Giuseppe Verdi; Salvatore Cammarano – Libreto (italiano/castellano) de LUISA MILLER

Opera compuesta por Giuseppe Verdi, sobre un libreto en italiano de Salvatore Cammarano, basado en la pieza teatral Kabale und Liebe (Intriga y amor) de Friedrich von Schiller. Fue estrenada en el Teatro San Carlo de Nápoles el 8 de diciembre de 1849.bajo la férrea censura de los Borbones, que por aquel entonces ocupaban el trono de la parte sur de Italia, y tuvo bastante buen éxito. El libretista de Verdi, Cammarano, tomó un drama de capa y espada de Schiller y lo convirtió en un melodrama trágico, con todos sus tópicos, incluido el de la muerte de los protagonistas al final del tercer acto. Por ese lado, nada que se saliera de lo normal.La clave del éxito hay que buscarla primero en la definición que dio el autor de su ópera, «drama burgués» y, segundo, en las innovaciones musicales que introdujo el compositor. Efectivamente, 'Luisa Miller' es una heroína burguesa (eso ya era una tremenda novedad) y, además, marca el momento en el que Verdi inicia el camino de su madurez compositiva.




 
La ópera es novedosa por el tema que trata y por su ritmo general: es una historia de amor pero de orden privado, muy ajeno a las fuertes pasiones colectivas que constituyen el núcleo de la mayoría de las obras de juventud. Se cambian los estruendos bélicos, las ruidosas manifestaciones de fe y fervor patriótico, la tensión que emana de sus anteriores óperas, por una atmósfera infinitamente más serena y distendida. Cada personaje se representa sólo a sí mismo y esta pasión individual hace que sea más íntimo y evidente el desarrollo psicológico de los distintos roles.




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Friedrich Schiller – INTRIGA Y AMOR

En la corte de un Príncipe alemán hay cierto Presidente del Consejo, apellidado Walter, que llega a desempeñar ese cargo importante después de cometer un crimen contra su predecesor. Su hijo Fernando, joven honrado y digno, y por consiguiente muy distinto de su padre, enamora con buena intención a Luisa Miller, hija de un pobre músico, y es correspondido por ella ciegamente, no así como Wurm, que también la pretende, y que sólo excita el desprecio de la novia y de sus padres.
Como casi ninguna otra obra de Schiller, “Intriga y amor” (Kabale und Liebe) está ligada al momento histórico social de su creación, y constituye un reflejo dramático del desarrollo de la conciencia burguesa. Ello queda constatado por los diálogos altamente patéticos, por las emociones abocadas a efectos desconcertantes y el apasionado intercambio verbal entre sus personajes: graves acusaciones contra la corrupción y la decadencia moral de la nobleza, contra el absolutismo en los pequeños ducados y contra las barreras sociales existentes.

Con respecto al Intriga y amor que escribió Schiller por los años de 1784, debemos decir, repitiendo unas palabras de una carta suya dirigida a su amigo Dalberg, que lo había impulsado a componer ese nuevo drama el deseo tal vez un tanto vano de hacer brillar su fantasía en una esfera enteramente distinta de la que hasta entonces había cultivado. Así como nos ha presentado en Los Bandidos este poeta el contraste de su juvenil fantasía con las reglas establecidas en la sociedad, y en cierto modo la disolución de la vida de familia; de la misma manera nos ha presentado en La conjuracion de Fiesco, el trastorno de la vida política del Estado, y así también nos pinta ahora en su Intriga y amor el abismo que existe entre las clases sociales y la triste situación de la vida de las cortes.

Extraído de la conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid por Antonio Angulo Heredia, en 1863.

La pintura de una sociedad, en que lodo lo puede el privilegio y todo lo sufre el pueblo, dio un carácter político al drama, oponiéndose por la primera vez en el teatro la nobleza del alma a la nobleza del nacimiento.



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Gaetano Donizetti; Giuseppe Bardari – Libreto (italiano/castellano) de MARIA ESTUARDO

Cuando Gaetano Donizetti (Bérgamo 1797 - Bérgamo 1848) compuso Maria Stuarda en 1834 ya tenía estrenadas 50 composiciones líricas. Para entonces hacía tiempo que Rossini había estrenado su última ópera (Guillermo Tell, 1829) y Bellini iba a morir al año siguiente, 1835, por lo que toda la tradición de la escuela italiana recaía íntegramente sobre el maestro de Bérgamo.





El autor del libreto es Giuseppe Bardari, basado en el drama homólogo de Schiller. Por causa de la censura, lo regicidios estaban prohibidos en escena aunque fueran históricos, tuvo que ser estrenada con liberto enmendado y bajo el título de Buondelmonte en el teatro San Carlo de Nápoles el 19 de octubre de 1834. El 30 de diciembre de 1835 la estrenaría María Malibrán con libreto y título originales en el Teatro de la Scala de Milán.


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Friedrich Schiller – MARÍA ESTUARDO

Este drama, publicado en 1800, bien puede considerarse como la puesta en práctica de las tesis fundamentales de su autor: la finalidad última del arte tiene un carácter ético en tanto pretende representar al ser humano como sujeto libre, capaz de sobreponerse a las limitaciones impuestas por la Naturaleza. El instrumento susceptible de transformar al ser humano es la voluntad, voluntad para actuar de acuerdo con la norma de validez universal kantiana, conforme a la libertad del propio individuo y de la sociedad circundante.

La obra es una tragedia en cinco actos que narra el enfrentamiento entre dos mujeres poderosas: María Estuardo, católica y Reina de Escocia e Isabel Tudor, protestante y Reina de Inglaterra. El conflicto se desata cuando María, legítima heredera, reclama el derecho al trono de Inglaterra ocupado por su prima Isabel que ha sido declarada bastarda. Isabel reacciona acusándola de conspirar contra la corona y la mantiene cautiva, durante diecinueve años, en el Castillo de Fotheringhay. El juicio a la Reina de Escocia y su condena a muerte, son el eje de la historia en la que ambas mujeres expondrán todas sus rivalidades femeninas, políticas y religiosas, desnudando las intrigas, la ambición y las miserias del poder en un feroz y apasionado combate.

La verdad histórica asegura que las dos reinas nunca llegaron a encontrarse cara a cara pero la imaginación de Schiller, se atrevió a enfrentarlas en una dramática y memorable escena del tercer acto de su “María Estuardo”, un clásico universal siempre vigente.

María Estuardo, reina de Escocia, está detenida en el palacio de Fotheringhay en Inglaterra. La reina escocesa, considerada por los católicos como la heredera legítima del trono inglés, es acusada de conspirar contra Isabel. Su carcelero Paulet y el consejero de Estado Burleigh le traen la noticia de que un tribunal la ha hallado culpable y de que ha sido condenada a muerte. La decisión sobre la ejecución de la sentencia está ahora en manos de la reina inglesa. María confía ser salvada por el joven Mortimer, sobrino de Paulet, un entusiasta, que con algunos aliados juveniles planea una operación para liberarla. Ella le entrega un mensaje a Lord Leicester, con quien quiso casarse en otro tiempo, hasta que éste, por ambición, prefirió los favores de Isabel a los suyos. Ahora, sin embargo, se difuminan las esperanzas de Leicester de ocupar el trono inglés, pues Isabel quiere casarse con un príncipe francés, por razones políticas. Una alianza con Francia protegería a Isabel contra todas las persecuciones que una eventual ejecución de María Estuardo acarrearía consigo. La reina vacila todavía, si debe o no firmar la sentencia; presta oídos tanto a los argumentos de Burleigh, un pragmático fiel al estado, que es partidario de la ejecución de María, como a los del viejo Talbot, el cual trata de persuadirla de que la perdone. Leicester concierta un encuentro de las reinas en el parque de Fotheringhay, pero no se llega a la reconciliación proyectada, dado que Isabel sólo ha ido a humillar a María, más bella y más joven, hasta que ésta no puede contener un acceso de cólera. Todas las esperanzas de María se ven defraudadas, al resultar fallido un atentado de los aliados de Mortimer contra la reina inglesa. Con el fin de evadirse a las sospechas de estar implicado en la conjura, Leicester sacrifica sin escrúpulos al joven Mortimer y exige también, por su parte, la ejecución de la reina escocesa. Isabel firma la condena a muerte, pero depone la responsabilidad en su escribano Davison. María, como una mártir de su fe, se acerca con entereza a su final. Cuando el viejo Talbot se presenta ante Isabel con pruebas de la inocencia de la condenada, la ejecución se ha llevado ya a cabo. Después de haber partido el fiel Talbot, la reina llama a Leicester, pero le dicen: "El Lord solicita disculpas. Se encuentra en un barco con rumbo a Francia".






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Giuseppe Verdi; Temistocle Solera – Libreto (italiano/castellano) de JUANA DE ARCO

Giovanna d'Arco es una ópera dividida en un preludio y tres actos, con música de Giuseppe Verdi y libreto de Temistocle Solera, basada en el drama Die Jungfrau von Orleans de Friedrich von Schiller. Fue estrenada el 15 de febrero de 1845 en el Teatro de La Scala de Milán.

Personajes:
Juana de arco (soprano)
Carlo VII, rey de Francia (tenor)
Giacomo, pastor y padre de Juana (barítono)
Talbot, comandante supremo de los ingleses (bajo)
Delil ,un oficial francés (tenor)
La acción se desarrolla en las ciudades francesas de Domrémy y Reims, durante la Guerra de los Cien Años, siglo XV.





Prólogo
En la villa francesa de Domremy, Carlos (que aun no ha sido Coronado Rey de Francia) describe a los oficiales y los aldeanos su visión de la Virgen María que le ordena rendirse al invasor ejercito inglés y depongan sus armas a los pies del gran roble.
En el bosque, cerca del gran roble, Giacomo ora por la seguridad de su hija Juana, que se encuentra en una capilla cercana. De repente, Carlos llega, preparado para dejar sus armas a los pies del árbol. Entretanto, la durmiente Juana tiene visiones en la que ángeles le piden que se convierta en un soldado y guié a Francia a la victoria. Ella responde con fervor que esta lista para hacerlo. Carlos la escucha y se ánima con su valentía. Su padre Giacomo llora, creyendo que su hija ha vendido su alma al diablo por su devoción al futuro rey.

Acto I
Cerca de Reims, el comandante Talbot del ejército inglés trata de convencer a sus desalentados soldados que su inminente rendición a Francia no es debido a las fuerzas del mal. Entretanto Giacomo llega donde su hija y la toma creyendo que esta bajo la influencia del demonio.
En la corte francesa en Reims, se hacen los preparativos para la coronación de Carlos. Y Juana extraña su simple vida en casa. Carlos le confiesa su amor a Juana, ella se aleja a pesar de sus sentimientos hacia el Rey, ya que las voces le han advertido en contra del amor terrenal. Carlos es llevado a la Catedral para su coronación.

Acto II
Los aldeanos de Reims se han reunido en la manzana de la Catedral para celebrar la victoria de Juana sobre el ejército inglés. Los soldados franceses llevan a Carlos dentro de la Catedral para ser coronado. Giacomo ha decidido que debe repudiar a su hija, ya que cree firmemente que ha hecho un pacto con el diablo. La denuncia a los aldeanos y estos son persuadidos, mas el Rey rehúsa escuchar tales acusaciones. Carlos le ruega a Juana que se defienda, pero ella se niega.

Acto III
Juana ha caído prisionera de los ingleses y yace encadenada en el interior de una torre. Se escucha a lo lejos el fragor de una batalla. Giovanna quisiera estar libre para sumarse a la contienda. Aparece Giacomo y Juana confiesa su pureza: sólo ha cedido momentáneamente a la pasión demostrada hacia ella por el rey. El padre le quita las cadenas y la bendice, entregándole su propia espada. Juana se encamina veloz hacia la batalla. La victoria sonríe de nuevo a Carlos pero Juana ha sido herida de muerte. Mientras todos reverencian a la heroína, ésta, febril, empuña la bandera francesa saludando a la Virgen antes de caer muerta ante el respeto de todos los presentes postrados ante ella.




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Friedrich Schiller – LA DONCELLA DE ORLEÁNS

La Doncella de Orleáns se estrenó el año 1801 en un teatro de Leipzig. Que un autor de formación protestante e imbuido de clasicismo hasta el punto de haberse alejado de la creencia cristiana, haya compuesto esta “tragedia romántica” —como reza el subtítulo— es otra manifestación de singularidad. Además el autor declara en una carta que se quiere oponer a la versión de Voltaire, porque el autor francés a “su Pucelle (doncella) la ha hundido demasiado en la suciedad, yo a la mía la he puesto quizá demasiado alto” —esto fue escrito más de un siglo antes de que ella fuera canonizada—.
Lo primero que se suele señalar con respecto a este drama es que su versión se ha apartado de la realidad histórica en varios pasajes. Por ejemplo en el desenlace: la doncella de Schiller muere a consecuencia de una herida en el campo de batalla; la de la realidad, como se sabe, es que después de haber sido tomada prisionera por los ingleses, fue sometida a un tribunal eclesiástico y, acusada de brujería y herejía, muriendo en la hoguera.
Es de recordar que el mismo poeta, al trazar su plan, previó que procedería libremente, que no tendría en cuenta la cuestión de la brujería y que se guiaría sobre todo por los requisitos de la poesía.
Lo romántico de la obra se encuentra en las visiones, voces, manifestaciones del poder sobrenatural; son fenómenos que se aceptaban naturalmente en el drama de ese carácter.
Algo que también interesaba al romanticismo, y a Schiller, era lo que Friedrich Heer ha llamado, respecto de la Juana de Arco histórica, “la salvación desde el pueblo”. A partir de este punto de vista la Doncella de Orleáns, y no sólo por proceder de la Edad Media, se emparenta con Guillermo Tell y su tradición. Dos personajes, dos formas con las que, en época de la Revolución Francesa, el dramaturgo alemán procuró representar los valores positivos del impulso auténticamente popular.
“Goethe considera que es mi mejor obra”, había apuntado Schiller en carta a Gottfried Körner. No menos encomiástico ha sido a mediados del siglo XX el juicio de Thomas Mann, admirado de cómo el dramaturgo logró el “milagro estilístico” de conservar “la actitud fundamental clásica en pleno romanticismo”, y de dar a la obra teatral un sentido operístico. Por lo demás el público de Leipzig la aclamó en su momento sin reservas.
Hoy en día, al cabo de dos siglos de la muerte de Friedrich Schiller, nadie negará seguramente que ha sido uno de los grandes dramaturgos de la tradición europea. Pero, por otro lado, por uno o varios de los motivos enumerados por Steiner en reciente balance crítico, se considerará que sus temas, su lenguaje, su énfasis no condicen con las tendencias actuales; aunque es posible descubrir resonancias de los postulados suyos en aspectos de las concepciones teatrales que se han impuesto desde el siglo XX.
De todas maneras Schiller tiene a favor la calidad de su arte y la perduración de lo clásico; porque supo afirmar una singularidad valiosa para todos los tiempos.



La historia transcurre durante el sangriento conflicto enmarcado en la guerra de los Cien Años que enfrentó al delfín Carlos, primogénito de Carlos VI de Francia, con Enrique VI de Inglaterra por el trono francés, y que provocó la ocupación de buena parte del norte de Francia por las tropas inglesas y borgoñonas.
Schiller nos presenta a Juana de Arco como penetrada por una fuerza exaltada y patética que la hace muy interesante a nuestros ojos. La Juana de nuestro gran poeta es una creación purísima y casi celestial, que combina los dulces encantos de la gracia femenina con la imponente majestad de una profetisa destinada a sacrificarse en aras de su patria. Asemejábase, pues, a los ojos de Schiller a la Ifigenia de los griegos, y la ha pintado con rasgos análogos bajo muchos aspectos.
as desgracias y desolación de su país, han encendido en el ardiente y virginal corazón de Juana un puro fuego patriótico, que fomentado por medio de la soledad de su vida y sus profundos sentimientos religiosos, llega a convertirse en una santa llama. La vemos sentarse solitaria con sus rebaños al lado de la capilla de la Virgen y a la sombra de la vieja encina de los Druidas, lugar frecuentado según la tradición por espíritus sobrenaturales buenos o malos, y allí se le revelan visiones jamás contempladas por los ojos de los hombres. Las fuerzas de sus íntimos impulsos, y la enérgica vivacidad de sus sentimientos, la persuaden de que el cielo la destina a libertar la Francia, su querida patria. La intensidad de su fe persuade a otros, y se lanza decidida al cumplimiento de su misión sagrada. Todo cede ante la fogosa vehemencia de su voluntad, ante la inspiración ardiente de que se siente poseída.
Hay algo de bello y de conmovedor en la contemplación de un generoso entusiasmo, alimentado en lo más íntimo del alma en medio de obstáculos y de contratiempos, y que por fin estalla, por decirlo así, con fuerza irresistible, para cumplir la gran misión a que se cree destinado. Los impedimentos que por largo tiempo lo contrariaron, se convierten después en testimonio de su poder; y hasta la ignorancia y los errores que en cierto modo con él se ligan, sirven para aumentar la simpatía sin disminuir nuestra admiración. ¡Quién puede menos de admirar el triunfo difícil y penoso de la inteligencia sobre el destino, de la libre voluntad humana sobre las necesidades materiales de la vida!
Todo esto lo ha sentido Schiller perfectamente, y lo ha representado con admirable ingenio. El movimiento interno del espíritu de Juana permanece envuelto en oscuridad misteriosa; pero sus movimientos externos y activos son claros y distintos; contemplamos el levantado heroísmo de sus sentimientos que nos conmueven hasta lo íntimo del alma. La tranquila y devota inocencia de sus primeros años en que vivía silenciosa, concentrada dentro de sí misma, aunque dulce y benévola, nos inspira amor por día; y el celestial resplandor que ilumina la segunda parte de su existencia, hace despertar en nuestro pecho además del amor, la reverencia. Sus palabras y sus acciones, presentan combinadas una fuerza irresistible y una dignidad tranquila, sencilla y sin pretensiones. Juana de Arco es una de las figuras más nobles y bellas de la literatura, dramática; nos parece verla con su esbelta y delicada forma, con su dulce, pero inspirado rostro, bella y terrible al mismo tiempo, llevando en sus manos la bandera de la Virgen al frente de los ejércitos de su patria; irresistible por su fe y más grande por su entusiasmo, a pesar de ser una sencilla y cándida pastora, que los reyes y las reinas del mundo.

Extraído de la conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid por Antonio Angulo Heredia, en 1863.





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Giuseppe Verdi; François Joseph Méry y Camille du Locle – Libreto (francés/italiano/castellano) de DON CARLOS

La ópera de París para dar mayor solemnidad a los fastos de la Exposición Universal de 1867 se decidió encargar una nueva ópera al genio de Busseto, una vez que Meyerbeer, el compositor operístico francés por excelencia, había fallecido en 1864. Giuseppe Verdi aceptó y seleccionó como argumento el "Dom Karlos, Infant von Spanien" de Schiller. Joseph Méry y Camille du Locle serán los encargados de darle forma al libreto francés, un libreto que tendría que amoldarse a las convenciones de la ópera parisina, esto es, cinco actos y el inevitable ballet, lo que daba como resultado una enorme duración que debía, además, adaptarse a cuestiones tan banales como los horarios de los últimos trenes de cercanías.
Sobre la partitura original, Verdi tuvo que efectuar diversos cortes, dando fin a una partitura que sería estrenada el 11 de marzo de 1867.
Verdi volvió a encontrarse con el obstáculo de los horarios nocturnos cuando años más tarde decidió acometer la transformación del Don Carlos francés en el Don Carlo italiano. En carta del 3 de diciembre de 1882 escribía a su amigo Giuseppe Piroli. "Reduzco a cuatro actos el Don Carlo para Viena. En esta ciudad, sabéis que a las diez de la noche los porteros cierran la puerta principal de las casas y a esta hora todos comen y beben cerveza y pasteles. En consecuencia, el teatro, es decir, el espectáculo debe haber acabado para entonces".
Esta segunda versión (en la que sólo se salva del primer acto original el aria de Don Carlos), con libreto italiano de Achille de Lauzieres y Angelo Zanardini, sería estrenada finalmente en la Scala el 10 de enero de 1884 y es la que usualmente sube a los escenarios desde entonces.




 
Pero Verdi debía tenerle especial cariño al primer acto de la versión original (el llamado "Acto de Fontainebleau" porque sólo dos años más tarde decidió afrontar una tercera revisión de la obra, recuperando todo ese primer acto y suprimiendo el ballet. Esta última versión se estrenaría en Módena el 26 de diciembre de 1886.



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Friedrich Schiller - DON CARLOS, INFANTE DE ESPAÑA

Schiller pertenece a nuestro imaginario colectivo, al recrear mitos y leyendas que nos son muy próximos. Aparte de esa familiaridad, remueve estratos profundos de nuestra identidad europea y de nuestra civilización occidental. Estamos ante un autor que rompió las costuras de todos los géneros literarios y logró zafarse del férreo marcaje de las disciplinas angostas y de los patriotismos obtusos. Desde su cátedra de la Universidad de Jena, exhortó a sus alumnos a transgredir los límites impuestos por la especialización y la profesionalización del saber, a saltarse las barreras que levantan el academicismo y la reducción del conocimiento a un mero valor de cambio.

Friedrich von Schiller, nacido en Marbach, Alemania, en 1759 y fallecido en Weimar en 1805, era hijo de un cirujano militar. Estudió medicina y derecho en la Escuela Militar de Stuttgart, en lugar de teología, tal como era su deseo. Sin tener en cuenta las prohibiciones de la disciplina militar, empezó a interesarse por la literatura protoromántica del «Sturm und Drang» y, en 1781, estrenó su primera pieza teatral, Los bandidos, drama anti-autoritario (considerada como una proclama del anarquismo revolucionario) que le supuso la deposición del cargo de cirujano mayor y la prohibición de escribir obras que pudieran atentar contra el orden social.
Obligado a abandonar Stuttgart, se dirigió primero a Mannheim (1782), donde representó obras de contenido republicano que ensalzaban la libertad y la fuerza de espíritu; más tarde, por temor a nuevas represalias, se trasladó a Leipzig. Durante este período de vida errante, fundó una revista y trabó amistad con una dama influyente, Charlotte von Kalb, que le brindó su protección.

Finalmente, se desplazó a Dresde, y se hospedó en casa del jurista Körner, admirador suyo, quien lo encaminó hacia una ideología y una estética menos exaltadas. Bajo esta influencia acabó su Don Carlos (1787), obra que marca la frontera entre su primera etapa revolucionaria y clasicista, caracterizada, sin embargo, por un clasicismo más próximo a Shakespeare que a la cultura grecolatina.
Según la crítica, su obra más lograda es la trilogía en verso Wallenstein (1776-1799), un drama en el cual los acontecimientos históricos adquieren una dimensión ideológica en los personajes que los protagonizan. Durante su estancia en casa de Körner escribió también su Himno A la alegría (1775), incorporado por Beethoven a la novena sinfonía, en el que expresa su generoso e imperturbable idealismo.
En 1787 se dirigió a Weimar con el ánimo de conocer a Herder, Wielan y Goethe. Se dedicó entonces a la investigación histórica, y en 1789 obtuvo la cátedra de historia en la Universidad de Jena. Escribió algunos trabajos en los que expuso su concepción idealista de la historia, así como los poemas filosóficos Los dioses de Grecia (1788) y Los artistas (1789).
En 1790 se casó con Charlotte von Lengefeld, y un año más tarde obtuvo una pensión del duque de Holstein-Augustenburg, gracias a la cual pudo dedicarse al estudio de Kant, en cuya filosofía se refugió de las consecuencias reales de la Revolución Francesa, que con tanto ardor había defendido teóricamente. Defendió los ideales de la revolución francesa, aunque el posterior establecimiento del período del terror jacobino le desilusionó. No obstante, atribuyó el fracaso de la revolución y de la consecución plena de sus ideales a la falta de educación humana para la libertad. Esto le impulsó a considerar que el arte, y en particular el teatro, deberían ser entendidos como instrumentos de la educación liberadora de la humanidad. Esta preocupación por la libertad fue el núcleo alrededor del cual giró toda la producción poética, teatral y todos los ensayos de Schiller, pero también de los filósofos del idealismo alemán, que recibieron una gran influencia de este autor. Como filósofo y teórico del arte, el autor de Cartas sobre la educación estética del hombre legó a sus contemporáneos un concepto de "libertad" que nada tenía que ver con las matanzas de la Revolución Francesa. Propugnó que es en el arte donde aquélla celebra su máxima fiesta y que "libre" es el hombre que crea en brazos del arte y allí halla su liberación.
Fruto del estudio de la filosofía kantiana, publicó algunos tratados estéticos en los que, a su ideal de perfección moral, unió la búsqueda de la belleza, según él, los dos valores que, asumidos individualmente, determinan los progresos y las transformaciones de la sociedad.
Dejando de lado sus investigaciones históricas y filosóficas, en 1794 fundó la revista Die Horen e inició una fructífera colaboración con Goethe. Su amistad se consolidó tras fijar su residencia en Weimar (1799), cuando ya habían fundado (1797) otra revista, Musenalmanach (Almanaque de las musas), en la que también colaboraba Wilhelm von Humboldt. En ella, Schiller y Goethe publicaron en colaboración la colección de epigramas Xenias (1797) y, un año más tarde, cada uno de ellos publicó por separado sus Baladas, inspiradas principalmente en la Antigüedad y la Edad Media.
Schiller dedicó los últimos años de su vida al teatro, el género en el que más refulgió su talento. En 1804 vio la luz la más popular de sus obras, Guillermo Tell, en la cual el amor y la glorificación de la libertad, ideal constante en el escritor, se manifiestan de la forma más armoniosa y eficaz. Falleció un año después sin haber podido dar cima a su tragedia más ambiciosa, Demetrio, sobre el hijo de Iván el Terrible, y que parecía preludiar un cambio de orientación en su obra.

Extraído de Biografías y Vidas



En Don Carlos, drama ambientado en la España imperial, Schiller mezcla política y amoríos, pasiones colectivas e individuales. La historia, que es fuente de una de las más famosas óperas de Verdi, se basa en uno de los acontecimientos más conocidos de la leyenda negra española: la orden de Felipe II de enviar a su propio hijo Carlos a prisión, donde no tardaría en morir. El infante don Carlos, hijo del rey Felipe II, declara su amor a la actual esposa de éste Isabel de Valois, a la que ya había rondado de soltera, pero ella insiste en que no puede quererle más que como madrastra. Una de las damas de la corte, la princesa de Éboli, envía una declaración de amor a Don Carlos, que él en un principio cree que procede de la reina. Aunque a punto de resignarse y aceptar el amor de Éboli, Don Carlos la rechaza cuando ella le muestra una carta que prueba que ha sido amante del rey, que además le arrebata con la esperanza de que sirva para que la reina dé la espalda a su padre y acepte su amor, si bien posteriormente el Marqués de Poza, amigo de la infancia de Carlos, le convence de que no debe de usar tales armas. Carlos pide a su padre que le deje utilizar la buena imagen que posee ante el pueblo flamenco para ir allí como gobernador y aplacar la amenaza de revuelta, pero el rey prefiere la solución represiva y sin concesiones que supone el duque de Alba, al que otorga el cargo de gobernador. Alba y el confesor de la corte padre Domingo declaran la guerra política a Carlos y, con la colaboración de Éboli, manipulan las pruebas que existen de la pasión del infante por su madrastra y de la simpatía por el del pueblo flamenco para que el rey le considere traidor a la patria y a su propio padre. Tras haber asesinado al marques de Poza y cuando el infante se acerca a los aposentos de la reina, disfrazado como fantasma de su abuelo Carlos I para burlar a la guardia, es sorprendido por el rey y sus manipuladores y entregado a la inquisición.

Fuente: Martín Lucas Pérez en Shvoong


Junto con el Nathan el sabio, de Lessing, y con la Ifigenia de Goethe, Don Carlos se ha erigido en uno de los tres grandes «dramas de la humanidad» creados en lengua alemana en la década de los ochenta del siglo XVIII. Fue una época de enorme efervescencia, de inmensas esperanzas puestas en el ser humano, en el hombre autónomo, libre de la tutela de la religión y del poder autoritario. En aquellos años adquirieron fuerza y alcanzaron su auge los movimientos de la masonería y de los «iluminati», a los que Schiller estaba y se sentía próximo. Es una obra de grandes sentimientos llevados al límite, en todos los sentidos de la palabra. De ahí el parentesco con la música de Beethoven.



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Antonio García Gutiérrez – EL TROVADOR

En nuestro país, el Romanticismo se desarrolla tardíamente a causa de la Guerra de la Independencia y la inestabilidad política y social de los años del reinado de Fernando VII. Será necesario esperar al retorno de los exiliados, en 1833, para que el nuevo movimiento se instaure definitivamente en suelo español.
Pero, desde 1834, con el estreno de ‘La conjuración de Venecia’, de Martínez de la Rosa, hasta 1844, fecha de ‘Don Juan Tenorio’, de Zorrilla, los dramas románticos se suceden a un ritmo vertiginoso.
Sin duda, los nombres que se nos vienen a la memoria al pensar en la literatura de este periodo son los de Zorrilla, Espronceda o Larra, los más conocidos. Pero hay muchos más. Y, de entre ellos, uno de los destacados es, sin duda, Antonio García Gutiérrez (Chiclana, Cádiz, 1813-1884), poeta, costumbrista y, sobre todo, dramaturgo de gran éxito, que legó algunas obras de muy buena factura: ‘El trovador’, ‘Venganza catalana’, ‘Juan Lorenzo’ o ‘Simón Bocanegra’ se encuentran entre ellas. Casi todas ellas pertenecen al drama histórico, pero también escibió comedias de enredo, melodramas y zarzuelas.

‘El trovador’ fue estrenada en el Teatro del Príncipe el uno de marzo de 1836, con un éxito clamoroso. El éxito de El trovador fue apoteósico, hasta el extremo que el joven autor hubo de salir a saludar al público desde el escenario, cosa totalmente nueva en el teatro español de entonces. La fama de El Trovador se extendió rápidamente por toda España y también por Italia.
Su fuente principal es la ‘Crónica de Juan II’, de Pérez de Guzmán, pero también toma elementos del ‘Macías’, de Larra; de ‘Lucrecia Borgia’ y ‘Hernani’, de Víctor Hugo; y de Dumas.

Con solo 22 años, Antonio García Gutiérrez construye, con alternancia de prosa y verso, este "drama caballeresco" en cinco jornadas (se prefería ahora denominarlas jornadas en vez de actos): El duelo, El convento, La gitana, La revelación, y El suplicio, y con varias escenas en cada jornada con diferentes cuadros o escenarios. Estos cambios de escenarios complicaban la representación y ponían en serios apuros a los empresarios.
La obra se sitúa en el Reino de Aragón en el siglo XV, más concretamente en torno al año 1410, durante las guerras civiles que se dieron tras fallecer Martín I el Humano sin descendencia directa. Manrique, culto y refinado trovador, criado por una gitana, está enamorado fervientemente de Leonor, perteneciente a la aristocrática familia de los Sesé; Leonor le corresponde con la misma pasión. Manrique tiene un adversario que también anhela el amor de Leonor: don Nuño, conde de Luna. Y a partir de ahí, y con la lucha política de fondo, se va desplegando el drama.
La mayor parte de la acción se desarrolla en una torre de planta rectangular del Palacio de la Aljafería. A raíz de este drama el pueblo comenzó a llamar a la torre como «del Trovador», denominación que perdura hasta el día de hoy y que ha sido adoptada por los eruditos en estudios versados sobre el castillo de la capital aragonesa.

Reseñando la obra, escribe Larra lo siguiente: El poeta ha imaginado un asunto fantástico e ideal y ha escogido por vivienda a su invención el siglo XV; halo colocado en Aragón, y lo ha enlazado con los disturbios promovidos por el conde de Urgel.
Con respecto al plan no titubearemos en decir que es rico, valientemente concebido y atinadamente desenvuelto. La acción encierra mucho interés, y éste crece por grados hasta el desenlace.
Sin embargo, no es la pasión dominante del drama el amor; otra pasión, si menos tierna, no menos terrible y poderosa, oscurece aquélla: la venganza.




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Giuseppe Verdi; Salvatore Cammarano – Libreto (italiano/castellano) de IL TROVATORE

Il Trovatore es una ópera en cuatro actos con música de Giuseppe Verdi y libreto de Salvatore Cammarano, basada en la obra de teatro El trovador de Antonio García Gutiérrez. Fue estrenada el 19 de enero de 1853 en el Teatro Apollo de Roma.
La trama se desarrolla entre Vizcaya y Aragón al inicio del siglo XV. La hermosura de sus melodías hacen de ella una de las más representadas y queridas del compositor. Aunque se representa mucho, tiene una gran dificultad ya que debe ser interpretada por 5 voces de muy gran calidad, pues, aunque el papel del bajo es muy corto, se precisa una voz rotunda, y lo mismo en el caso de los cuatro protagonistas principales, Leonora (soprano) Manrico (tenor) Azucena (mezzo) y el Conde de Luna (barítono), todos ellos con arias, dúos y tercetos de gran dificultad.
Para su Trovador, Verdi confió la elaboración del libreto a Salvatore Cammarano, famoso libretista de Lucía di Lammermoor", pero su muerte obligó al de Busetto a contar con el joven Leon E. Bardare para finalizarlo.



Esta es la segunda ópera del período medio de la producción verdiana formada por Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853) y La Traviata (1853).
La ópera consta de cuatro actos, cada uno de ellos con un subtítulo: El duelo, La gitana, El hijo de la gitana, y El calabozo o en algunos casos también se le llama La ejecución.






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Giuseppe Verdi; Francesco Maria Piave – Libreto (italiano/castellano) de LA FUERZA DEL DESTINO

Ópera en cuatro actos basado en Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas.

Verdi la escribió para el teatro italiano de San Petersburgo que tenía gran éxito y que en aquel momento quería tener como huésped al maestro más famoso de la época. Verdi aceptó la invitación, escribió "La forza del destino" en pocos meses. El interés de Verdi por el argumento parece datar de 1859; en aquel entonces, la pieza teatral del duque de Rivas tenía ya 24 años. El 10 de noviembre de 1862 tuvo lugar el estreno de la primera versión de la obra. Una nueva versión se estrenó en la Scala de Milán el 20 de febrero de 1869, y desde entonces se ha convertido en una pieza importante del repertorio operístico de todo el mundo. En España se estrenó en 1863, en el Teatro Real de Madrid, con la asistencia del propio compositor.




 
La primera versión del libreto proviene del viejo amigo de Verdi, Francesco María Piave. Verdi encomendó a Piave una revisión del libreto para el estreno italiano. Al parecer era demasiado violento, «debemos buscar la forma de evitar todos esos muertos», le escribió al libretista Piave. Éste enfermó y el compromiso recayó en Antonio Ghislanzoni, que poco después sería el libretista de Aída, quien alteró radicalmente el final (en la primera versión Don Álvaro se suicida).




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Ángel de Saavedra, Duque de Rivas – DON ÁLVARO O LA FUERZA DEL SINO

Tragedia romántica, aunque conservando muy libremente la estructura neoclásica, divida en cinco jornadas y escrita en prosa y verso.
El argumento es el siguiente:
Don Álvaro, un indiano rico y misterioso que vive en Sevilla, tiene un romance con doña Leonor, hija del Marqués de Calatrava. Como éste no aprueba esos amores, don Álvaro decide raptar de su casa a doña Leonor. En la huida de los amantes, el Marqués muere accidentalmente. Este hecho da inicio a la tragedia de los protagonistas. Los enamorados desaparecen. Doña Leonor vive oculta durante un año, de modo que todos, incluso don Álvaro, la creen muerta. Después, se retira al monasterio de los Ángeles, en Hornachuelos.
Don Álvaro viaja a Italia. Los dos hijos del Marqués, don Carlos y don Alfonso, han jurado vengar la muerte de su padre y salen en busca del indiano. En Veletri se encuentran y reconocen don Álvaro y don Carlos, lo que lleva a un duelo donde perece don Carlos. Don Álvaro sobrevive y se refugia en el convento de los Ángeles, en España, donde vive como fraile durante cuatro años. Por su parte, don Alfonso, que había viajado a Perú, descubre toda la verdad sobre don Álvaro y regresa a buscarle. Segundo duelo obligado, en el cual cae herido don Alfonso. Ambos descubren que doña Leonor vive en la cercana ermita, y don Alfonso, creyéndola cómplice de don Álvaro, la mata. Para don Álvaro, la única escapatoria a su destino es el suicidio, de modo que se arroja desde la montaña diciendo: « Yo soy un enviado del infierno, soy el demonio exterminador ».

El drama fue estrenado en el Teatro del Príncipe de Madrid, el 22 de febrero de 1835 y constituye una muestra importante del romanticismo en el teatro español, de forma similar a la tragedia contemporánea Hernani de Víctor Hugo dentro de la literatura francesa. En La fuerza del sino es típica la característica de la libertad de creación; el autor prescinde de las tradicionales unidades de acción, tiempo y lugar, apartándose de las reglas formales existentes, mezcla lo popular con lo aristocrático, lo trágico con lo cómico, la prosa con el verso, la profunda expresión lírica con la sencillez del lenguaje coloquial.
Se aprecia como tema fundamental de la obra al destino, entendido como "fuerza fatídica" que domina la vida del protagonista y de los demás personajes. El destino es mostrado aquí como un poder nefasto, igual a la fatalidad, ante el cual no es posible sustraerse ni oponer resistencia.




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Walter Scott – LA NOVIA DE LAMMERMOOR

La novela histórica romántica tiene en Walter Scott, si no a su inventor, a su primer y más influyente representante. Hijo de un abogado, desde su infancia se sintió fascinado por las leyendas y los episodios históricos, preferentemente medievales, de su tierra natal escocesa, que posteriormente constituirían el tema principal de muchos de sus poemas y novelas. Licenciado en derecho, sus primeros pasos en la literatura los dio como traductor, vertiendo al inglés obras como Lenore, de Gottfried A. Bürger, y Götz de Berlichingen, de Goethe. La publicación, entre 1802 y 1803, de la recopilación de baladas Trovas de la frontera escocesa dio a conocer su nombre al gran público, que también acogió con entusiasmo una serie de largos poemas narrativos entre los que destacan El canto del último trovador y La dama del lago. De 1814 data su primera novela, Waverley, publicada anónimamente como la mayoría de las que le siguieron, en consideración a los cargos públicos de su autor (sheriff de Selkirk desde 1799 y secretario de los tribunales de justicia de Edimburgo desde 1806) y la dudosa reputación del género. Con ella y con las posteriores (El anticuario, Rob Roy, Ivanhoe, La novia de Lammermoor, El pirata, Quentin Durward, El talismán) estableció los cánones de la novela histórica, tal como ésta iba a desarrollarse hasta bien entrado el siglo XX. La autoría de estas novelas no se reveló hasta 1826, año por otro lado especialmente doloroso para Scott, que sufrió la muerte de su esposa y la quiebra de la editorial Constable, en la que había invertido dinero y por la que contrajo una deuda de 130.000 libras. Antes, en 1820, había sido nombrado barón de Abbotsford. Maestro del diálogo y la descripción, poseedor de un estilo vigoroso y poético, influyó en los novelistas de su época, tanto de su patria como foráneos, y también en los músicos y pintores que glosaron y recrearon sus temas.

La novia de Lammermoor nos ubica en Escocia, durante el gobierno de la reina Ana I de Bretaña, entre 1702 y 1714. La trama relata los infortunios de un amor desgraciado entre Lucy Ashton y el enemigo de su familia: Edgar Ravenswood, héroe romántico en el más amplio sentido de la palabra.
Walter Scott aseguraba que La novia de Lammermoor está basada en algunos incidentes reales de la familia Dalerymple, lo cual es factible, según algunos académicos.
La palabra Lammermoor proviene de la voz escocesa: Lammermuir, que a su vez está emparentada con el gaélico: An lomair mòr. En inglés moderno sería algo así como Lamb's moor, El páramo de los corderos.

La novela, si bien de argumento predecible, es un prodigio de ambientación y costumbrismo; recoge la esencia de la vida rural escocesa, y por extensión, la forma de vida de la nobleza en contraposición con el campesinado (en aquellos tiempos, vasallos, casi esclavos). Época de claros y oscuros, donde a menudo, las leyendas se confundían con la realidad cotidiana. Libro para disfrutar y saborear.





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Gaetano Donizetti; Salvatore Cammarano – Libreto (italiano/castellano) de LUCIA DI LAMMERMOOR

Lucia di Lammermoor es una ópera en tres actos con música de Gaetano Donizetti y libreto de Salvatore Cammarano, basado en la novela The Bride of Lammermoor (La novia de Lammermoor) de Sir Walter Scott. Fue estrenada en Nápoles el 26 de septiembre de 1835.
La historia narra la lucha entre dos familias, los Ashton y los Ravenswood. Cuando se inicia la ópera, los Ashton están en su apogeo y han tomado posesión del Castillo Ravenswood, la casa ancestral de sus rivales. Edgardo de Ravenswood, último sobreviviente de su familia, ha sido obligado a vivir en una torre solitaria en el mar, conocida como Wolf's Crag. A pesar del buen momento que viven los Ashton, se han visto amenazados por los cambios políticos y religiosos. Enrico Ashton espera ganar la protección del influyente Arturo, casándolo con su hermana Lucia.
Acto I

Escena primera: en los jardines del castillo de Ravenswood
Normanno, capitán de la guardia del castillo, acompañado por otros sirvientes, busca a un intruso. El capitán le cuenta luego a Enrico que sospecha que el intruso es Edgardo, y que viene al castillo para encontrarse con Lucia. Cuando se descubre que la sospecha de Normanno era cierta, Enrico confirma el odio que siente por la familia de Edgardo y su determinación por terminar la relación entre él y su hermana.

Escena segunda: una fuente en la entrada del parque, vecino al castillo.
Lucia espera a Edgardo. En su famosa aria, Regnava nel silenzio, Lucia le cuenta a su sirvienta, Alisa, que ha visto el fantasma de una niña asesinada en ese mismo lugar por un ancestro de los Ravenswood celoso. Alisa ve en esa aparición un mal presagio y advierte a Lucia que debe desistir de su amor. Entra Edgardo y explica que por razones políticas debe partir inmediatamente a Francia. Él confía en hacer las paces con Enrico y casarse con Lucia, pero ante las dudas de ella de que su hermano acepte esto, ambos se comprometen y se intercambian anillos como símbolo de su voto.

Acto II

Escena primera: las habitaciones de Lord Ashton, en el castillo de Ravenswood.
Avanzan los preparativos para la inminente boda de Lucia y Arturo, y Enrico está preocupado por la decisión que pueda tomar Lucia a último momento. Para disipar sus dudas, le muestra una supuesta carta escrita por Edgardo que prueba que la ha olvidado y que tiene un nuevo amor. Enrico deja a Lucia en manos de Raimondo, su capellán y tutor, quien la intenta convencer de que renuncie a su compromiso con Edgardo por el bien de su familia, y de que se case con Arturo.

Escena segunda: un salón en el castillo
El novio se presenta. Lucia actúa extrañamente, pero Enrico intenta convencer a los demás de que se debe a la muerte de su madre. Arturo firma el contrato nupcial, y Lucia hace lo mismo pero reticente. Edgardo aparece repentinamente y amenaza a los presentes. Raimondo evita un enfrentamiento, y le muestra la firma de Lucia en el contrato dando al lugar al famoso sexteto de la ópera, clásico de la literatura lírica. Edgardo, indignado, la maldice y la fuerza a devolver los anillos de su compromiso.

Acto III

Escena primera: la torre Wolf's Crag
Enrico visita a Edgardo para retarlo a un duelo. Le menciona que Lucia ya está disfrutando la noche de bodas. Edgardo acepta el reto de pelear contra Enrico más tarde, en el cementerio de los Ravenswood, cerca de la torre.

Escena segunda: un salón en el castillo
Raimondo interrumpe las celebraciones de la boda para comentar a los invitados que Lucia se ha vuelto loca y ha matado a su esposo. Lucia aparece en la célebre Escena de la locura en cuya primera aria Il dolce suono se imagina con Edgardo a punto de casarse. Enrico aparece y al principio amenaza a Lucia pero luego se calma cuando se da cuenta de la locura de su hermana ("escena de la locura"). Lucia sufre un colapso.

Escena tercera: el cementerio de la familia Ravenswood
Edgardo decide dejarse matar por Enrico. Se entera de que Lucia se está muriendo, minutos después, Raimondo le da la noticia que Lucia había muerto. Edgardo se apuñala esperando unirse con Lucia en el cielo.

 



La escena capital de la ópera es la Escena de la locura, en el tercer acto, que resume todas las escenas de locura típicas de las óperas belcantistas.



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Aristófanes – PLUTO

Su trama plantea el problema de la distribución desigual de las riquezas en este mundo (Pluto es el dios de la riqueza). Pluto había sido cegado por Zeus, hasta que un ciudadano pobre, pero de gran bondad, Crémilo, le devuelve la vista. Como resultado de "devolver la vista a la riqueza" los buenos hombres son recompensados con riquezas y los malos con pobreza y penas. Sin duda, una gran alegoría.

Crémilo está tan indignado al ver que los malvados acumulan riquezas mientras los hombres honrados permanecen en la pobreza que, acompañado de su esclavo Carión, ha ido a consultar al oráculo délfico si debe educar a su hijo para ser bueno o para ser malo, en el caso de que esto último le haga triunfar en la vida. El dios aconseja a Crémilo abordar a la primera persona que se encuentre al salir del santuario, y la invite a entrar en su casa. Esa persona resulta ser un anciano ciego; importunado por Crémilo y Carión revela que es Pluto, dios de la Riqueza, a quien Zeus, por su aversión a los hombres, ha privado de la vista, de manera que, siendo incapaz de distinguir a los buenos de los malos, los ha de recompensar de forma indiscriminada, sin consideración a la virtud. Crémilo decide devolver la vista a Pluto, para que se acerque sólo a los hombres honrados. Pluto se ateroriza ante la venganza de Zeus, pero le persuade de que él mismo es más poderoso que este dios: puede acabar con los sacrificios de Zeus, al no proveer a los hombres del dinero necesario para comprarlos. Entonces Pluto consiente en que se le lleve al templo de Asclepio para curarse. Interviene la diosa Pobreza y trata de amedrentar a Crémilo, indicándole los desastrosos efectos de lo que se propone realizar, pues ha sido la Pobreza, principio de todo esfuerzo y virtud, la que ha hecho de Grecia lo que es. Mas Crémilo no se deja convencer y, junto con Carión, conduce a Pluto hacia el templo. Carión regresa para contar a la esposa de Crémilo el éxito de la curación con muchos detalles divertidos. Enseguida llega Pluto y enriquece la casa de Crémilo. Luego acude una serie de visitas: un hombre honrado, que había sido pobre largo tiempo, ahora ha prosperado; un delator, despechado al verse empobrecido; una vieja, que ha perdido a su joven amante, pues éste ya no necesita más su dinero; el dios Hermes, con un hambre atroz; por último, el sacerdote de Zeus, que también está hambriento, puesto que ya no puede quedarse con la parte correspondiente de los sacrificios. Crémilo busca identificar a Pluto y sugiere instalar a Pluto en el Tesoro de la Acrópolis. A continuación tiene lugar una procesión con dicho propósito.







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Aristófanes – LAS ASAMBLEÍSTAS

Los hombres han llevado a cabo un pésimo gobierno, y es por esto que Praxágora convence a las mujeres de que se hagan cargo ellas de la administración. Habla de una cierta "repartición igualitaria de las riquezas",que incluso llegará a las relaciones amorosas, tema que más tarde retomará con Pluto, y que aparecerá, en cierto modo, en la República de Platón.

El tema de la obra, unas mujeres que toman la dirección de la ciudad (de lo cual estaban excluidas en la realidad) y que introducen un sistema comunitario, tiene algo en común con la Lisístrata; ambas obras representan a las mujeres de Atenas tomando la iniciativa política y social bajo la dirección de un carácter femenino fuerte, Praxágora. Un rasgo destacable de la obra, que anuncia el camino que seguirá el teatro en el siglo IV, es el reducido papel del Coro, que no canta ni baila hasta el final. De esta forma, el comediógrafo no tiene que escribir largos pasajes líricos, que no están ya integrados en la obra, sino que sirven simplemente de entretenimiento en las rupturas de la acción. No hay parábasis, ni ruidoso ataque a los políticos, y sí un nuevo estilo de diálogo del tipo que encontramos más tarde en la Comedia Nueva. La similitud de las reformas de Praxágora y la propuesta de Platón para la clase legisladora en su república ideal, que no debía poseer ninguna propiedad privada, ha sugerido la posibilidad de que Aristófanes esté satirizando a Platón, pero esto es improbable cronológicamente y además faltan en el texto pruebas de ello. Como resultado de una conspiración de mujeres dirigida por Praxágora, ella y sus compañeras disfrazadas de hombres llegan a la asamblea, y deciden por gran mayoría una moción que transfiere a las mujeres el control de los asuntos de Estado, hasta ahora en manos de los hombres. Praxágora, una vez que ha sido elegida al frente del nuevo gobierno, regresa junto a su marido, al que ha puesto en un gran aprieto al haberle cogido sus ropas. Explica el nuevo sistema social que se va a implantar: comunidad de bienes, comunidad de mujeres y niños, una participación equitativa en las relaciones sexuales por parte de viejos y feos, tanto hombres como mujeres, asegurada por la legislación. A continuación, va al ágora para preparar la recepción de todas las propiedades privadas y administrar el reparto de lotes para la cena. Un ciudadano decente asegura que entrega su propiedad; otro escéptico espera a ver qué acarreará el nuevo sistema. Las consecuencias sexuales van a ser inmediatamente visibles. Un hombre joven llega para encontrarse con su joven amiga, pero tres mujeres viejas declaran sus derechos de prioridad sobre él, y una triunfa en su derecho de llevárselo. La obra finaliza con el coro que se apresura para una cena comunal.







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Aristófanes – LAS RANAS

Los grandes poetas trágicos, Esquilo, Sófocles y Eurípides, han muerto, los dos últimos recientemente. Atenas, a pesar de su victoria en la batalla naval de Arginusas el año anterior, está agotada; necesita sobremanera un consejo digno de confianza como el que podrían darle los mejores poetas. La obra comienza con el dios de la Tragedia, Dioniso, caracterizado como poseedor de las flaquezas humanas de los atenienses (débil, vanidoso, crédulo y con pasión por Eurípides) partiendo hacia el Hades disfrazado de Heracles para traer nuevamente al mundo a Eurípides. El viaje en la barca de Caronte por el lago se acompaña con el croar de un coro (secundario) de ranas, que da nombre a la obra; el coro principal lo componen iniciados en los misterios de Eleusis. Tras llegar al Hades, Dioniso sufre varios percances al ser confundido con Heracles, pero finalmente es identificado y se le pide que ejerza de juez en una disputa entre Esquilo y Eurípides por la posesión del trono de la tragedia, tras haber renunciado Sófocles a su pretensión en favor de Esquilo. Esquilo defiende sus tragedias como superiores en grandiosidad y propósito moral; Eurípides las suyas como más realistas, aduciendo cada uno críticas a la obra del otro. Ambos añaden que la obligación del poeta es hacer mejores a los hombres; Esquilo dice que sus héroes son modelos a imitar; Eurípides que él hace pensar a la gente; pero Esquilo objeta que los depravados caracteres de Eurípides son la causa de la decadencia moral. Los poetas atacan entonces la composición de las obras de su antagonista, su lengua, métrica y música. La prueba final, consistente en que cada poeta recite un verso subido a una balanza para determinar cuál de ellos es el poeta de más peso, es fácilmente ganada por Esquilo. Dioniso, aún indeciso, para realizar la elección les pide a cada uno de ellos que den un consejo para salvar la ciudad. Eurípides pronuncia una de sus características réplicas enigmáticas y Dioniso elige a Esquilo como representante del viejo espíritu ateniense, quedando Sófocles como rey de los tragediógrafos en el Hades.







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Aristófanes – LA TESMOFORIAS

El nombre de esta obra encuentra su causa en la celebración de las Tesmoforias, es decir las divinidades Demeter y Perséfone, o portadoras del Thesmoí, las normas no escritas que regían las relaciones entre los hombres antes de la codificación de las leyes. Eran estas las diosas sobre las que juraban las mujeres atenienses, y a sus fiestas eran a las únicas a las que se les permitía asistir. Las Tesmoforias fue representada por primera vez en el 411 a. C., probablemente durante las Grandes Dionisias, festivales en honor del dios Dioniso que incluían representaciones dramáticas.

El argumento de la obra es el siguiente: Las mujeres están a punto de celebrar su fiesta exclusiva, las Tesmoforías (de las que los hombres están excluidos). Eurípides ha oído que las mujeres tienen intención de tramar su muerte, ya que éste, con sus descripcIónes de legendarias mujeres malvadas, ha dado mala fama a todas las mujeres. Llevando consigo un pariente anciano, intenta persuadir al afeminado poeta trágico Agatón para que se disfrace de mujer, presencie los ritos y abogue por la causa de Eurípides. Agatón rehúsa, después de lo cual el anciano se ofrece para ir en su lugar. Se le afeita y viste de modo conveniente, y se marcha a la fiesta, una vez que ha hecho jurar a Eurípides acudir en su ayuda si ocurre algún percance. Las mujeres se congregan y pronuncian discursos contra Eurípides. El viejo le defiende diciendo que serían mucho peores los cargos que él podía presentar en realidad contra las mujeres. La indignación general que provoca se ve interrumpida por la llegada de Clístenes (famoso por su afeminamiento) con la noticia de que un hombre ha entrado en la fiesta disfrazado. Comienza la búsqueda, se encuentra al anciano y se le pone bajo custodio. Imitando al héroe de la tragedia Palamedes (perdida en la actualidad) de Eurípides, el anciano escribe un mensaje en una tabla votiva del templo y la arroja fuera. Luego asume el papel de Helena, de la tragedia homónima de Eurípides y el propio Eurípides aparece como Menelao. Hay una escena de agnición (la única conservada de Aristófanes de la que poseemos el original), pero los guardias evitan que la pareja se reúna. Eurípides reaparece como Perseo y el anciano asume el papel de Andrómaca (de la tragedia homónima de Euripides) atada a una roca. Sin embargo el escita detiene el intento de rescate. Eurípides llega a un acuerdo con las mujeres: nunca más volverá a calumniarlas si dejan en libertad a su pariente. Ellas están de acuerdo, pero todavía se debe negociar con el escita, lo que se consigue con facilidad al serle prometida una bailarina. El anciano y Eurípides se escapan.







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Aristófanes – LISÍSTRATA

Lisístrata está convencida de que los hombres de Atenas son incapaces de acabar con la guerra que mantienen con Esparta, y es por ello que decide reunir a las mujeres de toda Grecia. Propone un plan que no puede fallar: no mantendrán relaciones sexuales con los hombres hasta que éstos no acaben con la guerra y llegue al fin la paz. En un principio las mujeres griegas no parecen aceptar el plan de Lisístrata, hasta que una espartana se une al plan y muestra que es posible su realización. Por otra parte, las mujeres viejas de Atenas se han hecho con el poder en la Acrópolis donde están los tesoros públicos, y han cortado el suministro económico a la guerra. La treta planeada por Lisístrata se pone en marcha y se siguen manifestaciones, alborotos... Hasta que un oráculo dice que las mujeres alcanzarán la victoria. Los hombres no pueden aguantar más, y firman la paz con los espartanos, un tanto precipitada, pero paz al fin y al cabo, y es más, la firman ante la misma Lisístrata.



¡Desternillante Paco León!


El pacifismo y Aristófanes son un pozo de sorpresas. Es ésta quizá la obra más "moderna" y admirada de cuantas escribió Aristófanes, y ello se debe a muchos factores, quizá el más evidente es que esta vez el elemento "maravilloso", los dioses o cualquier otra inverosimilitud de sus comedias, está totalmente ausente en Lisístrata, que es una comedia de tema lógico, perfectamente verosímil, y de una comicidad increíble. Los episodios cómicos son irrepetibles, sobre todo aquél en el que Mírrina intenta eludir los deseos de su esposo Cinesias. El lenguaje obsceno y la comicidad se entremezclan, un lenguaje fresco, vivo, siempre cómico. Finalmente los hombres firmarán la paz, por "necesidad" y un tanto precipitadamente, pero precisamente esta precipitación hará que a la hora de acordar la paz, se olviden en los documentos rencores pasados entre Atenas y Esparta. El coro final canta bellísimamente al espíritu de convivencia, un coro formado por hombres de Atenas y Esparta, por fin hermanados de nuevo gracias al "poder pacificador" de las "armas de mujer".





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Aristófanes – LAS AVES

Esta vez el tema escogido por Aristófanes es de pura fantasía. La comedia es la historia de un hombre cansado de los mortales que trata de fundar una ciudad a medio camino entre el hombre y los dioses, una completa utopía plagada de irrealidad.



En la pieza, Pistetero y Evélpides, ciudadanos de Atenas, cansados ya de la ciudad, deciden irse a la ciudad de los pájaros y fundar una ciudad en el aire. Las aves, coro de la comedia, en un principio son hostiles a la ciudad, pero el retórico y hábil Pistetero las convence y así se funda la ciudad de "Nefelocoquigia" (morada de las nubes y de los cuclillos). Pronto comienzan a llegar multitud de personajes "poco honrados" a los que Pistetero consigue echar de la nueva ciudad. Luego llegan para pedir la ciudadanía dioses del Olimpo que quedarán bajo el mandato del hábil ateniense Pistetero.


Extraído de THEATRON






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Aristófanes – LA PAZ

En La Paz, Triego, un campesino cansado de la larga guerra, cría un escarabajo gigante para que una vez que sea grande, pueda volar con él hacia la morada de los dioses y pedirles la paz. Pero los dioses se han cansado de las guerras de los hombres y se han ido del Olimpo, donde sólo ha quedado Pólemos (la Guerra) que ha encerrado a Irene (La Paz). Pólemos pretende destruir todas las ciudades griegas, así que Triego, junto con Hermes (Mercurio) intentan liberar a Irene de la caverna donde ha sido encerrada, y también intentan liberar a Opora (abundancia) y Teoría (El Placer de la Fiesta). En la liberación contribuyen además campesinos del Ática que conforman el coro de la comedia.

Aristófanes retoma el tema del pacifismo, en una comedia plagada de contradicciones y antítesis como es el realismo de los personajes humanos que, a su vez, realizan acciones tan disparatadas como alimentar un escarabajo gigante para volar hasta el Olimpo, o los personajes abstractos y dioses. El vuelo del escarabajo tiene connotaciones paródicas, ya que no es ni más ni menos que la parodia del "Belerofonte" de Eurípides donde el protagonista viajaba montado en un caballo alado hasta la morada de los dioses. Finalmente, destacar el carácter bucólico del final de la obra donde se elogia la vida campesina.


Extraído de THEATRON



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Aristófanes – LAS AVISPAS

El estado de la administración de la justicia en Atenas durante los primeros años de las guerras del Peloponeso era del todo lamentable. Así, conforme a la ley de Solón, los tribunales se habían convertido en refugio de muchos desamparados, y poco ilustrados, que encontraban de este modo un medio para subsistir conforme al estipendio que se recibía por sesión. No faltó, pues, el tiempo en que ante la incapacidad de los advenedizos la justicia fuera caldo de cultivo de sobornos, engaños, fraude, escándalo y desconcierto.

En Las Avispas, Aristófanes realiza una sátira sobre la justicia ateniense y sobre el estratega Cleón. En ella se nos muestra a dos personajes principales que representan padre e hijo llamados Bdelicleón (el hijo) y Filocleón (el padre). Aristófanes critica como los ciudadanos atenienses están obsesionados por ser jurados populares en los tribunales de Atenas. Bdelicleón representa al preocupado hijo que encierra a su padre en casa para que no asista a los juicios diarios en la ciudad, Filocleón representa al padre, que se sirve de diversas y divertidas artimañas para escapar de casa y huir con los que como él se pasan el día en los juzgados esperando a quién condenar. Las avispas representan el coro de amigos de Filocleón que le quieren ayudar a escapar para ir al alba a las puertas del tribunal, y que en la obra van disfrazados de avispas con aguijones simulando las metáfora de que son éstas las que trabajan frente a los jueces y políticos que se sirven de los ciudadanos para enriquecerse mientras que las pobres avispas reciben un mísero ébolo por sus servicios de jurado.




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Aristófanes – LAS NUBES

En Las Nubes, Estrepsíades, un campesino casado con una mujer de buena familia, está muy preocupado por las deudas que ha contraído a causa de la afición de su hijo, Fidípides, a las carreras de caballos. Estrepsíades sabe que Sócrates, vecino suyo, es capaz de argumentar cualquier cosa, y así Estrepsíades trata de aprender la técnica de Sócrates. Pero es incapaz, así que decide mandar a su hijo a la nueva escuela y cuando Fidípides sale de ella ha aprendido a ser capaz de rebatir y demostrar cualquier cosa, hasta lo más injustificable. Llega a apalear a su padre, encontrando después argumentos para justificar el hecho. Así que Estrepsíades comprende que la razón está de parte de la vieja educación, y enfurecido, quema la casa de Sócrates, a quien maldice. El coro está formado por mujeres vestidas de nubes.






El tema de la educación era bastante discutido en toda Grecia, pero Aristófanes, con su deformación grotesca de la realidad, "hará de las suyas". Esta vez le toca a Sócrates a quien Aristófanes deforma hasta el punto de convertirlo en un sofista, a él y a toda su escuela (¡precisamente a Sócrates, que tanto combatió el sofismo!). La comedia tiene aspectos increíbles en lo que se refiere a la disputa de argumentos, una auténtica parodia de los argumentos y método de Sócrates, sólo que Aristófanes se empeña —consecuente con su conversión de Sócrates en un sofista— en que siempre gane el argumento injusto. Finalmente, Aristófanes hace vencer el viejo sistema de educación y la fe en los dioses (en la comedia presenta a Sócrates como un ateo). Es muy curiosa esta actitud de Aristófanes para con Sócrates, sobre todo teniendo en cuenta que años más tarde Platón nos presentará al comediógrafo conversando amigablemente con Sócrates en su "Banquete".


Extraído de THEATRON











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Aristófanes – LOS CABALLEROS

Los Caballeros fue representada en las Leneas del año 424 a.C. La obra es un burla entera contra el demagogo Cleón, que aquí representado por Aristófanes como un esclavo que trabaja en casa del dios Demo (doble sentido entre el pueblo y el nombre del dios), y que ha obtenido grandes beneficios a cargo de éste.
Demos tiene dos servidores a los cuales tiraniza y maltrata Plaflagonio (Cleón), otro de sus esclavos, el cual, con artimañas y engaños, ha conseguido dominar la voluntad de su señor. Los dos maltratados esclavos convencen a un salchichero, aún peor que Plaflagonio, para que luche contra él por el favor y voluntad del señor, Demos. En la lucha dialéctica por dominar al señor, el salchichero demuestra con su incultura y su inmoralidad, que es el adecuado mientras un grupo de jóvenes aristócratas y caballeros le aplauden.
Esta comedia es de una dura crítica política y social. En primer lugar, Aristófanes pone en escena al pueblo: Demos significa pueblo, así que el señor dominado es el símbolo del pueblo mismo. Por otra parte, los dos esclavos de Demos salen a escena con las máscaras de los generales Demóstenes y Nicias, pero hay más, Plaflagonio es Cleón, el tirano de la democracia griega. Las alusiones son claras, y Aristófanes se esfuerza en demostrar los negocios sucios, la inmoralidad y la falsedad de quienes dominan a Demos. Aristófanes encuentra el bien del pueblo en un salchichero que le libra de Plaflagonio y que devuelve esplendor y juventud a Demos. El coro de los caballeros, que da pie al título de la comedia, son jóvenes hijos de la aristocracia que guardan en sí los ideales de unos tiempos mejores anteriores a Plaflagonio, de unos tiempos de democracia verdadera. Este coro representa las ideas de Aristófanes, su propia ideología.







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