aurelio Martín Alonso - DIEZ Y SEIS AÑOS DE REGENCIA (MARÍA CRISTINA DE HAPSBURGO-LORENA) (1885-1902)

Alfonso XII murió en 1885. Si por momentos la situación parecía tornarse crítica (Qué catástrofe, había exclamado Don Alfonso en su lecho de muerte), el edificio político diseñado por Cánovas del Castillo dio muestras de solidez. La esposa del fallecido rey, María Cristina de Habsburgo-Lorena, pasó a ser regente del país hasta que el hijo de ambos, Alfonso XIII, tuviese dieciséis años de edad. Esta situación llevó a los dos líderes, Cánovas y Sagasta, a establecer un acuerdo: se comprometieron a apoyar la regencia, a facilitar el relevo en el gobierno cuando éste perdiera prestigio y apoyos en la opinión pública y a no derogar la legislación que cada uno de ellos aprobara en el ejercicio del poder.
La reina, inexperta en los negocios de la política, se dejó asesorar por Sagasta, con quien acabaría trabando una estrecha amistad.
María Cristina se guió por la sensatez y el equilibrio en sus diecisiete años de regencia, reconociéndole los historiadores su impecable observancia de las obligaciones constitucionales.
El papel de María Cristina en el sistema de gobierno fue representativo, ya que no participó en los enfrentamientos entre los partidos dinásticos, respetando el turno a la hora de llamar a los candidatos a formar gobierno, aunque se sintió más cercana a Sagasta y no puso dificultades al mantenimiento de largos períodos de gobierno del partido liberal. Se promulgaron, durante el periodo, entre otras, la Ley de Sufragio Universal y la Ley de Asociaciones.

En sus últimos años de regencia se agravó el problema marroquí y se agudizó la conflictividad social. De esta época datan también los inicios del catalanismo político. Además, la pérdida de las tres últimas colonias hispanoamericanas en 1898 y el inicio de la descomposición de los dos partidos del turno al desaparecer Cánovas y Sagasta pocos años después, sumieron al país en una grave crisis, que evidenció de manera clara la inoperancia que adquirió, coincidiendo con el cambio de siglo, el régimen de la Restauración. Su más ferviente deseo era traspasar la Corona a su hijo, deseo que vio cumplido en 1902, cuando Alfonso XIII alcanzó la mayoría de edad y fue proclamado rey de España. Desde ese momento se consagró a las obras de caridad y a su vida familiar y, a partir de 1906, al contraer matrimonio su hijo Alfonso con Victoria Eugenia de Battenberg, utilizó el título de «Reina Madre».
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Mandell Creighton - NOCIONES DE HISTORIA DE ROMA

Cartilla de estudio publicada en 1903 a cargo del profesor de Oxford Mandell Creighton.
Pertenece al grupo de Cartillas científicas e históricas que, desde finales de siglo XIX, la editora Appleton y Cía de New York, publicaba con objeto de "satisfacer las necesidades de instrucción pública en  los paises españoles e hispanoamericanos".
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Antonio Rodriguéz Villa - LA REINA DOÑA JUANA LA LOCA, ESTUDIO HISTÓRICO

Reseña de la obra a cargo de Antonio María Fabié para el Boletín de la Real Academia de la Historia (tomo 22, 1893, pp. 100-105):

El estudio histórico de que voy á dar breve noticia á la Academia es digno, bajo todos conceptos, de ocupar su atención, no sólo porque trata de la interesante figura de la hija y heredera de los Reyes católicos, sino por el esmero con que el autor ha procurado investigar cuanto á ella se refiere, que es de la mayor trascendencia, pues en su tiempo y con motivo de su enlace con D. Felipe se produjo una profunda crisis en nuestra historia, que si tuvo resultados inmediatos gloriosísimos, quizá fué el origen de la decadencia que aún padecemos y de que no se ve próximo remedio.
La muerte prematura del príncipe D. Juan sin dejar sucesión fué una calamidad, agravada á, poco por la de la reina de Portugal, y que sintieron, no sólo sus padres, sino los reinos de Castilla y de Aragón, que parecían presagiar los tristes efectos que en su ulterior progreso habían de producir las influencias extranjeras. El advenimiento al trono de Castilla de los herederos de los Austrias, dadas las circunstancias y las ideas del tiempo, había de hacer partícipes á los pueblos de nuestra Península, en un momento en que se determinaba la formación de las naciones modernas, de tendencias y de propósitos que debieron sernos, si no indiferentes, al menos de interés muy secundario, pues lo natural era que empleáramos nuestras fuerzas, antes que en nada, en la colosal empresa, hacía poco empezada, de descubrir y civilizar un nuevo continente y en mantener nuestro poder en Europa, defendiendo los derechos que la herencia y la conquista nos habían asegurado en Italia.
Ningún interés inmediato podía llamar la atención de castellanos y aragoneses hacia los países del Norte de Europa, con los que nos bastaba vivir en paz, procurando que en aquellas regiones se llegase á establecer un poder bastante fuerte para contrabalancear el que todo indicaba que había de crearse en la vecina Francia, evitando con esmero que alguna vez una misma frente ciñiera la corona real de las Galias y la del Sacro Romano Imperio.
En el libro del Sr. Rodríguez Villa, y con los documentos que le ilustran, asistimos al origen de la desastrosa influencia de los extranjeros en nuestros reinos, que empezó á manifestarse á poco de verificado el matrimonio de Doña Juana con D. Felipe, viéndose con dolor que la fomentaban algunos magnates castellanos, especialmente el hábil y poco escrupuloso D. Juan Manuel, que se aprovechó de las circunstancias que produjo la muerte de la Reina Católica para desarrollar sus funestas ambiciones, y, secundado por la mayor parte de los próceres de Castilla, creó al Rey Católico graves dificultades y peligros, apenas superados por la consumada pericia de D. Fernando, que aparece en aquella ocasión más hábil político que en ninguna de las de su larga y gloriosa vida, que supo terminar manteniendo en su mano el gobierno de todos los Estados que se reunieron bajo su cetro, legándoselos, no sólo íntegros, sino mejorados, á su nieto D. Carlos.
No hay para qué decir que hasta el casamiento de D. Fernando con Doña Germana de Foix, que á primera vista mengua, si no destruye, las simpatías que pudiera inspirar el viudo de Doña Isabel, aparece, en vista de los documentos publicados por el señor Rodríguez Villa, como la consecuencia indispensable de la política que se vió obligado á seguir D. Fernando con motivo de las intrigas que contra él urdían su consuegro y su yerno, atentos sólo á convertir en provecho de sus particulares intereses dinásticos el poder de Castilla, apoyándose en los magnates que, recordando sin duda los tiempos de Enrique IV, anhelaban sacudir el peso de la autoridad del rey que había logrado anularlos en beneficio de los pueblos de la monarquía.
Breve fué, por desgracia, el período en que se pudieron tener justamente á raya las ambiciones de los grandes de Castilla y de los flamencos que formaban la corte de D. Felipe. La muerte de D. Fernando y la del cardenal Cisneros, que coincidió con la llegada de D. Carlos á España, fueron principio de un período funesto y de grandes consecuencias para los destinos de la monarquía española, formada al fin por la feliz unión de los reinos de Aragón y de Castilla.
Muy joven, casi un niño, el que luego nos dió tanta gloria, era inevitable que llegara á su apogeo la influencia de los flamencos que formaban entonces su séquito; pero, como siempre, los castellanos se mostraron rebeldes á ella, y cuando después de lo ocurrido en las Cortes, que terminaron su reunión en la Coruña, se embarcó D. Carlos para tomar posesión de la corona imperial de Alemania, estallaron las pasiones mal comprimidas y se produjo la guerra de las Comunidades, que tuvo rápido desenlace, y sin duda funesto; porque, si bien el poder monárquico resultó de ella, enaltecido y fortificado, y por tanto herido de muerte el de los grandes, sufrió por de pronto la misma fortuna el de las ciudades y villas, decayendo desde entonces la institución de las Cortes, que sufrieron al cabo un largo eclipse, estableciéndose la monarquía absoluta en nuestra patria.
Para dar idea exacta de los acontecimientos que van indicados sería necesario escribir, no sólo la historia de España, sino la de Europa, desde 1496, en que se embarcó Doña Juana en Laredo para unirse con su esposo D. Felipe, hasta que su hijo D. Carlos, en posesión de la corona imperial, volvió á España terminada la guerra de las Comunidades; después de lo cual, salvo la rebelión de los moriscos, gozó la Península largos años de paz, durante los cuales no cesaron las luchas con el extranjero, tan gloriosas para nuestras armas como estériles y aun funestas para España.
Conviene, sin embargo, decir que, si bien tan grandes sucesos fueron contemporáneos de Doña Juana y ella causa involuntaria de muchos, puede asegurarse que no influyó en ellos deliberadamente por el estado mental en que cayó á poco de verificado su casamiento, y de que probablemente tendría gérmenes desde el principio de su existencia. En esta parte disiento radicalmente del Sr. Rodríguez Villa; y creo que la desdichada reina Doña Juana, aun antes de su vuelta á España, no gozaba de su cabal juicio, aunque pueda decirse de ella, como de casi todos los que se encuentran en su caso, que tuvo lúcidos intervalos.
En efecto; á mi parecer, el viaje del P. Matienzo á Flandes, enviado por la Reina Católica, es una prueba de que esta abrigaba sospechas del estado mental de su hija; y esto aparece del contexto de las cartas que el Sr. Rodríguez Villa inserta en el mismo cuerpo de su obra. ¿Cómo interpretar, si no, este pasaje de la de 15 de Enero de 1499?: «... Después que S. A. salió a misa, le hablé algunas veces, en que le dixe todo lo que V. A. me mandó, con todo lo que más me pareció que era razón decirle; en que muchas cosas pasaron, las quales le dixe lo más benignamente que pude y con cuanto amor V. A. lo manda decir, no en forma de reprensión. Recibiólo muy bien, besando las reales manos de V. A. por le avisar cómo guiase su vida, y á mí que me lo agradecía mucho, y que habría placer que cualquier cosa que menos buena me pareciese gela dixese. No sé qué tanto durará. Dixele entre las otras cosas que tenía un corazón duro y crudo sin ninguna piedad como es verdad. Díxome que antes le tenia tan flaco y tan abatido que ninguna vez se le acordaba quán lexos estaba de V. A. que no se hartase de llorar en verse tan apartada de V. A. para siempre...»
Sin duda que el trato á que la sometió su esposo desde los primeros días de su matrimonio, y más que esto los celos fundadísimos que le dió con sus infidelidades y vida licenciosa, contribuyeron eficazmente á agravar la triste dolencia de Doña Juana, y, si se quiere, á producirla; por más de que imparcialmente haya que reconocer que causas análogas no producen de ordinario tales efectos, porque ¿cuántas mujeres, tratadas duramente por sus maridos infieles, conservan íntegro el uso de su razón?
Es verdaderamente conmovedor el espectáculo de la vida de esta ilustre princesa, que no llegó al menos de ordinario, a aquella situación en que el demente pierde por completo la conciencia de su estado, sino por el contrario tiene noticia aunque vaga, de su situación, lo cual debe ser un suplicio horrible. Esto explica la repugnancia de Doña Juana á ocuparse de los negocios públicos y aun de los suyos particulares, y puede decirse que fué providencial esta circunstancia que libró á España de grandes peligros, pues por ella no se convirtió Doña Juana en instrumento de los grandes, cuando á la muerte de su marido le exhortaban á que tomase las riendas del Gobierno que fueron con esta ocasión empuñadas por las hábiles y fuertes manos de su padre, y altos más adelante, cuando despidió á los comuneros que fueron á Tordesillas para oponer su autoridad á la de su hijo.
Pero esta conducta, lejos de probar que gozara de su razón Doña Juana, demuestra todo lo contrario, pues si hubiera estado en la plenitud de sus facultades, ella y sólo ella hubiera sido á la muerte de su esposo como su derecho y su deber exigían reina de Castilla, y á la de su padre hubiese sucedido en el Reino de Aragón, ejerciendo en ambos Estados el Gobierno por sí misma con arreglo á nuestras leyes. Felizmente la misma Doña Juana se sentía para ello incapacitada, y sus declaraciones repetidas relevan de prueba para demostrarlo.
Las hay, sin embargo, tan directas y concluyentes, que basta examinar los actos de la vida de esta ilustre princesa para convencerse de que es propia la calificación de loca que le atribuyó la opinión y le ha conservado la historia. La escena ocurrida en el convento de Miraflores, mandando desenterrar á su esposo, las peripecias de la conducción del cadáver á Granada, cosas son que no bastan á explicar una extravagancia, ni una exaltación pasajera.
Más significativas son en cierto modo las alucinaciones que padecía Doña Juana, especialmente las que se refieren á las cosas de religión tales como las apariciones que creía ver al celebrarse la misa, y por tanto, su repugnacia á oirla, lo cual pudo dar fundamento á la suposición del Sr. Verghenrot, completamente absurda, de que fuese Doña Juana hereje é incursa en los errores que en su época tomaron tanto vuelo en Alemania, y de que participaron algunos españoles que por entonces estuvieron en aquel país acompañando á nuestros príncipes. Los supuestos tratos de cuerda de que habla ese y algún otro escritor no fueron sino las violencias más ó menos acentuadas á que había que apelar para que la reina tomase alimento, repugnancia por otra parte característica de la locura, así como la manera de comer en barreños que pedía el marqués de Denia que fuesen de plata por el gasto que ocasionaban los muchos que rompía la pobre enferma, sin duda en sus arrebatos y en las luchas que había que sostener para reducirla á que comiese.
Todo esto y otras muchas cosas, que el Sr. Rodríguez Villa refiere, bastarían para que cualquier médico alienista, aun sin observarla directamente, conociese esta dolencia, y aun calificara —105→ el género y tipo especial de demencia de que fué víctima Doña Juana, que con los tratamientos que hoy se emplean para esta enfermedad, si no curación, hubiera encontrado alivio para sus sufrimientos, y sobre todo una vida más tolerable que la que le dieron sus carceleros que no podían sustraerse á las opiniones de un tiempo en que se formulaba en este adagio «el loco por la pena es cuerdo» el proceder que convenía seguir con los que padecían esta enfermedad horrible.
Esta discordancia de opiniones no es parte para que yo estime amenguado el mérito sobresaliente de la obra del Sr. Rodríguez Villa que ha prestado un verdadero servicio á nuestra historia con sus interesantes investigaciones, de que no se podrá prescindir, cuando se escriba en adelante la de este período tan fecundo en acontecimientos gloriosísimos, y que fueron de tan grave transcendencia para nuestra patria.

Madrid 17 de Junio de 1892
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Manuel Bartolomé Cossío - EL GRECO

Manuel Bartolomé Cossío, dedicó su vida a renovar la siniestra pedagogía de la España de su tiempo. Defendió la enseñanza reflexiva, el aprender como fin único de la educación. Desde su compromiso con la Institución Libre de Enseñanza y desde su leal servicio a la II República defendió una enseñanza democrática que llegase a todas las clases sociales y a todos los lugares de España. La escasa relación que mantuvo con Haro, que circunstancialmente le vio nacer en 1857, no impidió su decisiva intervención en la concesión en 1933 del primer Instituto de Enseñanza Secundaria a la ciudad.
Catedrático, maestro de maestros, historiador del Arte y, ante todo, hombre bueno y leal servidor del progreso y la libertad.

Manuel Bartolomé Cossío nace en Haro en 1857. Es hijo de D. Patricio Bartolomé, juez de Haro en esa fecha, y de Dña. Natalia Cossío, de orígenes cántabros.
Tras estudiar la carrera de Filosofía y Letras entra en contacto con la Institución Libre de Enseñanza y con su fundador Giner de los Ríos. En 1879 estudia becado en la Universidad de Bolonia. Desde esta fecha viajará por toda Europa para conocer los nuevos sistemas pedagógicos.
En 1882 gana la cátedra de Historia de las Bellas Artes en Barcelona. En 1904 será nombrado catedrático de Pedagogía.
En 1908 publica "El Greco" obra fundamental en el redescubrimiento de la obra del gran pintor.
A la muerte de Giner de los Ríos asume la dirección de la Institución Libre de Enseñanza.
Tras los difíciles años de la Dictadura de Primo de Rivera M. Bartolomé Cossío se suma con entusiasmo a la obra reformista de la II República. Es nombrado Presidente de las Misiones Pedagógicas que extenderán la cultura y serán la manifestación de solidaridad democrática con las clases populares españolas. En reconocimiento a sus méritos es nombrado Primer Ciudadano de Honor de la República.
En 1935 muere en Collado Mediano.

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Los maravillosos cuadros de El Greco: el Entierro del señor de Orgaz, el Caballero de la mano en el pecho y otros muchos, fueron estudiados en profundidad por nuestro admirado Cossío. Desde 1.886 hasta 1.908 buscó, viajó, analizó y recogió ingente información sobre la vida y la obra de un pintor desconocido por casi todos en aquel tiempo e, incluso, menospreciado por algún que otro crítico de arte.
Entonces las obras del genial pintor cretense se encontraban almacenadas en estado lamentable de abandono, polvorientas y dañadas, repartidas por colecciones de Toledo y Madrid fundamentalmente.
El peor enemigo del arte y del patrimonio monumental es la ignorancia y la desinformación, que no permiten apreciar y valorar todo aquello que es irrepetible y maravilloso. Pues bien, Cossío (pedagogo y crítico de arte) viajó a Toledo (ciudad completamente vinculada a El Greco) y comenzó a realizar un exhaustivo estudio de sus obras. Hay que darse cuenta del esfuerzo que esto le debió suponer, pero finalmente en 1.908 publicó su libro “El Greco”, verdadera obra maestra y referencia obligada para todo aquel que se interese por la obra de este pintor. Hoy es un libro con plena vigencia, lo que supone un gran mérito tras un siglo escrito.
Cualquier obra que consultemos sobre El Greco nos va a hacer referencia al libro de Cossío, porque, además de ser el primero, sigue siendo muy completo e interesante.
Supongamos por un momento que, o no hubiera existido nuestro “patrono” o no se hubiese ocupado de El Greco. En estos momentos podríamos estar en dos situaciones: o las pinturas se hubieran acabado perdiendo tras siglos de abandono o compradores extranjeros las hubiesen adquirido a precio bajo y hoy tendríamos que ir a París, Londres o Nueva York para poder admirarlas.
Por si fuera poco lo anterior, Cossío reivindicó de El Greco su carácter de hidalgo español y sus personajes serían el paradigma de “lo español”, santos, apóstoles, nobles y burgueses retratados por él darían rostro a la esencia de España, al espíritu español, según una visión romántica y apasionada que era la que siempre caracterizó a Cossío, hombre vehemente y volcado en sus ilusiones y proyectos. Gracias a Cossío, El Greco pasa del olvido a gran genio de la pintura española y como ejemplo a seguir para los pintores y artistas. Por si fuera poco, Cossío creyó identificar unas casas del siglo XV de la judería toledana como las que habitó El Greco. Ni corto ni perezoso, habló con su amigo el Marqués de la Vega-Inclán para que comprase esas casas y las convirtiese en museo. Así se hizo y, aunque hoy sabemos que no eran las casas de El Greco, el museo del pintor cretense se ha convertido en visita obligada dentro de la ciudad de Toledo.


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Juan Antonio Llorente - MEMORIAS PARA LA HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA, CON DOCUMENTOS JUSTIFICATIVOS

Presenta este trabajo de Juan Antonio Llorente (escrito desde el exilio francés bajo seudónimo de Juan Nellerto) la particularidad de ser obra de un afrancesado. 
Las Memorias para la Historia de la Revolución española tuvieron amplio predicamento en Francia, y bien pueden servir de contrapunto a las escritas por José Clemente Carnicero, el Conde de Fabrequer, Agustín Príncipe, e incluso, a la Historia del levantamiento, guerra y revolución de España del Conde de Toreno.


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Agustín de Argüelles - EXÁMEN HISTÓRICO DE LA REFORMA CONSTITUCIONAL QUE HICIERON LAS CORTES

Título completo: Exámen histórico de la reforma constitucional que hicieron las Cortes generales y extraordinarias desde que se instalaron en la isla de León, el día 24 de setiembre de 1810, hasta que cerraron en Cádiz sus sesiones en 14 del propia mes de 1813.

Dos son los principios claves en la Constitución del 12: la soberanía nacional y la división de poderes. En realidad, ambos principios ya habían sido proclamados a través del Decreto I de 24 de septiembre de 1810, pero su inclusión en la Constitución gaditana implicó arduos debates en los que, finalmente, lograron imponerse los liberales.
Por lo que se refiere a la soberanía nacional, recogida en el artículo 3 del texto, la discusión más importante tuvo lugar entre realistas y liberales a la hora de interpretar el adverbio «esencialmente» («La soberanía reside esencialmente en la Nación...») y el inciso final del artículo («por lo mismo, pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales»). Los realistas consideraban que, tal y como se redactaba el artículo, la Nación podía cambiar las antiguas leyes del Reino sin contar con la voluntad del Rey; algo impensable para ellos, que sostenían que las Leyes Fundamentales eran un pacto bilateral que no podía ser anulado unilateralmente por ninguna de las partes. Para los realistas, la Nación sólo había «reasumido» la soberanía como consecuencia de la vacancia del Trono, pero ello no le habilitaba a hacer tabula rasa de las antiguas Leyes Fundamentales. Los liberales, sin embargo, consideraban que la Nación era soberana en sí misma, al margen de la presencia o ausencia del Rey; por lo tanto, su poder soberano la convertía en titular del poder constituyente, al que la historia no podía limitar.
La división de poderes también supuso un importante desencuentro entre realistas y liberales. Ambos parecían coincidir en la relevancia de este principio, pero su interpretación y alcance era muy diferente. Para los realistas, la división de poderes debía materializarse en un sistema de equilibrio constitucional, de modelo británico, en el que Rey y Cortes ocuparan una posición equidistante; para velar por este equilibrio, cada órgano dispondría de limitados medios de actuación y control sobre la actividad del otro (así, el veto del Rey frente a las leyes de las Cortes, y la posibilidad del Parlamento de exigir responsabilidad penal a los ministros del Rey). Las ideas de los liberales iban por otros derroteros: la soberanía nacional conducía a un predomino de los representantes de la Nación, esto es, las Cortes, de modo que éstas dirigían en esencia el gobierno nacional. A pesar de que se proclamara la división de poderes, los liberales admitían que las Cortes pudieran tomar parte en el poder ejecutivo y judicial que, en realidad, le estaban subordinados en virtud de la idea de que la ley precedía a la ejecución y aplicación del Derecho. Así pues, los liberales proponían un sistema prácticamente asambleario, con el Parlamento como centro del Estado.

La tarea reformadora de las Cortes no se circunscribió a elaborar la Constitución de 1812. Antes bien, las Cortes aprobaron una ingente cantidad de leyes, decretos y órdenes complementarias que conforman un cuerpo legislativo revolucionario. Ello no obstante, hay que señalar que la Constitución era tan detallada que incluso comprendía materias típicamente legislativas, como el Derecho Electoral.
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Antonio Cánovas del Castillo - BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA CASA DE AUSTRIA EN ESPAÑA

El fundador del Partido Liberal Conservador, y uno de los principales artífices de la Restauración,  fue además periodista, bibliófilo, coleccionista, erudito e historiador aficionado. Interesado por la historia política de los Austrias, su primacía política hizo de él el “jefe” de la escuela historiográfica conservadora y el personaje con mayor poder en el mundo académico de la Restauración.
Como historiador es autor de numerosos prólogos y artículos de tema histórico y, fundamentalmente, de tres grandes obras que vertebran los ejes de su pensamiento historiográfico: la Historia de la decadencia de España desde Felipe III hasta Carlos II (1854), el Bosquejo histórico de la Casa de Austria en España (1869), y los Estudios del reinado de Felipe IV (1888). También, en los años 90 patrocinó la publicación de una Historia General de España escrita por individuos de número de la RAH, ambicioso proyecto que quedó incompleto.

Publicado originalmente en forma de largo artículo en el Diccionario de Administración y Derecho (1869), Bosquejo histórico de la Casa de Austria en España  supuso la rectificación de algunos puntos de vista historiográficos mantenidos por Cánovas del Castillo en su temprana Historia de la decadencia de España desde Felipe II hasta Carlos II. El Bosquejo histórico es obra de un Cánovas maduro, en la que presenta el estudio de cada etapa conjugando la personalidad y actuación de cada monarca con los hechos que encuentra más sobresalientes en cada reinado, no sólo desde el punto de vista político, sino atendiendo también a los aspectos sociales, culturales o militares.



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Francisco Martínez de la Rosa - BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA POLÍTICA DE ESPAÑA. Desde los tiempos de los Reyes Católicos hasta nuestros días.

Hace algunos años emprendí la composicion de esta obra, de cuya continuacion me alejaron otras ocupaciones y tareas, en tales términos, que ni estaba seguro de su paradero. La casualidad de haberme encargado la Real Academia de la Historia pronunciar el discurso con que acostumbra esta ilustrada corporacion celebrar en sesion publica el aniversario de su creacion por el Sr. D. Felipe V, me sugirió el pensamiento de aprovechar con tal objeto mi olvidado manuscrito, que encontré por fortuna, y que apenas llegaba hasta fines del siglo XVII.
Parecióme, pues, que, comprendiendo meramente á la dinastía austríaca, podria formarse un cuadro completo, fácil de segregarse del conjunto; y asi salió á luz en aquella ocasion solemne. La favorable acogida que en el público encontró aquel ensayo me estimuló á proseguir mi obra hasta terminarla.
Examinar la política de España desde que ocupó el trono la augusta casa de Borbon ofrecia mas vivo interés que tratar del mismo asunto bajo la dinastía austriaca: una era, por decirlo así, la historia antigua; otra la moderna. Desde el advenimiento de Felipe V cambia completamente la situacion política de España respecto de las demás naciones; cesa la especie de aislamiento en que se habia procurado mantenerla; adelanta en la carrera de la civilizacion y cultura, y como que se columbran los prósperos reinados de Fernando VI y Carlos III.

Aun cuando el principal objeto de esta obra sea la política de España respecto de las demás potencias, no era fácil, ni quizá posible, apartar la vista de su régimen interno, poniendo como un muro de separacion entre un terreno y otro. Antes bien, recorriendo el período que abarca esta obra (poco menos de cuatro siglos), se observa constantemente la relacion intima, necesaria, entre la gobernacion del Estado, y su poder é influjo respecto de las demás naciones; pudiéndose notar á veces los síntomas de su decadencia y abatimiento, aun cuando ostentase á lo léjos cierto aparato de grandeza.

Como tal yez haya quien, al terminar la lectura de esta obra, desee saber, como en resumen, cuál es la política qne conviene á España, mi contestacion será la misma que, con voz mas autorizada, di en el seno mismo de las Cortes: Benevolencia con todas las naciones, amistad con algunas, intimidad con ninguna.

Francisco Martínez de la Rosa



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Luis Augusto Rebello da Silva - MEMORIA SOBRE LA VIDA POLÍTICA Y LITERARIA DE D. FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA

En su prólogo dedicado a la reina Isabel II, Rebello da Silva escribe lo siguiente: D. Francisco Martínez de la Rosa, es uno de los nombres que la historia ha de consignar con mas elogio en sus paginas, celebrando su nunca desmentida lealtad á la corona y á las instituciones, la elocuencia de su palabra, y el timbre de su reputacion literaria, aplaudida no solo por la España, sino tambien por toda la Europa. Mientras que el juicio de la posteridad no confirma el valor de su perdida, me será permitido, a pesar de haber nacido bajo otro cielo, y de conocerle unicamente por las relaciones intelectuales hijas de la provechosa leccion de sus obras, anticiparme con el tributo, no de lisonja, que no cabe á los muertos, pero si de espontaneo y justificado encómio, deponiendo sobre el sepulcro del grande estadista y escritor, una modesta corona entrelazada por las humildes manos de un consocio suyo, en las pacificas lides academicas.

Francisco Martínez de la Rosa (Granada, 1787-Madrid, 1862) es una de esas figuras sin las que no se puede comprender el pasado ni el presente de España. Su vida es un resumen apasionante del atormentado siglo XIX español.
Prestigioso profesor universitario, intelectual y lector profundo de la Ilustración, que supo hacer compatible con su fe cristiana, decidió entregar su vida al servicio de la Libertad y del Progreso en nuestro país. Rebelde ante la ocupación francesa, colabora en las Cortes de Cádiz, y su compromiso por la Libertad durante las Cortes de 1813 y 1814, le lleva al destierro en el Peñón de Vélez de la Gomera.
Testigo sereno del Trienio Liberal, exiliado en Francia tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, trae a España el Romanticismo y la articulación de un proyecto de convivencia para todos los españoles influido por los políticos de la Restauración francesa que se hará real cuando la Regente María Cristina le llame de nuevo al Gobierno en 1834 en su Estatuto Real.
Desde este momento, trabajará desde el Partido Moderado, como Diputado, como Embajador en París y Roma, como Ministro de Estado y como Presidente del Congreso de los Diputados, por incorporar a España a la modernidad contemporánea, luchando tenazmente por la reconciliación, la paz y la convivencia en paz de los españoles.
Literato, poeta, dramaturgo, puso su pluma, al servicio de sus ideas políticas, para mostrar que solo desde el dialogo y la tolerancia se pueden superar las tensiones familiares, sociales y políticas. Por ello, por su lucha por la concordia, la paz y la reconciliación su figura aparece como un modelo para los españoles de nuestro tiempo.

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Marqués de Villa- Urrutia - FERNANDO VII, REY CONSTITUCIONAL. HISTORIA DIPLOMÁTICA DE ESPAÑA DE 1820 A 1823

El primer Monarca que reinó en España por la gracia de Dios y de la Constitución, breve tiempo y malamente, fué el deseado Fernando VII, el más popular de cuantos reyes gobernaron a la nación española, comienza así su relato del periodo (1820-1823) el Marqués de Villa- Urrutia.
Se conoce como trienio liberal o trieno constitucional a los tres años que transcurrieron entre 1820 y 1823. Se les denomina de esta manera porque, reinando Fernando VII «El Deseado», el 1 de enero de 1820 tuvo lugar en la localidad sevillana de Las Cabezas de San Juan el pronunciamiento militar del teniente coronel Rafael de Riego.
El 9 de marzo de 1820, Fernando VII, atemorizado, juró la Constitución de 1812.
Por primera vez, se aplicaba la Constitución de 1812 en una situación de paz y con el monarca en el país. Fernando VII, convencido absolutista, trató de obstruir desde un principio la labor de los gobiernos liberales y el normal funcionamiento constitucional.
Esta actitud del rey va a provocar una fractura política que se extenderá durante décadas:
la escisión de los liberales.
Por un lado, los “doceañistas” pretenderán modificar la Constitución buscando una transacción con el Rey. Para ello, defendieron la concesión de más poder al monarca y la creación de una segunda cámara reservada a las clases más altas. Tras 1833, los "doceañistas" se convertirán en los moderados.
Por otro lado, los “veinteañistas” pedían simplemente la aplicación estricta de la Constitución de 1812. Conocidos también como los exaltados, serán denominados progresistas tras 1833.

Wenceslao Ramírez de Villaurrutia (La Habana, 1850 -  Madrid, 1933) fue un diplomático, historiador y político español.
Senador vitalicio en 1905, ocupará la cartera de ministro de Estado entre el 27 de enero y el 23 de junio de 1905 en un gabinete presidido por Raimundo Fernández Villaverde, bajo el reinado de Alfonso XIII.
Como diplomático fue ministro plenipotenciario en Constantinopla, Atenas y Bruselas, y embajador en Viena, Londres, Roma y París.
Miembro de la Real Academia de la Historia,es autor de obras como "La conferencia de AIgeciras" (1906), "Relaciones de España e Inglaterra durante la Guerra de la Independencia", "Apuntes para la historia diplomática de España" (1911,1914), "Las mujeres de Fernando VII" (1916), "Palique diplomático" (1928), "Madame De Stael" (1930), "Fernán-Núñez, el embajador" (1931); "Fernando VII, rey constitucional, y Fernando VII, rey absoluto" (1922-1931); y "Lucrecia Borja, la Reina Gobernadora".
En 1918 recibió el título de marqués de Villa-Urrutia.
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